Mujeres para la paz

Leer más

La apuesta de la Universidad Lumen Gentium frente a una generación con ansiedad e IA

Ansiedad, tecnología y cambios en la educación marcan a jóvenes en México que enfrentan algo más que decisiones académicas: la dificultad de entender para qué estudiar en un mundo lleno de respuestas inmediatas.

22 mayo, 2026
La apuesta de la Universidad Lumen Gentium frente a una generación con ansiedad e IA
La institución integra carreras como Psicología desde una perspectiva de humanismo cristiano. Foto: Especial
Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega Desde la Fe en

En el salón, nadie está completamente desconectado. Aunque el profesor habla al frente, varios alumnos tienen la mirada dividida entre el cuaderno y la pantalla; algunos toman notas, otros, discretamente, consultan respuestas que no vienen del libro, sino de una inteligencia artificial y la escena se repite en cada salón de clases.

Sin embargo, para quienes enseñan hoy esa imagen encierra algo más que un cambio de hábitos, porque plantea una pregunta importante: ¿Cómo formar a una generación que parece tener todas las respuestas al alcance, pero cada vez más dudas sobre el sentido de lo que hace?

La realidad en la que vivimos está marcada por la inmediatez, la sobreinformación y una sensación creciente de ansiedad; asimismo, la educación ya no se limita a transmitir conocimientos, se enfrenta al reto de dar otro significado al aprendizaje y es ahí donde distintas instituciones, como la Universidad Lumen Gentium, intentan plantear una respuesta.

La Universidad Lumen Gentium toma su nombre de la expresión latina lumen gentium, “luz de las naciones”. Foto: Luis Aldana/APM

Una universidad que nace de una misión

Fundada a inicios de los años 2000 por el entonces Arzobispo Norberto Rivera Carrera, la Universidad Lumen Gentium toma su nombre de la expresión latina lumen gentium, “luz de las naciones”.

No obstante, su origen no está en un proyecto universitario convencional, sino en la formación sacerdotal. Durante años, el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos reunió a seminaristas y especialistas en filosofía y teología, hasta que ese modelo evolucionó hacia una oferta académica más amplia.

Hoy, además de esas disciplinas, la institución integra carreras como Psicología desde una perspectiva de humanismo cristiano. Más que ampliar su oferta académica, la apuesta ha sido que la educación no se limite a transmitir conocimientos, sino a formar personas.

Los retos: educación y propósito en la vida

Para el Pbro. Dr. Mario Ángel Flores Ramos, Rector de la Universidad Lumen Gentium, esa pregunta atraviesa hoy toda experiencia educativa. Advierte que el problema central de los jóvenes actuales, no es únicamente académico, sino existencial: una ruptura entre la fe, la cultura y la vida cotidiana.

“Hay ansiedad, vacío, pérdida de propósito”, señala, como síntoma de un cambio más profundo: una generación con más herramientas que nunca, pero con menos certezas sobre cómo usarlas o para qué.

En su diagnóstico, el problema no está solo en la tecnología, sino en lo que se ha debilitado alrededor de ella, comenzando por la familia, la comunidad y las creencias. “El mundo se ha ensanchado inmensamente, pero no necesariamente ha traído claridad. Más bien, ha generado confusión”, explica.

Frente a ello, la propuesta de la Lumen busca volver a poner a la persona en el centro y recuperar preguntas fundamentales: ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿hacia dónde voy?

Padre Mario Ángel Flores
“La tecnología se hizo para el hombre, no el hombre para la tecnología”: el Rector de la Universidad Lumen Gentium advierte sobre el reto de educar a jóvenes en un entorno dominado por la inteligencia artificial y la falta de sentido. Foto: Luis Aldana/DLF-APM

Tecnología: herramienta o sustituto del pensamiento

Sin embargo, ese intento recuperar el sentido no ocurre solamente en el plano de las ideas, se juega también en el aula, pues es ahí donde la teoría se encuentra con la práctica y los cambios generacionales se vuelven más evidentes.

Por ejemplo, en la Facultad de Filosofía, el uso de inteligencia artificial ya forma parte de la dinámica cotidiana, pero no como excepción, sino como punto de partida.

Para Emanuel Legorreta, coordinador de la licenciatura, el reto no ha sido prohibir el uso de la IA, sino entender qué hacer con ella. “El alumno ya no va a consultar, va a que le generen el trabajo y la gran diferencia radica en cómo se incorpora su uso, ya sea como herramienta o como sustituto del pensamiento”.

Por eso, en lugar de restringir su uso, han optado por establecer criterios, como enseñar a usarla de manera ética, reconocer cuándo interviene y, sobre todo, evitar que reemplace el proceso de pensar. Hasta ahora, afirma Legorreta, los propios estudiantes han comenzado a asumir esa responsabilidad, integrándola más como apoyo que como solución automática.

Sin embargo, entre lo que se propone y lo que se vive hay una distancia que no siempre es fácil de medir, pues en los salones, esa búsqueda de sentido no se presenta de la misma forma para todos. Algunos estudiantes llegan con una inquietud clara, interesados en explorar preguntas más profundas. Otros, en cambio, arrastran dudas más inmediatas sobre su futuro, su elección de carrera o incluso sobre si están en el lugar correcto.

Ana Camila Martínez llegó a la Lumen tras no ingresar a la universidad pública; hoy estudia Psicología en grupos pequeños y con un enfoque más cercano. Foto: Luis Aldana/DLF-APM

Más allá de la carrera: entender a la persona

Ana Camila Martínez, estudiante de Psicología, no siempre tuvo claro que ese sería su camino. Antes de ingresar a la universidad, consideró estudiar Derecho y, como cerca de 2.9 millones de jóvenes que buscan continuar sus estudios superiores, exploró la opción de la universidad pública; sin embargo, no logró quedarse. Fue entonces cuando, por recomendación de su hermano, conoció la Universidad Lumen Gentium, donde finalmente encontró su lugar

También cargaba con una idea previa, de que una universidad católica implicaría reglas estrictas o una formación cerrada. “Pensé que iba a ser más estructurado, que no podías hacer bromas o que todo iba a ser muy religioso”, dice. Pero la experiencia fue distinta; con el tiempo, encontró un espacio donde las conversaciones, incluso en áreas como filosofía o teología, abrían más preguntas de las que cerraban.

En su caso, lo que ha marcado la diferencia no es solo el contenido, sino la forma. Grupos pequeños, atención más cercana, clases donde los temas no se reducen a diagnósticos o teorías, sino a entender a la persona “de una manera más humana”, una formación que, a decir de Ana Camila, intenta explicar el comportamiento no desde el juicio, sino desde sus causas.

Por su parte, Iñaki Aramburu, estudiante de teología, el paso por la universidad tiene otro peso. Antes estudió filosofía y, desde ahí, encontró una continuidad en una formación que no se queda en lo abstracto, sino que busca impactar la vida cotidiana.

En su experiencia, incluso materias complejas terminan conectando entender cómo piensan otros, cómo dialogar con ellos, cómo construir puntos en común. “No se trata solo de aprender ideas, sino de ponerlas en práctica”, comenta.

Mientras el discurso institucional habla de la verdad, en el aula esa idea se traduce, más bien, en un ejercicio constante de diálogo, confrontación de perspectivas y, en ocasiones, de conflicto. “No siempre es sencillo, porque hay diferencias entre compañeros, e incluso con los profesores; sin embargo, también hay propuestas y, sobre todo, disposición a la escucha y paciencia; y no todo se resuelve en el salón, sino precisamente en la convivencia”.

Formación más allá del mercado

A diferencia de muchas instituciones que orientan su oferta hacia la empleabilidad, la universidad apuesta por áreas como la filosofía, la teología y la psicología, además de proyectos en desarrollo, como la incorporación de la música sacra en próximos ciclos.

Más que una decisión académica, se trata de una postura frente al contexto actual. En un entorno donde las carreras suelen medirse por su rentabilidad o su inserción en el mercado laboral, la Lumen opta por campos que no garantizan resultados económicos inmediatos, pero que buscan incidir en la formación del pensamiento, la interioridad y la comprensión de la persona.

No busca priorizar el mercado, sino la formación integral, a través de la apuesta de disciplinas que, más que preparar para una función específica, buscan desarrollar criterio, sentido crítico y una visión más amplia de la realidad.

En este contexto, el padre Mario Ángel explica que la formación integral se concreta en un modelo educativo donde el conocimiento no se queda en lo teórico, sino que se traduce en procesos de acompañamiento personal, diálogo interdisciplinario y confrontación con la realidad.

“No se trata sólo de saber más, sino de integrar lo que se aprende con la propia vida“, señala, al destacar que la universidad busca generar espacios donde el estudiante reflexione, cuestione y articule un pensamiento propio, capaz de vincular su vocación con las necesidades del entorno y asumir, desde ahí, decisiones más conscientes y responsables.

Sin embargo, dicha apuesta no está exenta de cuestionamientos, sobre todo en un país donde estudiar suele estar vinculado a la movilidad social y a la posibilidad de mejorar las condiciones de vida, elegir carreras con menor demanda puede percibirse como un riesgo, tanto para los estudiantes como para sus familias, asegura el p. Mario Ángel.

“Esto abre una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto este modelo responde a las necesidades reales de los jóvenes? ¿Puede una formación centrada en el sentido, la ética y la persona dialogar con un entorno que exige estabilidad económica y resultados concretos?”

Hoy, muchos jóvenes sienten la presión de conseguir trabajo rápido, pero también la necesidad de saber si eso que hacen realmente tiene sentido. Ahí es donde la universidad intenta hacer un cambio, no solo formando profesionistas, sino personas que entiendan para qué trabajan.

prepa y secundaria lumen
Entre cambios emocionales, tecnología y nuevas dinámicas familiares, la secundaria y preparatoria de la Universidad Lumen Gentium apuestan por una formación cercana y humana. Foto: Luis Aldana/DLF-APM

La búsqueda de sentido comienza en la prepa y la secundaria

De hecho, esa búsqueda de sentido no inicia en la universidad, sino mucho antes, en una etapa donde las preguntas aún no tienen forma clara, pero pesan: ¿quién soy?, ¿cómo encajo?, ¿por qué me siento así?

En secundaria, el problema no se nombra como crisis existencial, pero se vive en lo cotidiano. “Es una etapa complicada… a veces se sienten incomprendidos”, explica Mireya Braulio Leiva, directora técnica de la secundaria de la Universidad Lumen Gentium, plantel Xochimilco. “Ahí, la dimensión emocional se vuelve central y muchas veces invisible”.

Las señales aparecen en el día a día, por ejemplo, cambios de comportamiento, impulsividad, conflictos entre compañeros. “A veces, a través del trabajo de los docentes, se detectan situaciones que los chicos viven y que de inmediato trabajamos con los papás”, señala Mireya.

El acompañamiento no es solo académico; implica contención, escucha e intervención temprana. Desde la dirección general del plantel, el diagnóstico también apunta hacia el entorno. “Estamos ante un cambio generacional muy importante”, afirma Ángel Fernando Rodríguez, director general del plantel Xochimilco.

Explica que la transformación pasa en buena medida por la familia. “Antes, la escuela estaba asociada a disciplina y cumplimiento. Hoy, en muchos casos, la prioridad de los padres es la felicidad inmediata de sus hijos, lo que puede generar tensiones con los procesos formativos“.

A esto se suma un sistema educativo más flexible. “Hoy en día nuestros chicos gozan de muchos beneficios, no pueden ser reprobados, no se les exige la asistencia obligatoria, entre otras coas”, apunta.

Más que problemas, el director los entiende como retos educativos que obligan a replantear la manera de enseñar. Y no se trata solo de la secundaria, en preparatoria el contexto cambia, pero el fondo es el mismo.

“Ahora todo lo quieren rápido, todo lo quieren exprés”, dice Claudia Luna Corvera, directora de Prepa Lumen, al referirse a una generación marcada por las redes sociales, la inmediatez y nuevas formas de relación.

El impacto no es solo académico, esto se refleja también en hábitos, compromiso y estabilidad emocional. “Desafortunadamente, los chicos ahora no se quieren comprometer… les hacen falta hábitos de estudio, disciplina y constancia“, señala.

Pero el desafío más fuerte no siempre está en el aula, sino en casa. “Tenemos chicos que no son acompañados por sus padres y la escuela se termina convirtiendo en su lugar seguro“, explica.

En esos casos, dejamos de ser solo un espacio educativo y nos convertimos en un punto de contención emocional. Los docentes identifican estudiantes con ansiedad, depresión o conductas de riesgo. Algunos casos se detectan de inmediato; otros requieren seguimiento. “Aunque de parte de la familia no haya respuestas inmediatas, en la escuela los acompañamos desde el momento en que detectamos el problema”, comenta Claudia.

Para el director general, ahí radica la apuesta central, la de no solo formar académicamente, sino trabajar en cuatro dimensiones, la académica, humana, espiritual y de servicio. Una formación que busca que los estudiantes no solo resuelvan problemas, sino que sean capaces de afrontar la vida cotidiana y responder a los contextos que los rodean.

estudiantes filosofía Lumen
Más del 90% de los jóvenes en México usa internet, principalmente desde el celular, transformando su forma de aprender, relacionarse y construir identidad. Foto: Luis Aldana/DLF-APM

Aprender, pero sobre todo entender para qué

En México, las trayectorias educativas de los jóvenes se desarrollan en un entorno marcado por múltiples tensiones. Más del 10% de los adolescentes entre 15 y 17 años no asiste a la escuela, mientras que alrededor de seis de cada diez logran concluir el nivel medio superior, de acuerdo con datos del INEGI y la Secretaría de Educación Pública.

A esto se suma un factor más visible, la salud mental. Organismos como UNICEF han advertido que una proporción significativa de los jóvenes, en algunos estudios superior al 30%, reportan síntomas de ansiedad o depresión, en un contexto donde el acceso a la información es inmediato, pero no necesariamente significativo.

La tecnología forma parte de ese escenario, pues más del 90% de los jóvenes en el país utiliza internet, principalmente desde el celular, lo que ha transformado no solo la forma de aprender, sino también la manera de relacionarse y construir identidad, según el INEGI.

Ante este panorama, la escuela ya no solo compite con otras instituciones educativas, sino con un entorno más amplio, como las redes sociales, la inmediatez y la sobreinformación, así como con cambios en las dinámicas de convivencia familiar, como han señalado organismos internacionales como la OCDE.

Aprender, pero sobre todo entender para qué

Los alumnos siguen ahí, entre cuadernos abiertos y pantallas encendidas, avanzando entre respuestas rápidas y preguntas que no siempre encuentran lugar en el programa.

Porque si algo atraviesa todo el proceso, desde secundaria hasta universidad, no es la falta de información, sino la dificultad de darle sentido. En el fondo, como insiste el rector, el padre Mario Ángel Flores, la pregunta no es nueva. El ser humano sigue buscando entender su lugar, construir una vida, encontrar una forma de realización.

La diferencia es el entorno en el que ahora intenta responderla, uno más acelerado, donde la tecnología no solo facilita, sino que también marca el ritmo y donde aparece una sensación constante de estar siendo rebasado.

Por eso, más que una advertencia aislada, la idea del rector apunta a recuperar el lugar de la persona en medio de ese entorno. “La tecnología se hizo para el hombre, no el hombre para la tecnología”, finaliza el p. Mario Ángel.

Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega Desde la Fe en


Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.