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¿Cómo se encontraron los restos y la tumba de san Pedro?

Las reliquias del primer Papa están en la Basílica vaticana, pero su búsqueda fue larga.
El Papa Francisco ante la tumba de san Pedro en el Vaticano. Foto: Vatican News.
El Papa Francisco ante la tumba de san Pedro en el Vaticano. Foto: Vatican News.

La búsqueda de las reliquias y la tumba de san Pedro fue una difícil encomienda del Papa Pío XII, quien en 1939 ordenó excavar el subsuelo del Altar Mayor de la Basílica vaticana, donde la tradición marcaba que fue enterrado el santo.

Sin embargo, tres décadas tuvieron que pasar para que Pablo VI, el 26 de junio de 1968, confirmará la identificación de los restos.

Hasta Pío XII, ningún Papa había ordenado búsqueda semejante, y si bien la tradición marcaba el lugar de su sepultura, por siglos diversos grupos cuestionaron la presencia y martirio de Pedro en Roma.

San Pedro fue el primer Papa de la historia. Foto: Fernando Nuñez/Cathopic.

San Pedro fue el primer Papa de la historia. Foto: Fernando Nuñez/Cathopic.

La muerte de san Pedro

La muerte de Pedro ocurrió durante la persecución que el emperador romano Nerón realizó contra de los cristianos. Su reinado fue considerado de terror por las múltiples barbaries y catástrofes ocurridas, entre ellas un incendio que arrasó a Roma en el año 64.

Nerón culpó a los cristianos de la catástrofe y muchos fueron perseguidos y asesinados. Pedro perdió la vida en el llamado Circo de Nerón, edificio de espectáculos públicos donde se realizaron ejecuciones.

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Lo sepultaron en una tumba poco profunda en el cementerio adjunto al circo. En secreto, los cristianos levantaron una simple capilla conocida como el Trofeo de Cayo. Todo esto en medio de las nueve persecuciones que padecieron.

La construcción de la Basílica de San Pedro.

En el siglo IV, una vez que en Roma ya se permitía la libertad de cultos, el emperador Constantino hizo construir la Basílica de San Pedro, justo en el lugar donde la tradición cristiana marcaba que había sido enterrado el santo.

La Iglesia permaneció sin cambios por dos siglos y ahí también fueron enterrados otros Papas y algunos notables cristianos, hombres y mujeres, pero al paso del tiempo el templo fue insuficiente y hubo adecuaciones, de modo que hacia el año 600 se construyó un nuevo altar mayor que dos veces cambió de lugar en el siguiente milenio.

La Basílica de San Pedro. Foto: Vatican Media

La Basílica de San Pedro. Foto: Vatican Media

La tumba parecía perdida, pero existía la referencia de que estaba en una zona subterránea pintada de rojo.

Una larga búsqueda

Con la autorización del Papa Pío XII, desde 1939 un equipo formado por 4 especialistas del Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana, comenzaron las excavaciones hacia el subsuelo del Altar Mayor, pues por tradición se sabía que allí fue sepultado San Pedro.

Los arqueólogos descubrieron sobre los cimientos y muros del subsuelo  pinturas al fresco, mosaicos, estatuas y más tumbas.  Se registraron 19 mausoleos, y a cada palada se retrocedía en el tiempo hasta llegar al año 40, cuando Calígula empezó a construir en la colina vaticana el circo que concluyó Nerón.

Como recuerdo más visible de este lugar estaba un gigantesco obelisco que estuvo junto al muro meridional de la primitiva basílica de San Pedro hasta 1586.

Mientras más avanzaban, aparecían entierros más antiguos y huesos que no pertenecían a una sola persona. Asimismo, hallaron una tumba directamente abajo del altar mayor y tenía todas las características de la tumba de Pedro.

Para 1950, Pío XII rompió el secreto de las excavaciones y en la Radio Vaticana informó de los hallazgos, confirmó el hallazgo de la tumba, pero no la certeza sobre las osamentas del apóstol.

En 1956, nuevos avances devolvieron las esperanzas de que se había encontrado la tumba de Pedro. Ocurrió con la llegada de la arqueóloga y epigrafista romana Margherita Guarducci, quien tuvo un papel protagonista en la identificación. 

Su labor fue analizar las inscripciones que los peregrinos cristianos habían dejado en la lápida sobre la tumba de Pedro, en ella descubrió la inscripción PE (Petrus Eni, Pedro está dentro).

Mientras ella interpretaba la inscripción, solicitó que se analizaran huesos que habían sido encontrados en un nicho, justo detrás de la inscripción.

Los huesos habían sido encontrado ahí diez años antes y guardados sin conocerse su procedencia. Los análisis de laboratorio mostraron que pertenecían a un hombre, de complexión robusta y edad avanzada.

Anuncio de la identificación

El anuncio del hallazgo no lo hizo Pío XII quien murió en 1958, sino Paulo VI el 26 de junio de 1968, después de que varios especialistas estudiaran científicamente los huesos encontrados, buscando las evidencias del género y corpulencia. El Pontífice declaró que la osamenta finalmente había sido identificada.

Paulo VI dispuso que se colocaran de manera visible en una urna, resguardada por un cristal, debajo del Altar Mayor, donde ahora se encuentran y reciben veneración.

Con información de Carlos Villa Roiz 

 

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