Papa Francisco en Corpus Christi 2020: Redescubir la Misa y la Eucaristía

El Santo Padre celebró este domingo la Misa por Corpus Christi 2020; en el Ángelus destacó los dos efectos de la Eucaristía.
El Papa Francisco saluda a fieles en la plaza de San Pedro. Domingo de Corpus Christi 2020. Foto: Vatican Media.
El Papa Francisco saluda a fieles en la plaza de San Pedro. Domingo de Corpus Christi 2020. Foto: Vatican Media.

El Papa Francisco celebró la Santa Misa por Corpus Christi 2020 y posteriormente el rezo mariano del Angelus; en ambos momentos reflexionó sobre los efectos de la Misa y de la Eucaristía.

En su homilía en la Basílica de San Pedro, el Papa aseguró que la Santa Misa es un memorial que sana nuestras heridas. “Nos hace bien, nos sana dentro. Especialmente ahora, que realmente lo necesitamos”, dijo. En esta Misa participaron cerca de 50 personas, manteniendo las medidas de sana distancia debido a la pandemia de COVID-19.

“La Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios. ¡Qué importante es acordarnos de esto cuando rezamos!”. Por ello, dijo, es fundamental recordar el bien recibido: si no hacemos memoria de él nos convertimos en extraños a nosotros mismos, en “transeúntes” de la existencia.


Misa de Corpus Christi 2020 en la Basílica de San Pedro. Foto: Vatican Media.

Misa de Corpus Christi 2020 en la Basílica de San Pedro. Foto: Vatican Media.

“Sin memoria nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos más fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo. La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás”.

Dios sabe que la memoria del ser humano es frágil, explicó el Papa, por eso nos dejó un memorial. “No nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor”.

La Eucaristía es un memorial que cura nuestra memoria huérfana.

“Muchos tienen la memoria herida por la falta de afecto y las amargas decepciones recibidas de quien habría tenido que dar amor pero que, en cambio, dejó desolado el corazón. Nos gustaría volver atrás y cambiar el pasado, pero no se puede. Sin embargo – precisó el Papa – Dios puede curar estas heridas, infundiendo en nuestra memoria un amor más grande: el suyo. La Eucaristía nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas”.

La Eucaristía tiene los anticuerpos para nuestra memoria

Con la Eucaristía, el Señor también sana nuestra memoria negativa, que siempre hace aflorar las cosas que están mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos equivocados, explicó el Papa.

 

“Jesús viene a decirnos que no es así. Y cada vez que lo recibimos nos recuerda que somos valiosos: somos los invitados que Él espera a su banquete, los comensales que ansía. El Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad”.

“Con Jesús podemos inmunizarnos de la tristeza. Ante nuestros ojos siempre estarán nuestras caídas y dificultades, los problemas en casa y en el trabajo, los sueños incumplidos. Pero su peso no nos podrá aplastar porque en lo más profundo está Jesús, que nos alienta con su amor. Ésta es la fuerza de la Eucaristía, que nos transforma en portadores de Dios: portadores de alegría y no de negatividad”.

“Podemos preguntarnos: Y nosotros, que vamos a Misa, ¿qué llevamos al mundo? ¿Nuestra tristeza, nuestra amargura o la alegría del Señor? ¿Recibimos la Comunión y luego seguimos quejándonos, criticando y compadeciéndonos a nosotros mismos? Pero esto no mejora las cosas para nada, mientras que la alegría del Señor cambia la vida”. 

La Eucaristía quita en nosotros el hambre por las cosas y enciende el deseo de servir, dijo el Papa. “Nos levanta de nuestro cómodo sedentarismo y nos recuerda que no somos solamente bocas que alimentar, sino también sus manos para alimentar a nuestro prójimo. Es urgente que ahora nos hagamos cargo de los que tienen hambre de comida y de dignidad, de los que no tienen trabajo y luchan por salir adelante. Y hacerlo de manera concreta, como concreto es el Pan que Jesús nos da. Hace falta una cercanía verdadera, hacen falta auténticas cadenas de solidaridad”.

La Misa incluyó un momento de oración Eucarística, de encuentro personal con Cristo en el Santísimo Sacramento. Posteriormente el Papa impartió su bendición.

Los dos efectos de la Eucaristía

Durante su mensaje previo al rezo mariano del Ángelus en el Domingo de Corpus Christi 2020, el Papa reflexionó sobre la segunda lectura de la liturgia del día, en la que san Pablo describe la celebración eucarística para explicar que existe un doble fruto de la Eucaristía: el místico y el comunitario. 

“La unión con Cristo y la comunión entre los que se alimentan de Él, es el doble fruto de la Eucaristía puesto que genera y renueva continuamente la comunidad cristiana”, dijo el Santo Padre.

“’¿La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?’ (v. 16). Estas palabras – dijo el Papa – expresan el efecto místico o espiritual de la Eucaristía: se trata de la unión con Cristo, que se ofrece a sí mismo en el pan y el vino para la salvación de todos. Jesús está presente en el sacramento de la Eucaristía para ser nuestro alimento, para ser asimilado y convertirse en nosotros en esa fuerza renovadora que nos devuelve la energía y el deseo de retomar el camino después de cada pausa o caída”.

Fieles en la plaza de San Pedro, 14 de junio de 2020. Foto: Vatican Media.

Fieles en la plaza de San Pedro, 14 de junio de 2020. Foto: Vatican Media.

Para ello, aseguró, se requiere de nuestra voluntad para dejarnos transformar de forma permanente.

“Muchas veces alguno va a Misa, pero porque hay que ir como acto social, respetuoso, pero social. Pero el misterio es otra cosa: es Jesús presente que viene a alimentarnos”.

En contraparte está el efecto comunitario de la Eucaristía, es decir, la comunión mutua de los que participan de ella, hasta el punto de convertirse en un solo cuerpo, como lo es el pan que se parte y se distribuye.

“La comunión con el cuerpo de Cristo es un signo efectivo de unidad, de comunión, de compartir. No se puede participar en la Eucaristía sin comprometerse a una fraternidad mutua, que sea sincera. Pero el Señor sabe bien que nuestra fuerza humana por sí sola no es suficiente para esto. Sabe, por otro lado, que entre sus discípulos siempre existirá la tentación de la rivalidad, la envidia, los prejuicios, la división… Por eso también nos ha dejado el Sacramento de su presencia real, concreta y permanente, para que, permaneciendo unidos a Él, podamos recibir siempre el don del amor fraterno”, dijo el Santo Padre.

 

 

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