La voz del Papa

Papa a presbíteros: No sólo repartir aceite, sino vocación y corazón

El Pontífice presidió la Misa Crismal de Jueves Santo en el Vaticano.
Foto: Vatican Media
Foto: Vatican Media

Como parte de los actos litúrgicos de Semana Santa, este Jueves Santo el Papa Francisco celebró la Misa Crismal, misma que sólo puede ser celebrada por el obispo en concelebración con su presbiterio, y en la que se consagra el Santo Crisma y los óleos que posteriormente se usarán en todas las parroquias para los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Ordenación Sacerdotal, así como para la unción de los enfermos durante el año.

Durante esta Misa, en la que además el presbiterio renueva sus promesas sacerdotales, el Santo Padre señaló que los sacerdotes no pueden reducirse a simples repartidores de aceite en botella; ya que los propios presbíteros son ungidos con los óleos para repartirse a sí mismos, para repartir su vocación y su corazón con la gente.

Dijo que Jesús nunca perdió el contacto directo con la gente; “siempre mantuvo la gracia de la cercanía con el pueblo en su conjunto, y con cada persona en medio de las multitudes. Lo vemos en su vida pública, fue así desde el comienzo y también fue así en la cruz: su corazón atrae a todos hacia sí: verónicas, cirineos, ladrones, centuriones… En el interior de la gente se despierta el deseo de seguir a Jesús, brota la admiración, se cohesiona el discernimiento”.

El Papa invitó al presbiterio a reflexionar acerca de tres gracias que caracterizan la relación entre Jesús y la multitud: la gracia del seguimiento, la gracia de la admiración y la gracia del discernimiento.

Gracia del seguimiento

En cuanto a la primera, señaló que las multitudes buscaban a Jesús, lo seguían, lo apretujaban y se juntaban para escucharlo, pues era un tipo de seguimiento incondicional, lleno de cariño, que contrastaba con la mezquindad de los discípulos, cuya actitud con la gente rayaba en la crueldad, como cuando le sugirieron al Señor despedirlos para buscarse su propia comida.

“Aquí, creo yo –consideró el Papa–, empezó el clericalismo: en este querer asegurarse la comida y la propia comodidad desentendiéndose de la gente. El Señor cortó en seco esta tentación: ‘¡Denles ustedes de comer! ¡háganse cargo de la gente!’, les dijo”.

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Gracia de la admiración

Sobre la gracia de la admiración, señaló que la gente se maravillaba con Jesús, con sus milagros, pero principalmente con su persona. “A la gente le encantaba saludarlo por el camino, hacerse bendecir y bendecirlo, como aquella mujer que en medio de la multitud le bendijo a su Madre.  Y el Señor, por su parte, se admiraba de la fe de la gente, se alegraba y no perdía oportunidad para hacerlo notar.

Gracia del discernimiento

Al hablar sobre la gracia del discernimiento, el Papa Francisco explicó que la multitud se asombraba de su doctrina, ya que enseñaba con autoridad. “Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, suscitaba en la gente este carisma del discernimiento… Cuando los fariseos y los doctores de la ley discutían con Él, lo que discernía la gente era la autoridad de Jesús: la fuerza de su doctrina para entrar en los corazones y el hecho de que los malos espíritus le obedecieran; y que además, por un momento, dejara sin palabras a los que implementaban diálogos tramposos. La gente gozaba con esto”.

Finalmente, el Santo Padre dijo que el alegre anuncio del Evangelio que hacen los pobres con sus acciones “pesan” en el reino de Dios y valen más que todas las riquezas de este mundo. Aseguró que sus actos de generosidad son unciones que pasan desapercibidas para todos, salvo para Jesús, que mira con bondad la pequeñez de las viudas, de los ciegos, de los oprimidos, de los cautivos de guerra.

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