Iglesia en México

Homilía en ocasión de la Peregrinación de la Arquidiócesis de México

Homilía del Arzobispo Primado con motivo de la peregrinación de la Arquidiócesis de México.
El Cardenal durante la Misa por la XXV Peregrinación de la Arquidiócesis de México. Foto: Miguel Ávila.
El Cardenal durante la Misa por la XXV Peregrinación de la Arquidiócesis de México. Foto: Miguel Ávila.

“María… entrando en casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo” (Lc. 1,40-42).

La escena del Evangelio presenta a María y a Isabel en un encuentro movido por el Espíritu Santo, a través de la intervención que ha realizado en ellas.

Ambas mujeres escucharon la voz de Dios y aceptaron la propuesta divina. En particular María, como Iglesia en salida va en búsqueda de su prima Isabel y comparten su experiencia, lo cual las llena de gratitud a Dios y de inmensa alegría

Como María necesitamos escuchar la voz del Espíritu Santo, discernir las inquietudes que siembra en nuestro corazón, y aceptar en fiel obediencia lo que descubrimos como voluntad de Dios Padre.

Sabemos que María es Madre y modelo de la Iglesia, por eso es conveniente preguntarnos:

¿Qué podemos aprender de este espléndido encuentro? ¿Qué necesitamos promover como Iglesia para que la Arquidiócesis Primada de México camine a la luz de este modelo?

Ahora que celebramos nuestro encuentro diocesano con María de Guadalupe y su Hijo Jesús, presente en esta Palabra, que hemos escuchado, y en el Pan Eucarístico, que nos será ofrecido como alimento, ¿qué actitudes y criterios nos llevaremos para vivir como buenos discípulos de Cristo, fortalecer nuestra comunidad parroquial y diocesana, y ser levadura que dé sabor a la vida de nuestra sociedad?

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Para el discernimiento necesitamos la escucha de la Palabra de Dios, compartirla con nuestros hermanos más próximos, y ser auxiliados por la autoridad eclesial correspondiente para clarificar y decidir, lo que Dios quiere de nosotros.

La forma de conocer lo que Dios quiere para mí, se va concretando al descubrir la propia vocación y cumplir la misión específica que recibimos en comunión eclesial, que va actualizándose a lo largo de nuestra vida, por caminos muchas veces insospechados, sorpresivos.

Un servidor recibí el llamado al Sacerdocio para ejercerlo en mi Diócesis de Origen, Tepic; después de 24 años de servicio el Papa San Juan Pablo II me llamó para servir como Obispo de Texcoco, 12 años después me llamó el Papa Benedicto XVI para servir en la Arquidiócesis de Tlalnepantla, y hace dos años el Papa Francisco me pidió venir a servirles a Ustedes como Arzobispo de México. Así he vivido la obediencia al Señor y he recibido su constante ayuda para realizarlo. En el servicio he sido fiel en seguir las indicaciones de los Papas, y ahora, lo hago con las orientaciones del Papa Francisco.

Para cumplir estas orientaciones necesito la colaboración de todos los fieles católicos que integran nuestra querida Arquidiócesis, en sus distintos niveles de participación para lograr ser una Iglesia en salida, misionera, con capacidad de escucha y discernimiento, con obediencia y comunión subsidiaria y solidaria con los más necesitados de ayuda y de acompañamiento. Una Iglesia sinodal, en la que caminemos juntos, y descubramos los signos de los tiempos, una Iglesia que discierna sus necesidades y aproveche sus potencialidades, una Iglesia que asuma en filial obediencia las decisiones y propuestas de su Pastor.

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“Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijo suyos” (Gal. 4, 4-5 ).

Nuestra condición de Hijos, que ha recordado el Apóstol San Pablo en la segunda lectura, permite asegurar que el proyecto de Dios para la Humanidad es lograr que seamos una familia, donde reconozcamos a Dios como nuestro Padre, y nos reconozcamos como hermanos en Jesucristo; y recorriendo este camino bajo la guía del Espíritu Santo seremos herederos del Reino de Dios, seremos partícipes de la vida divina en plenitud para toda la eternidad.

La familia que Dios quiere es una familia que viva en comunión y genere la unidad, ya que la comunión es la característica de la vida de Dios Trinidad. El esfuerzo que se requiere indudablemente es mayúsculo, pero contamos con el apoyo divino.

Por ello, con gran esperanza les anuncio que el próximo 30 de abril los Obispos Auxiliares y un servidor con la ayuda de los Presbíteros y Agentes de Pastoral iniciaremos el proceso de la Visita Pastoral a las parroquias de nuestra Arquidiócesis para conocer la situación actual de las comunidades y para impulsar el camino sinodal que ha señalado el Papa Francisco, como estrategia para responder a los grandes desafíos que presenta el mundo actual.

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