4 pasajes de la Biblia que hacen referencia a la enfermería

La enfermería es uno de los caminos que Jesús marca como una vía directa de santidad
Muchas congregaciones religiosas se dedican a la enfermería.
Muchas congregaciones religiosas se dedican a la enfermería.

La virtud que trae consigo la enfermería es dibujada en la Biblia, por ejemplo, en el pasaje del Buen Samaritano (Lucas 10; 29-37), cuando Jesús trata de ilustrar la piedad y la misericordia con el prójimo, al señalar que el Buen Samaritano “vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino, y lo llevó a una posada y cuidó de él.”

En las Sagradas Escrituras, hay varios pasajes dedicados a la salud de los enfermos, como en el Libro de los Reyes (20; 5) “Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganles: el Reino de Dios ya está cerca”; o en Mateo (10;8) “Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios.”

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Otras frases citadas por la Biblia reflejan la preocupación de Jesús por sanar a los enfermos, como en Marcos (10;52) “Puedes irte –le dijo Jesús- tu fe te ha sanado. Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.”

La enfermería, pues, es uno de los caminos que Jesús marca como una vía directa de santidad y que debe ser reconocida como una de las principales profesiones que emergen por vocación franca de la propia sociedad. 

Las enfermeras en la historia

Desde tiempos prehispánicos, las personas encargadas de la salud de la gente tenían un lugar de privilegio en la sociedad, y en el caso de las mujeres, su prestigio las llevaba al grado de ser sacerdotisas, y eran designadas con el nombre de Tlamaquiticitl; en su actividad cotidiana, realizaban visitas periódicas a los hogares de las ciudades, lo que además les permitía darse cuenta de las necesidades de las familias y actuar en consecuencia.

Ellas ejercían influencia sobre los rituales de la salud, orientaban a las mujeres sobre aspectos de higiene y cuidados durante los embarazos y se preocupaban de la buena formación de los fetos, y los cuidados de los recién nacidos; el saneamiento de las viviendas, y como también tenían conocimiento sobre la medicina herbolaria, podían abordar temas sobre medicina, para lo cual presentaban exámenes que las calificaban con anterioridad.

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Fray Bernardino de Sahagún comentaba que estas mujeres eran tan apreciadas que llegaban a formar parte de las familias que atendían, y de manera recíproca, los pacientes también velaban por el bienestar de ellas.

Fue en tiempos de la colonia cuando empezó la enfermería entre las 9 mujeres que acompañaron a Hernán Cortés, destacando Isabel Rodríguez de quien Bernal Díaz del Castillo y otros historiadores como Clavijero y Orozco y Berra señalaron: “ella inauguró la práctica médico militar durante ese período”, y también fue mencionada Beatriz Palacios, de quien el cronista Cervantes de Salazar menciona: “Hacía las guardias de heridos”.

Con la llegada de las órdenes religiosas, Hipólitos, Juaninos, Mercedarios, Antonios y Betlemitas, especializados en atender enfermos, las mujeres ocuparon parte importante en este ramo de la medicina, recibiendo el justo homenaje que siempre han merecido.