Derecho humano: la vida que se acoge, no la muerte que se suministra

El Papa Francisco llamó a privilegiar siempre el derecho al cuidado para todos, a fin de que los ancianos y enfermos nunca sean descartados.
Al retomar su ciclo de catequesis sobre san José, el Papa Francisco abordó el tema de la muerte como misterio iluminado por la luz de la resurrección.
Al retomar su ciclo de catequesis sobre san José, el Papa Francisco abordó el tema de la muerte como misterio iluminado por la luz de la resurrección.

Este 9 de febrero, al retomar su ciclo de catequesis sobre san José, el Papa Francisco habló del padre adoptivo de Jesús como santo patrono de la “buena muerte”, una devoción impulsada hace un siglo por el Papa Benedicto XV para consuelo de los moribundos.

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Sobre el tema de la muerte -misma que llegó a san José estando en presencia de Jesús y María-, el Papa Francisco señaló que mientras hoy la llamada “cultura del bienestar” está tratando de eliminar la realidad que ésta conlleva, el coronavirus la ha vuelto a poner en evidencia.


“Muchos hermanos y hermanas han perdido a personas queridas sin poder estar cerca de ellas, y esto ha vuelto a la muerte todavía más dura de aceptar y de abordar”.

El Papa Francisco señaló que actualmente se intenta por todos los medios alejar el pensamiento de nuestra finitud, engañándonos así para tratar de ahuyentar el miedo. En este sentido, explicó que la fe cristiana no exorciza a los creyentes de dicho temor, pero nos ayuda a afrontarla con la resurrección de Jesús, de la cual emana la luz verdadera que ilumina el misterio de la muerte.

“Solo por la fe en la resurrección, nosotros podemos asomarnos al abismo de la muerte sin que el miedo nos abrume. La muerte, iluminada por el misterio de Cristo, ayuda a mirar con ojos nuevos toda la vida”.

¿Prepararnos para la vida o para la muerte?

Sobre este punto, el Papa Francisco señaló que detrás de un coche fúnebre, jamás se ve un camión de mudanzas, lo cual significa que no tiene sentido acumular riquezas sin un día vamos a morir. “Lo que debemos acumular es la caridad, es la capacidad de compartir, de no permanecer indiferentes delante de las necesidades de los otros”.

De igual forma -señaló-, tampoco tiene sentido permanecer peleados con un hermano, con una hermana o con un amigo, si de cualquier forma un día moriremos. “Delante de la muerte muchas cuestiones se redimensionan. Está bien morir reconciliados, ¡sin dejar rencores y sin arrepentimientos!”.

Acompañar a la muerte, no provocarla

El Santo Padre señaló que, aunque intentemos tener control del momento de nuestra muerte, programando quizás su llegada, el Evangelio nos recuerda que ésta llega como un ladrón, de manera que para los cristianos la muerte plantea dos consideraciones:

La primera, presente en el Catecismo de la Iglesia Católica: “No podemos evitar la muerte, y precisamente por esto, después de haber hecho todo lo que humanamente es posible para cuidar a la persona enferma, resulta inmoral el encarnizamiento”.

La segunda, que debemos estar agradecidos por toda la ayuda que la medicina se esfuerza en dar para que, a través de los llamados “cuidados paliativos”, toda persona que se prepara para vivir el último tramo de su vida, pueda hacerlo de la forma más humana posible.

“Pero debemos estar atentos a no confundir esta ayuda con derivas inaceptables que llevan a la eutanasia. Debemos acompañar a la muerte, pero no provocar la muerte o ayudar al suicidio asistido”.

Sobre este punto, el Papa Francisco insistió en que se debe privilegiar siempre el derecho al cuidado para todos, para que los más débiles, en particular los ancianos y los enfermos, nunca sean descartados.

“La vida es un derecho, no la muerte; que debe ser acogida, no suministrada. Y este principio ético concierne a todos, no solo a los cristianos o a los creyentes.

Una experiencia de la misericordia de Dios

El Papa Francisco pidió la intercesión de san José para que podamos vivir el misterio de la muerte de la mejor forma posible, puesto que para un cristiano la buena muerte es una experiencia de la misericordia de Dios, que se hace cercano a nosotros también en el último momento de nuestra vida

Finalmente, tras recordar a la comunidad que en la oración del Avemaría pedimos a la Virgen que esté cerca de nosotros “ahora y en la hora de nuestra muerte”, invitó a todos a concluir la Audiencia General rezando dicha oración por los agonizantes y por los que están viviendo un luto.

Con información de Vatican News

 

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