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El Papa, ¿líder religioso o Jefe de Estado?

El Papa es un líder religioso, pero también Jefe de Estado. Te explicamos por qué.
El Papa Francisco. Foto: Vatican Media
El Papa Francisco. Foto: Vatican Media

El Papa es, en primer lugar, el máximo líder de la Iglesia Católica. Su principal misión, la que Nuestro Señor Jesucristo le encomendó, es la de enseñar la verdad revelada por Dios y mostrarla a los hombres, así como gobernar la Iglesia para la unidad y bien de la misma.

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Esa misión la realiza desde su Sede Apostólica, mejor conocida como Santa Sede, término con el que se suele referir al gobierno central de la Iglesia Católica. La Santa Sede, a su vez, se encuentra dentro de un pequeño Estado, llamado Vaticano, cuya autoridad suprema también es el Romano Pontífice. El Papa es entonces, un líder religioso, pero también Jefe de Estado.

La necesidad del Estado Vaticano

El Estado Vaticano fue creado en 1929, gracias al Tratado de Letrán, que negoció el Papa Pío XI y Benito Mussolini, con la finalidad de que la Santa Sede no estuviera sometida más a la soberanía italiana, sino que fuera independiente y el Papa pudiera llevar a cabo su misión como líder religioso de la Iglesia Católica. Las palabras del Papa Pío XI tras la firma del tratado son muy ilustrativas: “A todos quedará claro que el Soberano Pontífice no posee más que esta porción de territorio material, indispensable para el ejercicio de un poder espiritual confiado a los hombres para el beneficio de los hombres”.

Pequeño, pero muy significativo 

Tal como aparece en el Tratado de Letrán, el territorio del Estado Vaticano es muy pequeño, pues abarca sólo 44 hectáreas y una población aproximada a los mil habitantes; tan sólo la Basílica y la Plaza de San Pedro ocupan un 20 por ciento del territorio. Sin embargo, este minúsculo territorio adquiere un valor simbólico excepcional. La soberanía internacional que adquiere como Estado, libera al Papa de la más mínima injerencia de autoridades externas y extranjeras, garantizándole la independencia en el ejercicio de sus elevadas funciones espirituales.

Dos administraciones diferentes

Si bien el Papa es cabeza tanto de la Santa Sede como del Estado Vaticano, desde la firma del Tratado de Letrán, el Papa Pío XI determinó que ambas tuvieran sus propios fines y administraciones:

1. La Santa Sede. Está constituida por un conjunto de congregaciones, tribunales y oficios por medio de los cuales el Sumo Pontífice despacha los asuntos de la Iglesia Universal. A este conjunto de organismos se les conoce como Curia Romana, que es el fruto de creaciones y reestructuraciones llevadas a cabo por algunos papas preocupados por tener a su disposición los medios para hacer frente al crecimiento y diversificación de la Iglesia.

2. El Estado Vaticano. Su estructura es compleja, pero como cualquier Estado, tiene la característica de contar con un jefe supremo, una población permanente y un territorio definido. En el Vaticano, el Romano Pontífice es la autoridad máxima y ejerce los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo a través de distintos organismos.

Relación con otros países

La Secretaría de Estado de la Santa Sede juega un papel muy importante. Ésta es la encargada de la relación ordinaria con los obispos del mundo, con los representantes de la Santa Sede, los gobiernos civiles y sus embajadores, el clero y los fieles. Apoya a los diversos organismos de la Curia Roma, cuyos trabajos coordina, respetando su autonomía. Es a través de este organismo que el Estado Vaticano establece relaciones con otros Estados, participa en organismos internaciones y realiza negociaciones para la firma de convenios mundiales.