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Los 7 dolores de la Virgen en la pandemia de COVID-19

Relacionemos los dolores de María, con lo que está padeciendo la humanidad y encomendémoslo a su compasiva intercesión maternal.
Virgen de los Dolores
Virgen de los Dolores

El 15 de septiembre la Iglesia venera a María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, conocida también como Virgen Dolorosa o Madre Dolorosa, y recuerda en especial siete de los dolores que Ella sufrió durante Su vida.

María pidió rezar diariamente siete Ave Marías mientras se medita en sus dolores. A santa Brígida le dijo, en una revelación privada, que concedería por ello muchas gracias.

Acojamos esta bella devoción. Y en este tiempo de pandemia, relacionemos los dolores de la Virgen María, con lo que está padeciendo la humanidad y encomendémoslo a su compasiva intercesión maternal.

Virgen de los Dolores. Infografía DLF

Virgen de los Dolores. Infografía DLF

1. La profecía de Simeón (ver Lc 2, 22-35)

María, Madre Dolorosa: A Ti que, llevando en brazos al Niño Jesús, te anunció Simeón que una espada te atravesaría el alma, y supiste asumirlo con serenidad y absoluta confianza en el Señor, ruega por quienes en esta pandemia han recibido algún anuncio devastador: sobre su salud o la de sus seres queridos, la pérdida de ingresos, el fin de sus planes y proyectos. Que no desesperen, que pongan su seguridad en Dios y sepan que todo lo permite por algo y les ayudará a superarlo. (Ave María).

2. La huida a Egipto (ver Mt 2, 13-15)

María, Madre Dolorosa: Tú, que sabes lo que es quedar repentinamente separado de los seres queridos, no saber cuándo podrá volver a verlos, y estar rodeado de extraños, ruega por quienes están aislados: en los hospitales, en los asilos, en sus hogares, sin ver a sus seres queridos. Pide especialmente por los ancianitos, que no han visto desde hace meses a sus hijos y nietos. Que no se sientan solos, que perciban que junto a ellos están siempre Jesús y Tú, y se sientan acompañados y confortados. (Ave María).

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3. El Niño perdido y hallado en el Templo (ver Lc 2, 41-50)

María, Madre Dolorosa: A Ti, que te angustiaste cuando pensaste haber perdido a tu Hijo, hasta que lo hallaste en el Templo, ruega por nosotros, tus otros hijos, para que no nos perdamos. En especial ruega por los que desde hace meses no han podido asistir a Misa, ni confesarse, ni comulgar. Que no se acostumbren, que no se vuelvan fríos o indiferentes; que no olviden de que el Señor los espera con los brazos abiertos, y que nunca será igual verlo en pantalla que tener con Él un encuentro personal. (Ave María).

4. Jesús camino al Calvario (ver Jn 19, 16-17)

María, Madre Dolorosa: Tú que con amor y fortaleza acompañaste a Jesús, que flagelado, coronado de espinas, escupido y golpeado cargaba con Su cruz, ruega por quienes acompañan y atienden a los enfermos en esta pandemia. En especial pide por el personal de salud y los miembros de la Iglesia que superando el temor y el riego de contagio, han hecho esfuerzos heroicos para ayudarlos. (Ave María).

Jesús carga la cruz camino del Calvario

Jesús carga la cruz camino del Calvario

5. María al pie de la cruz de Jesús (ver Jn 19, 25-30)

María, Madre Dolorosa: Tú que presenciaste la agonía y muerte de Tu Hijo, ruega por quienes han fallecido y por quienes van a fallecer; en especial por quienes no tuvieron oportunidad de recibir auxilio espiritual. Encomiéndalos a la misericordia del Señor, pídele que de sus almas tenga piedad. (Ave María)

6. El cuerpo sin vida de Jesús, es bajado de la cruz (ver Jn 19, 38))

María, Madre Dolorosa: Tú que sufriste el dolor de ver morir a tu Hijo y recibir Su cuerpo inerte en tu regazo, ruega por todos los que están en duelo, en especial por quienes han perdido seres queridos. Sostenlos en su dolor y alienta su esperanza de poder reencontrarlos en el Cielo. (Ave María)

7. Jesús es dejado en el sepulcro (ver Jn 19, 40-42)

María, Madre Dolorosa: Tú Hijo penetró hasta lo más hondo de las realidades más oscuras del ser humano, para redimirlas, para rescatarnos de ellas. Padeció y murió para librarnos del pecado y de la muerte, pero no se quedó muerto. Resucitó. Y nos invita a pasar la eternidad con Él. Ruega por nosotros, para que comprendamos que lo que estamos viviendo, sea feliz o doloroso, es temporal, que somos peregrinos; que vamos de camino a la patria celestial. (Ave María)

 

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