¿Cómo calmar la ansiedad? Este salmo es un remedio infalible

Los salmos son, ante todo, ¡oración!, pero también expresan las inquietudes, los desafíos y la búsqueda de nuevos caminos.
La Biblia nos puede acompañar en nuestra vida diaria. Foto: Freepik
La Biblia nos puede acompañar en nuestra vida diaria. Foto: Freepik

¿Cómo calmar la ansiedad? Cada vez son más las personas que padecen ansiedad. ¿Tienes miedo del futuro? o ¿hay una situación actual que consideras te sobrepasa?

El sacerdote católico Víctor Jiménez, de la Arquidiócesis Primada de México, nos ofrece este consejo: Cuando te sientas afectado por la ansiedad, lee el Salmo 31 (Señor, busco refugio en ti)

¿Conoces este salmo? Aquí lo compartimos completo, en la traducción de la Biblia Latinoamericana:


Salmo 31

Señor, busco refugio en ti

A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado: ¡tú que eres justo, ponme a salvo!
Inclina tu oído hacia mí, date prisa en liberarme.
Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve.
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges.
Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.
Aborreces a los que adoran ídolos vanos, pero yo confío en el Señor.
Gozaré y me alegraré de tu bondad porque has mirado mi aflicción y comprendido la angustia de mi alma;
no me dejaste en manos del enemigo, me has hecho caminar a campo abierto.

Ten piedad de mí, Señor, pues estoy angustiado; mis ojos languidecen de tristeza.
Mi vida se consume en la aflicción y mis años entre gemidos; mi fuerza desfallece entre tanto dolor y mis huesos se deshacen.
Mi enemigo se alegra, mis vecinos se horrorizan, y se espantan de mí mis conocidos: si me ven en la calle, se alejan de mí.
Se olvidaron de mí, como de un muerto, soy como un objeto inservible.

Oigo los cuchicheos de la gente, y se asoma el terror por todas partes. Se unieron todos en mi contra, tramaron arrebatarme la vida.
Pero yo, Señor, confío en ti, yo dije: Tú eres mi Dios.
Mi porvenir está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen.
Que sobre tu servidor brille tu rostro, sálvame por tu amor.
A ti clamé, Señor, no sea confundido; confundidos sean los impíos, lánzalos a la mansión del silencio.

Enmudece los labios embusteros, que hablan insolencias contra el justo con orgullo y desprecio.
Qué bondad tan grande, Señor, es la que reservas para los que te temen. Se la brindas a los que en ti esperan, a la vista de los hijos de los hombres.
En secreto, junto a ti los escondes, lejos de las intrigas de los hombres; los mantienes ocultos en tu carpa, y los guardas de las querellas.

Bendito sea el Señor, su gracia hizo maravillas para mí: Mi corazón es como una ciudad fuerte.
Yo decía en mi desconcierto: «Me ha arrojado de su presencia». Pero tú oías la voz de mi plegaria cuando clamaba a ti.
Amen al Señor todos sus fieles, pues él guarda a los que le son leales, pero les devolverá el doble a los soberbios.
Fortalezcan su corazón, sean valientes, todos los que esperan en el Señor.

¿Qué son los salmos?

En la Biblia hay 150 salmos, que nacieron a partir de la realidad cotidiana, de la experiencia de la vida gozada y sufrida.

Jorge Arévalo Nájera,  Director de la Dimensión de Biblia y Extensión Formativa de la Arquidiócesis Primada de México, explica que los salmos expresan la fe del pueblo judío.

“Los salmos son, ante todo, ¡oración!, pero también expresan las inquietudes, los desafíos y la búsqueda de nuevos caminos para el pueblo. Los Salmos son gritos de los pobres y de los sufrientes. En los Salmos se preserva y se celebra el rostro de un Dios cercano, aliado y solidario con todos los desvalidos de la tierra”.

“Entre otros temas, los salmos procuran responder a la pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida? Y apuntan cómo el pueblo de la Biblia encontró respuestas para el sentido de su historia personal y comunitaria y, al mismo tiempo, cómo el Dios de la Vida, se hizo presente en esta caminata”.

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