Sabías que

Así es como el mal logra que los fieles se enojen con Dios

La vejación es una de las acciones extraordinarias del demonio menos graves, pero es la más común.
El mal puede manifestarse en nuestra vida de formas no tan agresivas.
Foto: Archivo

Una mujer que, con mucho esfuerzo, había logrado consolidar una tienda, comenzó a dejar de vender alcohol, pues había escuchado del sacerdote el daño que éste estaba causando en la comunidad. Casi inmediatamente empezó a sufrir una persecución en su familia y contra su negocio. El problema no fue que la gente ya no le comprara, sino que empezó a sufrir un boicot que casi la llevó a la quiebra. Al sacerdote que fue testigo de este hecho, le quedó claro que más que una consecuencia por haber dejado de vender bebidas embriagantes, se trataba de una vejación del demonio, porque la mujer había renunciando a seguir poniendo las condiciones para que las familias se siguieran destruyendo.

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En el ámbito de la Pastoral de Liberación, la palabra vejación se refiere a una acechanza del espíritu del mal con respecto a los fieles. Es una de las acciones extraordinarias del demonio menos graves, en el sentido de que no es tan fuerte, pero es de las más comunes

El padre Medel, asesor del Colegio de Exorcistas, explica que las vejaciones suelen presentarse a manera de situaciones difíciles que no son consecuencias del mal que cada persona comete, sino que son motivadas por el espíritu del mal para tentar a una personas a sentirse decepcionada de Dios y alejarse de Él, e incluso, a tener sentimientos de fracaso, depresión o angustia. 

–¿Por qué Dios permite la vejación?

–Nada sucede sin el permiso de Dios, incluso, la acción del demonio. Por lo tanto, Dios permite que el demonio llegue a vejar a una persona, pero es para que ésta crezca en su fe.

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La obsesión demoniaca

Otro término utilizado por los exorcistas es la obsesión, que es una acechanza del demonio, pero mucho más fuerte que una simple vejación, pues es duradera y muy violenta, de tal manera que a la persona le cuesta trabajo liberarse.

En ambos casos, no se requiere un exorcismo, sino de una oración de liberación que cualquier sacerdote puede hacer; sin embargo –precisa el padre– no se debe pensar que la oración de liberación es una especie de oración mágica.

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“La eficacia de la oración de liberación está en la gracia; es decir, lo primero que se requiere es que la persona esté en estado de gracia, que frecuente los sacramentos de Reconciliación y Eucaristía, y que lleve una vida de oración, porque eso hace crecer en la fe del poder de Dios”. 

El sacerdote advierte que la vejación y la obsesión la pueden sufrir tanto quienes llevan una vida de santidad –porque el demonio quiere que se pierdan– como quienes, por su conducta permisiosa, le han abierto las puertas. Una vez liberados, el camino en ambos casos es el mismo: continuar fomentando la gracia, que es la defensa ordinaria, natural e indispensable que Dios nos dio desde nuestro Bautismo para luchar contra cualquier acechanza del espíritu del mal.

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