¿Es válido pedirle a Dios que gane mi equipo de fútbol?

Sobre todo en las finales es común ver a aficionados rezando el rosario o clamando al cielo el triunfo de su equipo, pero, ¿Dios los escucha?
Aficionado rezando para que gane su equipo de fútbol
Aficionado rezando para que gane su equipo de fútbol

¿Es válido pedirle a Dios que gane mi equipo de fútbol? Ésta es una pregunta muy interesante, que parte del hecho de que solemos pedirle a Dios de todo y por todo, pues confiamos y sabemos que Él escucha nuestras súplicas y atiende nuestras necesidades; que nunca nos abandona y quiere siempre lo mejor para nosotros.

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Dios escucha a los dos rivales

A mí me gusta el fútbol y le voy a las Chivas del Guadalajara -perdón a los americanistas, nuestros “enemigos”-, pero prefiero no pedirle eso a Dios, pues soy consciente de que el resultado de un partido depende de los futbolistas, de su esfuerzo y entrega; depende también del trabajo en equipo, de las capacidades del cuerpo técnico, del estado anímico del club; en fin, de muchos factores.


Pero además, en este tema hay otro gran conflicto humano, muy humano y realista: los que pedimos por nuestro equipo somos católicos y confiamos en Dios, al igual que los aficionados de los otros equipos. Si gana mi equipo, me alegro; si pierde, me enojo y me pongo triste. ¿Acaso fue que Dios no escuchó mis súplicas o las de quienes no ganaron la competencia?

Todo equipo formado por personas busca competir y ganar, pero todos preferimos al nuestro. Sin embargo, en una competencia sólo pocos llegan a obtener el trofeo, un solo equipo.

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Los dichos nos ilustran

Hoy seré dicharachero: “Dios no cumple antojos ni endereza jorobados“.  Y es que Dios quiere el bien para todos, pero hay cosas y circunstancias que dependen de la respuesta libre del hombre y de sus esfuerzos; al aficionado le toca apoyar y no agredir al rival ni a los aficionados del otro equipo.

Siempre, en una competencia justa y deportiva, uno gana y otro pierde, no todos pueden ganar, sólo el que se esfuerza más y compite lealmente. El deporte es para convivir, no para dividir. Y aquí aplica otro dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando“.

El deporte es para crecer, para distraer y para unir; en la competencia se crece, aunque sea con la derrota.

Ahora, debemos entender la diferencia entre el deporte de convivio y relajación y el deporte profesional; sólo así podremos competir sabiendo que lo importante es divertirnos y seguir el fútbol profesional como un medio para ser mejores y superarnos, nunca para angustiarnos y generar choques y conflictos.

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¿Qué dice la Biblia?

San Pablo, en una de sus cartas, nos invita a ver el camino del hombre en la fe como una carrera, una competencia, todos compiten y se esfuerzan y sólo uno gana la corona, pero todos compiten y se reconoce no sólo al ganador, sino a todos que compiten: todos debemos llegar a la meta.

Incluso en el ámbito deportivo se insiste mucho en la importancia de competir y llegar a la meta, no en ser el primero llegar.

El Apóstol Santiago en su carta nos habla de descubrir la voluntad de Dios en cada día, sobre todo en el presente: “Por el contrario deben decir: Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o lo otro. Pero no se enorgullezcan de sus insolencias, sin darse cuenta de que tal actitud es reprochable”. (Sant 4, 15-16).

Nuestros mayores decían y dicen: “Si Dios quiere”… “Si Dios lo permite”… “Que se haga la voluntad de Dios”… Lo mismo que Jesús dijo en el Huerto de los Olivos al dirigirse al Padre: “que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

No nos enojemos ni peleemos: que gane el mejor o el que tuvo más suerte. Y menos nos enojemos con Dios si nuestro equipo hace mucho tiempo que no es campeón. Cuidado con el fanatismo inútil y violento. Unos y otros somos personas, todos somos hermanos.

La fe y la súplica a Dios es algo más sublime; Dios va a lo necesario y no se pierde ni nos pierde en lo superfluo.

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