San Luis María Grignion de Montfort: el “esclavo” de la devoción a la Virgen María
La vida de San Luis María Grignion de Montfort es un testimonio de amor profundo a la Virgen María. Su enseñanza sigue invitando a los fieles a acercarse a Cristo a través de la consagración y la confianza en su Madre.
La Iglesia celebra el 28 de abril a San Luis María Grignion de Montfort, ampliamente reconocido por su profunda devoción mariana, difundida especialmente a través de su obra La verdadera devoción a la Santísima Virgen. Este libro, escrito en francés, permaneció oculto durante más de 130 años y no fue publicado sino hasta el siglo XIX.
Nacido en 1673 en el seno de una familia donde su padre era abogado, desde pequeño destacó por su piedad y por su amor al rezo del santo rosario.
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¿Quién fue San Luis María Grignion de Montfort?
San Luis María estudió con los jesuitas en Rennes y posteriormente ingresó al seminario en París. Gracias a su labor como bibliotecario, desarrolló un profundo gusto por la lectura y la formación intelectual.
Fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1700, año jubilar. Durante sus primeros años de ministerio, se dedicó como capellán al cuidado de enfermos y pobres, mostrando una especial cercanía con los más necesitados.
Predicó en el oeste de Francia, una región marcada por tensiones y violencia religiosa tras la expulsión de los hugonotes. Su labor pastoral se caracterizó por el celo misionero y la claridad en la enseñanza.
Además, perteneció a la Tercera Orden de Santo Domingo y fue reconocido como un destacado teólogo. En Roma, conoció al papa Clemente XI, quien lo nombró misionero apostólico en Francia.
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Fundaciones, espiritualidad y legado
San Luis María fue fundador de dos importantes congregaciones: para mujeres, la Compañía de María Montfortiana de las Hijas de la Sabiduría, y para varones, la Compañía de María.
Falleció el 28 de abril de 1716. Fue beatificado por el papa León XIII en 1888 y canonizado por Pío XII en 1947. Posteriormente, Juan Pablo II abrió la causa para declararlo Doctor de la Iglesia.
En el arte sacro suele representarse como sacerdote, con un crucifijo y acompañado de una imagen de la Virgen María.
Para Montfort, María es la mejor intercesora de la humanidad ante su Hijo Jesús, como lo muestra el episodio de las Bodas de Caná. Por ello, promovió con fuerza la consagración a los corazones de Jesús y María, así como el rezo frecuente del santo rosario.


