Iglesia en México

Dr. Medina Balam: cero tolerancia y cero impunidad contra abusos

El Dr. Mario Medina Balam habló sobre el origen del término "tolerancia cero" y su aplicación en el ámbito eclesial contra los abusos sexuales.
Dr. Mario Medina Balam
Foto: María Langarica

Al hablar de “tolerancia cero” en materia de abusos sexuales en contra de los menores, el Dr. Mario Medina Balam, Decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de México (UPM), destacó la importancia de aplicar siempre medidas preventivas en todos los casos, y afirmó que en todo momento se debe apegar al Derecho.

En su conferencia “La prevención de los abusos desde el principio tolerancia cero”, en el Congreso Latinoamericano sobre la prevención del abuso de menores, que se realiza en la UPM, explicó que el término proviene de los años 90, y fue aplicado en el plano civil, por Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, y que con esta medida de carácter represivo en contra de la delincuencia, la logró disminuir hasta en un 40 por ciento.

El concepto lo adoptó la Iglesia, por medio del Papa Francisco, para definir la no tolerancia a un abuso sexual; no obstante, san Juan Pablo II ya había dicho en el 2002 que en la vida religiosa y sacerdotal no hay lugar para quienes causan daños a la infancia y a la juventud.

“La Iglesia debe aplicar el principio de tolerancia cero en todas las fases –dijo– poniendo todos los medios a su alcance para eliminar los abusos a menores, y también debe actuar con cero impunidad, por lo que se debe es sancionar al responsable de un delito, en plena colaboración con la autoridad civil.

Prevenir desde el seminario

El especialista destacó la importancia que tiene la selección de candidatos al sacerdocio y la de quienes sostienen cargos en los que tratan con infantes.

Cabe mencionar que, previo a esta conferencia, los participantes analizaron siete prioridades de la Iglesia católica en esta materia: la protección al menor; el acompañamiento a las víctimas, incluyendo a los familiares de la persona que cometió el delito; el no callar, no encubrir y no subestimar; nunca renunciar a su misión evangelizadora; la rendición de cuentas por parte de los obispos; el actuar con pleno profesionalismo; y la estrecha colaboración con la autoridad civil.

Estos desafíos van de la mano con las siguientes acciones: promover la cultura del buen trato, actuar con justicia y verdad; procurar la reparación del daño y evitar la repetición del delito; hacer de la Iglesia un hogar seguro; y la mutua confianza y apoyo con las autoridades civiles.

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