7 cantos para acompañar el Viacrucis: música y letra
Acompaña a Jesús en su Pasión con estos cantos que elevan el alma y profundizan la oración.
El Vía Crucis es mucho más que un recorrido de estaciones: es un camino de amor, entrega y redención que nos invita a acompañar a Jesús en su Pasión. En cada caída, en cada encuentro y en cada palabra, el Señor nos revela la profundidad de su misericordia.
La música, en este contexto, se convierte en una oración que nace del corazón. A través del canto, no solo meditamos los momentos del camino hacia la Cruz, sino que también nos unimos espiritualmente al sufrimiento y al amor de Cristo.
Por ello, te compartimos siete cantos —con su música y letra— que pueden ayudarte a vivir el Vía Crucis de una manera más profunda, recogida y llena de sentido.
Cantos para acompañar el rezo del Viacrucis
- Perdona a tu pueblo
- Perdón, oh Dios mío
- Pueblo mío
- Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza
- Stabat Mater (junto al pie de la Cruz Santa)
- Tarde de Viernes Santo
- Victoria, Tú reinarás
Perdona a tu pueblo
Perdona a tu pueblo, Señor
Perdona a tu pueblo, perdónalo Señor.
No estés eternamente enojado
no estés eternamente enojado,
perdónale Señor.
Por las espinas que te punzaron,
por los tres clavos que te clavaron,
perdónale Señor.
Por las tres horas de tu agonía
en que por madre viste a María,
perdónale Señor.
Por tus profundas llagas crueles,
por tus salivas y por tus hieles
¡Perdónale, Señor!
Por las heridas de pies y manos,
por los azotes tan inhumanos.
¡Perdónale, Señor!
Por los tres clavos que te clavaron,
y las espinas que te punzaron
¡Perdónale, Señor!
Por tu poder y amor inefable,
por tu misericordia entrañable,
perdónanos, Señor.
Somos el pueblo que has elegido,
y con tu sangre lo has redimido,
Perdónanos, Señor.
Reconocemos nuestro pecado,
que tantas veces has perdonado,
Perdónanos, Señor.
Dios de la fiel y eterna Alianza,
en ti ponemos nuestra esperanza.
Perdónanos, Señor.
Desde la cruz nos diste a tu Madre,
vuélvenos al abrazo del Padre.
Perdónanos, Señor.
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Perdón, oh Dios mío
Perdón, oh Dios mío.
Perdón e indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.
Pequé, ya mi alma
su culpa confiesa.
Mil veces me pesa
de tanta maldad,
de tanta maldad.
La gloria he perdido,
merezco el infierno;
¡Perdón! Padre Eterno,
Jesús, perdonad,
Jesús, perdonad.
Por mí en el Calvario
tu sangre vertiste;
en la Cruz estuviste
por mí hasta expirar,
por mí hasta expirar.
Mas ya arrepentido
te busco lloroso,
¡Oh Padre amoroso!
¡Oh Dios de bondad,
Oh Dios de bondad!
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Pueblo mío
Pueblo mío, ¿Qué te he hecho?
¿En qué te he ofendido? Respóndeme (2 v)
Yo te saqué de Egipto,
y por cuarenta años
te guié en el desierto,
tú hiciste una cruz
para tu Salvador.
Yo te libré del mar,
te di a beber el agua
que manaba de la roca,
tú hiciste una cruz
para tu Salvador.
Yo te llevé a tu tierra,
por ti vencí a los reyes
de los pueblos cananeos,
tú hiciste una cruz
para tu Salvador.
Yo te hice poderoso,
estando yo a tu lado
derroté a tus enemigos,
tú hiciste una cruz
para tu Salvador.
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Oh, Cruz fiel, árbol único en nobleza
¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.
Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.
Y así dijo el Señor: “¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!”
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.
Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.
Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria.
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Stabat Mater (Junto al pie de la Cruz Santa)
Junto al pie de la Cruz Santa
que del Hijo el cuerpo aguanta,
con dolor su Madre está.
¿Qué pesar se igualaría
a la pena de María
al mirarle agonizar?
En supremo sacrificio
participa del suplicio
y la angustia de Jesús.
A su vista lo azotaron
y con saña se mofaron
del que diose por amor.
Velo ahora cómo expira
y le escucha cual suspira:
“¡Padre, todo se cumplió!”
Por tu corazón que llora
en el nuestro haz tú, Señora,
el amor a Dios crecer.
Y el dolor por el pecado
que en la Cruz habrá clavado
a quien inocente fue.
Las angustias que sufría
Cristo en cruz, ¿quién osaría
con su Madre compartir?
Cuando llegue nuestra hora,
sé tú nuestra valedora
y el Señor tendrá piedad.
Y en el día del juicio
séanos tu amor propicio
y no habremos de temer.
¡Oh, Jesús, consuelo y guía,
ilumina, con María,
nuestra senda terrenal!
Amén.
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Tarde de Viernes Santo
Tarde de viernes santo,
Ha muerto ya Jesús.
Tarde de pena y llanto
que destrozó una cruz.
Miras al hijo muerto,
me miras luego a mí.
Tú me lo diste vida,
yo te lo doy así.
¿Quién te cargo un madero?
¿Quién te obligó a subir?
¿Quién te clavo, Cordero?
¡Te condené a morir!
Miras al hijo muerto,
me miras luego a mí.
Tú me lo diste vida,
yo te lo doy así.
Aunque tú alma llora,
llora junto a la cruz.
En tu dolor, Señora,
hoy nos has dado a luz.
Miras al hijo muerto,
me miras luego a mí.
Tú me lo diste vida,
yo te lo doy así.
Tarde de viernes santo,
Ha muerto ya Jesús.
Tarde de pena y llanto
que destrozó una cruz.
Miras al hijo muerto,
me miras luego a mí.
Tú me lo diste vida,
yo te lo doy así.
Victoria, Tú reinarás
Victoria, Tú reinarás
Oh, cruz, Tú nos salvarás (2 v)
El verbo en Ti clavado
muriendo nos rescató.
De Ti Madero santo
nos viene la redención.
Extiende por el mundo
tu Reino de salvación
Oh cruz fecunda fuente
de vida y bendición.
Impere sobre el odio
tu Reino de caridad.
Alcancen las naciones
el gozo de la unidad
Aumenta en nuestras almas
tu Reino de santidad
El río de la gracia
apague la iniquidad.
La gloria por los siglos
A Cristo libertador.
Su cruz nos lleva al cielo
la tierra de promisión.








