¿Es correcto elevar las manos cuando se reza el Padre nuestro?

¿Es correcto elevar o tomarse de las manos cuando se reza el Padre nuestro en la Misa? Sigue habiendo mucha confusión en este tema.
Personas orando el Padre nuestro en la iglesia
Personas orando el Padre nuestro en la iglesia

¿Es correcto elevar las manos cuando se reza el Padrenuestro? Esta es una pregunta muy interesante, que ha generado mucha confusión entre los fieles. Y es que, a mi modo de ver, esto ya parece concurso de opinión. Vayamos por partes.

De entrada, la misma palabra “correcto” puede ayudarnos a clarificar o aumentarnos las dudas, ya que aquellos que queremos vivir mejor nuestra vida cristiana queremos ser correctos y “no regarla”, sobre todo en la Misa.

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¿Es malo elevar las manos en el Padre nuestro?

En cierta manera, la pregunta me crea conflicto. Me quedo pensando en qué es lo correctamente aceptable y qué no es correctamente aceptable en la Liturgia.

Adentrándome en el Misal Romano y su Instrucción General, me encuentro, incluso sorprendido, que dice: ‘El sacerdote, con las manos extendidas y a una con los demás concelebrantes, que también extienden las manos, y con el pueblo, dice la misma Oración dominical (Padre nuestro).

No voy a armar relajo ni polémica, pero no dice, no prohíbe al pueblo fiel que las alce, las eleve, las junte, o… Puedo decir que, si no está prohibido, está permitido.

Personalmente, no veo nada malo ni incorrecto que los fieles laicos eleven sus manos al recitar personal o comunitariamente el Padre nuestro. No hay que caer en maniqueísmos.

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Corregir lo que se tenga que corregir

Tenemos que vivir y aprender de nuestra historia y de la Tradición de la Iglesia, de aquello bueno que hemos hecho y que, incluso, nos fue enseñado. Sin duda, podemos tener gestos y actitudes erróneas que habrá que corregir en nuestras celebraciones. Pero para ello es necesario valorar y purificar los signos y gestos de la Liturgia que no es algo acabado, sino que siempre debemos ir respondiendo para ser más expresivos de aquello que hacemos.

Desde mi historia personal de fe y sacerdotal, descubro en mi memoria que me tocó vivir la Reforma Litúrgica cuando se estaba consolidando después del Concilio Vaticano II. Me tocó, ya clarificados, muchos conceptos de la Liturgia Conciliar como la celebración del Pueblo de Dios, donde todos somos partícipes, desde diversos ministerios, enriqueciendo todos la acción litúrgica, ya no tan centrada en el sacerdote presidente y cabeza, sino en la acción del Pueblo de Dios, la participación plena de los fieles.

Me tocó la influencia de la mal entendida y aplicada, a veces condenada y mal comprendida, Teología de la Liberación; me tocó la fuerte y alegre presencia de la “Renovación Carismática”, a veces algo exagerada en signos en la liturgia, pero siempre, como movimiento de Iglesia, llena de la fuerza del Espíritu Santo. Hubo que corregir errores, excesos y abusos, pues nunca hubo intención de coartar al Espíritu, sino de escuchar lo que el Espíritu inspira a su Iglesia.

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Conclusión

Si el signo de levantar las manos en el Padre nuestro, como un signo de súplica, rompe la comunión eclesial de la celebración comunitaria, entonces la autoridad de la Iglesia lo dirá, pero hasta el momento yo no he escuchado que esté prohibido por ser algo incorrecto.

Resumiendo, desde mi humilde experiencia de 33 años de sacerdote y de ser colaborador cercano en las celebraciones arzobispales, no veo que esté mal, ni que sea incorrecto elevar nuestra oración a Dios “imitando al sacerdote” con el gesto de elevar las manos, al recitar el Padre nuestro.

Recordemos, cada que asistimos a las celebraciones de los Sacramentos es para celebrar, no para criticar.

Los artículos de opinión son responsabilidad del autor.

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