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San Juan de Dios: el santo que defendió a los enfermos mentales y cambió la historia de los hospitales

Mucho antes de la psicología moderna, un santo recogía a enfermos mentales de la calle y les devolvía su dignidad. Esta es la historia de San Juan de Dios.

18 mayo, 2026
San Juan de Dios: el santo que defendió a los enfermos mentales y cambió la historia de los hospitales
Cuando nadie se acercaba, San Juan de Dios cargaba a los enfermos y les devolvía su dignidad. Foto: Desde la fe IA
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En el Día del Psicólogo, la figura de San Juan de Dios cobra una fuerza especial. En pleno siglo XVI, cuando los enfermos mentales eran rechazados o maltratados, él los acogió, los cuidó y transformó la manera de entender la enfermedad con dignidad, compasión y atención integral.

La noche era fría y la lluvia caía sin tregua sobre las calles de Granada en España. Entre el lodo y la penumbra, un hombre yacía tirado, temblando, desorientado, hablando solo. Nadie se acercaba. Algunos lo miraban con miedo; otros, simplemente, lo esquivaban.

Entonces apareció Juan. Se inclinó, lo cubrió como pudo y, sin hacer preguntas, lo cargó y se lo llevó. No era la primera vez. Tampoco sería la última. Para san Juan de Dios, aquel hombre no era un problema, para él representaba el Cristo sufriente.

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Mucho antes de la psicología, ya entendía el alma herida

Su figura adquiere una relevancia particular en este día, pues siglos antes de que existieran diagnósticos clínicos o terapias estructuradas, San Juan de Dios comprendió una verdad profundamente humana, quien sufre en su mente y en su corazón no necesita rechazo, sino cuidado, dignidad y compañía.

Su historia no comenzó en un hospital, sino en una conversión. Juan de Dios, nacido en 1495 en Toledo, su vida dio un giro radical tras escuchar predicar a San Juan de Ávila. Aquellas palabras lo confrontaron de tal manera que tomó una decisión inusual: quería experimentar en carne propia el trato que recibían los enfermos mentales.

Se hizo pasar por uno de ellos y fue internado. Lo que encontró fue brutal, pues existían golpes, abandono, incomprensión. Los pacientes no eran vistos como personas, sino como cargas o peligros. Esa experiencia no lo destruyó, le dio una misión.

De la compasión a la acción: recoger a los que nadie quería

Al salir, Juan comenzó a recorrer las calles de Granada en busca de quienes habían sido descartados. Enfermos, pobres, personas con trastornos mentales, heridos, ancianos… muchos habían sido abandonados incluso por sus propias familias.

Él hacía lo impensable, los llevaba a su casa. Ahí los alimentaba, los limpiaba, los escuchaba; les devolvía su dignidad, algo que habían perdido. Su forma de actuar rompía con la lógica de su tiempo; donde otros veían suciedad o peligro, él veía personas. 

Un revolucionario silencioso: así nació el hospital moderno

Pero san Juan de Dios no se quedó en la ayuda inmediata, organizó la caridad. En la ciudad de Granada, en España, donde los hospitales estaban saturados y carecían de condiciones dignas, comenzó a estructurar espacios de atención más humanos y eficientes.

Ahí impulsó cambios concretos:

  • Clasificó a los enfermos según sus padecimientos
  • Separó a hombres y mujeres
  • Promovió la participación de médicos, enfermeros y voluntarios
  • Integró atención corporal, emocional y espiritual

Sin saberlo, estaba sentando las bases de un modelo que hoy resulta evidente: la atención integral del paciente. Su obra creció rápidamente y dio origen a la Orden Hospitalaria, aprobada en 1571 por el Papa San Pío V. Por eso, no sólo es recordado como santo, sino como precursor del hospital moderno.

La dignidad de los enfermos mentales: una intuición adelantada siglos

En el siglo XVI, los enfermos mentales eran frecuentemente encadenados, ocultados o abandonados. San Juan de Dios hizo exactamente lo contrario; sin teorías psicológicas, pero con una profunda intuición cristiana, entendió que el sufrimiento interior requiere paciencia, cercanía y misericordia.

Hoy, su testimonio dialoga directamente con los desafíos actuales de la salud mental:
la depresión, la ansiedad, el trauma y la soledad. Su vida recuerda que no hay sanación sin dignidad.

Caridad hasta el extremo: una vida entregada sin reservas

Su amor por los enfermos fue concreto y arriesgado. Durante el incendio del Hospital Real de Granada, entró varias veces al edificio en llamas para rescatar a los pacientes.

Años después, en el invierno de 1549, se lanzó al río Genil para salvar a un joven que se ahogaba. Ese acto deterioró su salud y desencadenó la enfermedad que lo llevaría a la muerte.

Aun así, desde su lecho seguía pendiente de los demás, pedía que a nadie le faltara atención. Para él, los pobres eran el corazón de todo. Cuando le sugirieron expulsar a algunos enfermos problemáticos, respondió con humildad: el único indigno era él; los pobres siempre debían quedarse.

Murió el 8 de marzo de 1550, arrodillado, abrazado a un crucifijo, diciendo: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo“.

Oración a San Juan de Dios por quienes sufren depresión o angustia

San Juan de Dios,
bondadoso benefactor,
insigne de los enfermos,
los deshauciados y abandonados,
de los que sufren depresión, angustia o ansiedad.

De los traumatizados, de las víctimas de abusos
y de toda persona desamparada
o en dificultad,
te suplicamos de todo corazón,
y por la poderosa ayuda divina
que tú recibiste de tu protector
el arcángel san Rafael,
que nos des tu asistencia
e intercedas por nosotros
en nuestras necesidades corporales,
espirituales y materiales:
(pedir lo que se necesita)

No nos niegues la ayuda
que con fe te pedimos,
mira nuestras carencias,
nuestros agobios,
tiende tu generosa mano
y danos tu auxilio,
danos las bendiciones
que tanto precisamos
para solucionar nuestros problemas.

Pide por nosotros
al Señor de la Misericordia
y consigue que
seamos escuchados y atendidos.

Asimismo, te pido que me hagas partícipe
del conocimiento de Dios,
para que conociéndolo
Le amemos, Le sirvamos y Le adoremos,
porque no hay mayor pobreza
que el desconocimiento de Dios,
y libres ya de esta pobreza espiritual,
seamos dorados de obras
espirituales y materiales
para de esta manera,
vencer los obstáculos
de la vida presente
y también seamos dignos
de las glorias
y maravillas celestiales.

Te lo pedimos
por Jesucristo Nuestro Señor,
Nuestro Salvador,

Amén.

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Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.