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¿Emiliano Zapata salvó el Viacrucis de Iztapalapa?

La tradición cuenta que el mismo Zapata prestó sus caballos para la representación.
La relación de Emiliano Zapata con la Representación de la Semana Santa es una historia que se ha contado por generaciones. Foto: Mediateca INAH
La relación de Emiliano Zapata con la Representación de la Semana Santa es una historia que se ha contado por generaciones. Foto: Mediateca INAH

El Viacrucis de Iztapalapa es una de las tradiciones de piedad popular más importantes de México y una de sus particularidades es que nunca se ha suspendido desde su origen en 1843.

Ni siquiera en las épocas turbulentas de la Revolución Mexicana o de la persecución religiosa, aunque su continuidad sí corrió peligro en diversas ocasiones.

Una de las anécdotas más famosas ocurrió en la década de los diez, cuando Emiliano Zapata ordenó que se realizara la representación e incluso prestó algunos caballos.

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La tradición asegura que, estando en Santa María Aztahuacan -uno de los pueblos originarios de Iztapalapa-, el General preguntó a los habitantes cuál era su tradición más preciada. Los pobladores le hablaron de la Semana Santa, que en aquellos tiempos ya convocaba multidudes, aunque le explicaron que, por falta de recursos debido al conflicto, ese año corría el riesgo de no celebrarse.

Entonces, de acuerdo con la historia, Zapata proporcionó a los organizadores todo lo necesario para la representación, incluidos algunos caballos de su tropa.

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Pero, ¿esto en verdad ocurrió? En entrevista con Desde la fe, Silvia Zugarazo, cronista de Iztapalapa, explicó que no hay documentos históricos que lo confirmen, aunque la tradición oral asegura que así fue.

“En el caso de la Revolución, los habitantes señalan que el mismo Zapata prestó sus caballos para que se realizara, pero se trata de una cuestión de tradición oral. Habría que hacer una investigación más profunda al respecto, pero estas referencias han pasado de generación en generación y forman parte de la tradición oral”, dijo la especialista.

En aquel entonces, agrega, la representación de los pueblos originarios ya era una añeja tradición que convocaba a multitudes.

“Desde siempre, de acuerdo a las crónicas que hay de 1920 y antes, ya se hablaba de que atraía a muchísima gente de la Ciudad de México. Siempre ha sido una tradición muy numerosa”.

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