El sacerdote mexicano que fundó una congregación y podría ser santo

Uno de los candidatos de la Arquidiócesis de México a los altares es el Venerable Antonio Repiso Martínez de Orbe, jesuita.

Uno de los candidatos de la Arquidiócesis de México a los altares es el Venerable Antonio Repiso Martínez de Orbe, jesuita, quien el 15 de noviembre de 1898 fundó la Congregación de las Hermanas del Divino Pastor, y que el 14 de enero de 1900 la llevó al Oaxaca pensando en las múltiples comunidades indígenas de la entidad.

Él nació el 8 de febrero de 1856, en Venta de Córdoba, Chalco, Estado de México, y fue hijo de Francisco Repiso Membrilla y de Carlota Orbe. A los 12 años expresó su vocación sacerdotal a la cual se opuso su padre por ser el único hijo varón, sin embargo, superó todos los obstáculos y en 1870, a los 14 años, ingresó al Seminario Conciliar de San Camilo en la Ciudad de México.

Era un joven con vocación firme. Sus biógrafos dicen que hacía el camino a pie de ida y vuelta, desde Iztacalco hasta el centro de la ciudad que estaba separada a seis kilómetros, y permanecía en el Seminario, desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche, en medio de la dura oposición de su padre.




Puedes leer: María Angélica Álvarez Icaza, una religiosa mexicana que podría ser beata

Al fin fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1878, cuando tenía 25 años de edad, y lo nombraron Vicario auxiliar del Párroco de la Villa de Guadalupe, lo que demuestra su gran amor mariano al estar tan cerca de la Morenita.

En 1883 lo cambiaron a la Parroquia de la Asunción en Pachuca, Hidalgo, y el 10 de mayo de 1884, recibió una nueva encomienda: Villa Victoria. Para 1889 fundó una escuela parroquial en San Andrés Chiautla, en el Estado de México, y en 1891 fue nombrado párroco de Xochimilco, donde abrió otro colegio adjunto al templo.

Misiones del padre Antonio Repiso 

El 14 de agosto de 1893, a los 37 años y después de asistir a las misiones del Padre Antonio Labrador, ingresó a la Compañía de Jesús, trasladándose al Noviciado de San Simón, Michoacán, un lugar con pocas comodidades por lo cual los seminaristas con ironía lo llamaban “Casa de Probación”.

En 1897 fue enviado a Oaxaca, donde se distinguió como confesor y director espiritual de amplias comunidades. En 1902 trabajó como misionero en Puebla hasta que le apareció un “granito” que se convirtió en una llaga cancerosa que terminó por abarcar toda su espalda, y era tan profunda que se le veían las vértebras. A pesar de su enfermedad, no dejó de ejercer su ministerio.

En 1903 fue nombrado Ecónomo de la Casa de San Simón y al año siguiente fue enviado a la Sierra Tarahumara para trabajar al lado de los indígenas. Desde 1900, en la entidad se construían los ferrocarriles Chihuahua al Pacífico y Río Grande a la Sierra Madre, pero de momento Antonio Repiso llegó a Nonoava el 27 de junio de 1905.

En la sierra permaneció hasta 1920, cuando Pancho Villa se rindió ante los convenios de Sabina y Coahuila. El padre Repiso, entonces, fue destinado al Curato de Tepotzotlán, en el Estado de México y tres años después, a León, Guanajuato, como Superior de la residencia y Operario del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Durante la persecución religiosa que inició en 1926, la gente lo llamó “El Apóstol de la Eucaristía”; tenía Sagrarios repartidos por todo León y cada semana daba la sagrada comunión de manera clandestina.

El padre Repiso murió en la ciudad de León el 27 de julio de 1929, a causa de la llaga cancerosa en la espalda.

El 13 de junio de 1994 se concluyó el Proceso Diocesano, y el 12 de diciembre de 1997 se terminó la Fase Romana del Proceso de Beatificación. En 1998, se inició la etapa de investigación de un milagro por mediación del padre Antonio Repiso de los cuales existen varios reportes que se estudian.

Puedes leer: Por su labor en la Sierra Tarahumara, este mexicano se volvió santo

Compartir




Publicidad