Jueves Santo: ¿Por qué se regala pan y manzanilla en las iglesia?
En muchas parroquias de México, el Jueves Santo se regala pan bendito y ramitos de manzanilla a los fieles como signo de caridad y recuerdo de la Eucaristía; descubre aquí el significado del pan y la manzanilla y por qué se han convertido en una de las tradiciones de Semana Santa en México más queridas.
¿Por qué se realiza una ofrenda de pan y manzanilla en Jueves Santo?
La ofrenda del pan y la manzanilla en Jueves Santo es una costumbre muy arraigada en México. El Jueves Santo, al salir de la Misa vespertina, a los fieles se les entrega un pan bendito y un ramito de manzanilla.
El pan se da como un signo de caridad. En algunas parroquias, ese día se ofrece una cena a las personas menesterosas o se envía una despensa a las familias más pobres de la comunidad. A cada familia también se le invita a compartir este día el pan con algún hermano necesitado, como gesto concreto de amor fraterno. Además, el pan significa la Eucaristía, cuya institución acabamos de celebrar en la Misa de la Cena del Señor.
El ramito de manzanilla quiere significar que la Eucaristía es medicina que sana el alma y la fortalece para la vida eterna. Por su carácter medicinal, la manzanilla recuerda que Cristo cura nuestras heridas, en especial a través de la Penitencia y la Comunión. Tanto el pan como la manzanilla deben consumirse, y no conservarse en casa como si fueran amuletos.
Una tradición relativamente reciente
Se trata de una tradición fuerte, pero no está del todo claro su inicio. A mediados del siglo XIX, la marquesa Calderón de la Barca, esposa del primer embajador de España en el México independiente, visitó más de 20 iglesias de la ciudad durante la Semana Santa de 1841 e hizo una descripción minuciosa de las costumbres de esos días. Ella destaca, por ejemplo, la presencia de las palmas el Domingo de Ramos que llevaban todos los fieles.
Llama la atención que no haga mención alguna a la costumbre actual de obsequiar a los fieles manzanilla y pan bendito, lo que permite suponer que esta práctica es posterior a la época que le tocó vivir en México. En sus cartas aborda con detalle los ritos y expresiones de piedad de la Semana Santa, por lo que la ausencia de esta referencia sugiere un origen más reciente de la ofrenda del pan y la manzanilla.
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Posibles significados de la manzanilla
Algunos expertos suponen que la manzanilla se obsequia el Jueves Santo como una forma en que la Iglesia retribuye a los fieles las limosnas que ellos dan durante el año, devolviéndoles un pequeño signo material de agradecimiento. Otros opinan que, por ser una planta olorosa y purificadora, ayuda a mitigar los malos olores cuando hay una concurrencia muy numerosa en los templos; sin embargo, este argumento pierde fuerza ante la presencia habitual del incienso en las iglesias.
Unos más consideran que la manzanilla, al ser una planta medicinal, se relaciona con el poder sanador de Jesucristo, especialmente a través de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. De modo semejante, el pan bendito puede consumirse, a manera de una comunión espiritual, tanto por los niños que aún no han hecho su Primera Comunión como por las personas que no están en estado de gracia para comulgar sacramentalmente.
Con el paso de los años, el pan bendito y la manzanilla se han convertido en dos símbolos muy visibles de la Semana Santa. En ambos casos, no deben conservarse como si fueran objetos de buena suerte, sino recibirse y consumirse con fe, como un acto piadoso que nos recuerda la caridad de Cristo y la fuerza de la Eucaristía.
Dato curioso sobre los oficios de Semana Santa
En 2021, con motivo de la pandemia por Covid-19, los oficios de Semana Santa tuvieron que celebrarse en los templos a puerta cerrada. Pero no ha sido la primera vez en la historia de México. Fray Juan de Torquemada, en su Monarquía Indiana, señala que a las ceremonias del Jueves Santo en la Iglesia de San Francisco –ubicada hoy en la calle de Madero– acudían entre 20 mil y 30 mil fieles.
En el Libro V comenta que, en la Semana Santa de junio de 1611, se suspendieron todos los oficios religiosos y los templos tuvieron que cerrar. Esto se debió a que una cuadrilla de “esclavos” estaba conjurada para rebelarse y provocar desórdenes, por lo que se organizaron compañías de soldados y se custodiaron las calles de la ciudad. El caso llegó a tal extremo que, por mandato de la Audiencia, no hubo procesiones y se cerraron las puertas de las iglesias, de modo semejante a lo que se vivió durante la emergencia sanitaria reciente.
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