María Angélica Álvarez Icaza, una religiosa mexicana que podría ser beata

Superó enfermedades y su vida de fe transcurrió entre México y España, conoce a esta religiosa que avanza a los altares.
María Angélica Álvarez Icaza es una Sierva de Dios, fue religiosa en la Arquidiócesis Primada de México.
RMaría Angélica Álvarez Icaza es una Sierva de Dios, fue religiosa en la Arquidiócesis Primada de México.

La religiosa María Angélica Álvarez Icaza, mística mexicana y Sierva de Dios, está en proceso de beatificación. Este 12 de julio de 2022 se cumplen 45 años de su muerte y se recordarán con una Santa Misa que celebrará el padre Gerardo Pérez Gómez, Director de la Comisión para las Causas de los Santos en la Arquidiócesis de México.

Ella perteneció a las religiosas de la Visitación, que fundó san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal, y a la que también perteneció santa Margarita María Alacoque, la vidente del Sagrado Corazón de Jesús, así como  siete beatas más que fueron mártires de la Guerra Civil española.

A la fecha, las religiosas de la Visitación la componen 17 federaciones en el mundo, y en cada una de ellas hay 7 monasterios. En la Ciudad de México tienen seis novicias, y presencia en Guadalajara, Colima, Morelia, León, Celaya, Aguascalientes y Monterrey.

La historia de María Angélica Álvarez Icaza

Ella nació en la Ciudad de México el 17 de diciembre de 1887, y fue la quinta de 10 hijos; sus padres fueron Ignacio Álvarez Icaza y Carolina Icaza y Cossio. Fue bautizada el 10 de enero de 1888 como María Concepción.

El 12 de octubre de 1895, día de la Coronación de la Virgen de Guadalupe, hizo su Primera Comunión en la iglesia concepcionista de Balvanera.

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Pertenecía a una familia acomodada que daba empleo a 14 trabajadores domésticos. El 31 de enero de 1896 murió su madre de tifo y ella fue enviada a la casa de sus tías. Durante su adolescencia tuvo poco contacto social y estudió con institutrices. A los 15 años, el 29 de septiembre de 1902, rechazó el amor de un joven llamado Javier y dos años después, el 19 de marzo de 1904, le hizo saber a su familia que deseaba ser religiosa.

El 6 de enero de 1905 se fue a Morelia, Michoacán, para ingresar el día 8 a la Orden de la “Visitación de Santa María”; tenía 17 años. El 14 de enero empezó su postulado y el 23 de junio vistió los hábitos con el nombre de María Angélica; un año después hizo su profesión perpetua, el 26 de junio de 1906.

María Angélica era devota de San Francisco de Sales y de Santa Juana Francisca de Chantal, fundadores de la Congregación. Años después, su libro de cabecera sería “Historia de un Alma”, de Santa Teresa del Niño Jesús, y de la Virgen de Loreto, cuya imagen que tenía su familia se la llevó al monasterio el 31 de mayo de 1908.

En junio de 1913, cuando tenía 25 años, padeció una grave enfermedad y recibió los santos óleos. Para 1914 era un alma místicahizo constantes penitencias de sangre. El P. Alberto Cuscó y Mir fue su primer director espiritual.

El 14 de febrero de 1915, María Angélica Álvarez conoció a Luis María Martínez, es decir, siete años antes de que él fuera designado como Arzobispo de México; sus biógrafos reportan que cada lunes se encontraban en el convento y que cuando en el confesionario ella comenzaba a hablar, “él se limitaba a escuchar y aprobar lo que oía, tal vez porque eran cuestiones demasiado elevadas y aún desconocidas para él.”

En contraste, la Revolución Mexicana y las Leyes de Reforma atentaban contra la vida conventual, así que el 26 de febrero de 1916, a bordo del vapor “Antonio López”, Ma. Angélica con un primer grupo de religiosas de la Orden de la “Visitación de María” de Morelia salieron para España, a donde llegaron el 29 de marzo hasta Madrid.

La nueva superiora prohibió a las religiosas que se conversara sobre México para evitarles mayores mortificaciones, pero ellas pensaban que su estancia en Europa sería temporal, mientras duraba la Revolución.

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El diario de María Angélica Álvarez Icaza

La Madre Icaza continuó sus penitencias corporales como lo afirma su Diario el 25 de marzo de 1917.

“Tal es mi miseria que aun después de haber recibido tantos y tales dones de Dios aún retrocedo ante el dolor.  Me refiero a la acción de grabar sobre mi pecho con un hierro ardiendo el nombre de JHS.  Sentía una extrema repugnancia y delante de Dios me avergonzaba de mi cobardía.  Así estuve luchando hasta que, por fin, tomando una determinación le dije: ‘Dios mío, estoy resuelta a darte este pequeño placer aun cuando supiera que inmediatamente me habías de arrojar en el infierno; pero dame tú el valor que necesito porque sin ti nada puedo’. En efecto, aunque el espíritu estaba pronto la carne flaca rehusaba sufrir y así en el momento de aplicar el hierro enrojecido me faltó el valor y dejé caer el instrumento… lo devolvió al fuego y por fin lo apliqué, pero me quedé tan avergonzada delante de Dios que de vergüenza como que ni me atrevía a hablarle hasta que por último rompiendo el silencio le dije: ‘No tomes esto, Amado mío, no tomes esto por falta de amor’.  Y pasé la oración pidiendo perdón de mi cobardía”.

En marzo de 1922 se enfermó de tuberculosis y en mayo, fue trasladada del Monasterio de Madrid al de Bonanza, en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz., donde su Superiora le prohibió seguir escribiendo, incluso limitó sus lecturas.

“El desarrollo de esta enfermedad, juntamente con otras circunstancias dolorosas, nos lleva a advertir un cierto sentido sobrenatural en su conjunto, que ya el mismo médico de la comunidad constató. No hace falta señalar que ella vivió la enfermedad en su cuerpo y la preocupación en el alma en un ámbito profundamente espiritual; ella nunca rechazó el sufrimiento y en todo se sometió a la obediencia.  Mientras seguía su vida ordinaria, pues en el año 1925 la tuberculosis todavía no era contagiosa, ella no dejó de recordar que Jesús era la razón de su vida, aunque fuera una época de gran soledad espiritual”.

En 1926, cuando en México inició la Guerra Cristera ella seguía en España. Su hermana, también religiosa que vivía en México, se refugió en Estados Unidos; su padre perdió fortuna y haciendas. Para 1927 la Comunidad religiosa de Morelia celebraba sus Bodas de Plata cuando a finales de ese año la tuberculosis de María Angélica se extendió a la columna vertebral. Un año después su enfermedad la obligó a permanecer en cama.

Estas tristes circunstancias se agudizaron por la Guerra Civil Española que ensangrentó los campos de todo el país; en 1931, en Madrid, quemaron iglesias y conventos, y la situación clerical empeoró en 1934 por la revolución organizada por el Partido Socialista en Asturias, y la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, del 3 de junio de 1933, que sometía a la Iglesia al poder civil.

En 1937, Luis María Martínez, su director espiritual, fue nombrado Arzobispo de México. Siete meses después murió el padre de la religiosa arrollado por un automóvil en la capital del país.

La última etapa en la vida de la religiosa

En 1940, por motivos internos del Monasterio, ella fue al puerto de Santa María en Cádiz. La comunidad enfrentó problemas económicos María Angélica tuvo una crisis espiritual. Se desempeñó como asistente, ayudante de la portería, encargada del cuarto de labores y provisora. A partir de 1941 fue nombrada Maestra de Novicias.

En junio de 1948, después de estar 32 años en España, regresó a México como Superiora para fundar un monasterio en la ciudad de México; así, el 23 de diciembre, la comunidad se trasladó a Mixcoac. Murió el 12 de julio de 1977; fue sepultada en el Panteón Español.

El 31 de mayo de 1988 se inició el Proceso Diocesano que terminó el 6 de febrero de 1994, y el 2 de mayo de 1994 se abrió la Fase Romana. En la exhumación de sus restos se encontró en el esternón, un orificio de 5 mm. delante del corazón que no tiene explicación científica.

 

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