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Papa Francisco a sacerdotes ancianos: El Señor carga nuestra cruz

El Santo Padre envió el mensaje a los sacerdotes que participan en la Jornada de Sacerdote Ancianos y Enfermos de Lombardía.
El Papa Francisco agradeció a sacerdotes ancianos su silenciosa proclama del Evangelio.
El Papa Francisco agradeció a sacerdotes ancianos su silenciosa proclama del Evangelio.

A través de una misiva, el Papa Francisco dirigió un mensaje a los participantes de la Jornada de Sacerdote Ancianos y Enfermos de Lombardía, que este año se celebra en el Santuario de Nuestra Señora de Caravaggio, situado en la provincia de Bérgamo, afectada fuertemente por la pandemia de Coronavirus COVID-19.

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En su misiva, el Papa Francisco agradeció a la Conferencia Episcopal de Lombardía sus esfuerzos por organizar desde hace 6 años esta jornada de oración y fraternidad, como también a la Unión Nacional Italiana de Transporte de Enfermos a Lourdes y Santuarios Internacionales (UNITALSI), y a todos los que trabajaron por el éxito del encuentro.


Asimismo, agradeció y manifestó su reconocimiento a todos los sacerdotes que viven el tiempo de la vejez o la hora amarga de la enfermedad, “por su testimonio de amor fiel a Dios y a la Iglesia, por la silenciosa proclamación del Evangelio de la vida, porque son un recuerdo vivo en el que apoyarse para construir el mañana de la Iglesia”.

“En los últimos meses -señaló el Papa Francisco-, todos hemos experimentado algunas restricciones. Los días, transcurridos en un espacio limitado, parecían interminables y siempre iguales. Sentíamos la falta de nuestros afectos más queridos y de nuestros amigos; el miedo al contagio nos recordaba nuestra precariedad. En el fondo, hemos conocido lo que algunos de ustedes, y muchos otros ancianos, experimentan a diario”.

En este sentido, manifestó sus deseo de que la presente pandemia conduzca a las personas a comprender que es necesario no perder el tiempo que se nos da, y comencemos a disfrutar de la belleza del encuentro con el otro, a curarnos del “virus de la autosuficiencia”.

“Con la gracia de Dios, puede ser una experiencia de purificación. También para nuestra vida sacerdotal, la fragilidad puede ser como fuego del fundidor y como lejía del lavandero, que, elevándonos a Dios, nos refina y santifica. No tengamos miedo al sufrimiento: ¡El Señor lleva la cruz con nosotros!

Finalmente, el Papa Francisco encomendó a los sacerdotes ancianos a la Virgen María. “A ella, Madre de los sacerdotes, le recuerdo en la oración a los muchos sacerdotes que han muerto a causa de este virus y a los que se enfrentan al camino de la rehabilitación”.

 

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