Iglesia en México

Cardenal Carlos Aguiar: Seremos una Iglesia en salida

El Cardenal Carlos Aguiar explica los retos, los proyectos que vienen y las estrategias para alcanzarlos.
El Cardenal Carlos Aguiar y su Consejo Episcopal. Foto: María Langarica
El Cardenal Carlos Aguiar y su Consejo Episcopal. Foto: María Langarica

Fue el 5 de febrero de 2018 cuando el Cardenal Carlos Aguiar inició formalmente su ministerio al frente de la Arquidiócesis Primada de México, sucediendo al Cardenal Norberto Rivera. Ese día afirmó que “nuestros problemas y conflictos como sociedad han crecido, y el factor de la globalización los ha vuelto más complejos”.

En su mensaje a los fieles también señaló que “la buena voluntad y la disposición de generar proyectos para superar los problemas, harán viables los caminos de reconciliación y justicia”.

A un año de este evento, el Arzobispo cuenta, en entrevista con Desde la fe, cuáles son las acciones pastorales que ha emprendido, y sus prioridades para atender los retos que le presenta la Arquidiócesis y la provincia eclesiástica.

¿Cómo será la relación con el nuevo gobierno de la capital del país?, ¿qué cambios habrá con las nuevas diócesis que fueron solicitadas al Papa Francisco?, y ¿cuál es su mayor anhelo al frente de esta Iglesia particular?, son algunas de las preguntas que el Cardenal Aguiar responde.

El Arzobispo también habla de nuevas tareas que iniciarán en la próxima Cuaresma, que tendrán la finalidad de identificar los ambientes en los que la Iglesia debería estar presente “para llegar a aquellos que están necesitados de nosotros”,

El Cardenal sabe que la Iglesia capitalina debe ofrecer un testimonio convincente en la parte doctrinal y en su conducta social. “Aquí está el arte y la clave de lo que tenemos que hacer”, dice.

La entrevista está acompañada de la palabra de los Obispos Auxiliares y Vicarios Episcopales, quienes nos comparten su visión y las acciones que han implementado en sus jurisdicciones.

Los líderes de las ocho Zonas Pastorales en que está organizada la Arquidiócesis nos hablan del apoyo a la estrategia del Cardenal para responder a las realidades y problemáticas que coexisten en la capital del país. Son voces de los pastores que tienen bajo su responsabilidad la atención espiritual de una las comunidades católicas más grandes del mundo.

A un año de haber iniciado su ministerio como Arzobispo Primado de México, ¿cuáles son las principales diferencias que ha encontrado en la capital del país en relación con otras diócesis de las que ha sido obispo, particularmente Tlalnepantla?

Para responder a esta pregunta, traigo a cuenta la observación que me hizo el Arzobispo Emérito de Yucatán, monseñor Emilio Berlie, cuando se dio a conocer mi nombramiento. Me dijo: “¿Te has fijado cómo Dios te preparó para llegar a la Arquidiócesis de México? Porque primero te llevó a Texcoco, después a Tlalnepantla, y ahora a la Ciudad de México?”

En el Valle de México se vive una realidad. Muchos de los habitantes de Tlalnepantla consideran que están en la Ciudad de México. Por ello, a Tlalnepantla le ha costado lograr una identidad, aunque tiene poco más de 50 años de haber sido creada la diócesis, muchos siguen pensando que es parte de la Arquidiócesis de México.

Pero independientemente de la identidad, son muchas más las coincidencias que las diferencias en cuanto a las realidades. Es el tamaño de la Arquidiócesis de México lo que marca la gran diferencia. Mientras que Tlalnepantla tiene una población cercana a los tres millones de habitantes, la Arquidiócesis de México está sobre los nueve millones; tres veces más, y eso se refleja en todas las estructuras. Se necesita un equipo mayor: aquí tenemos más obispos auxiliares, en Tlalnepantla sólo tenía dos; más presbíteros, y no se diga las congregaciones religiosas, ahí sí, no son tres veces más, sino muchas más.

Durante este año, he ido encontrando la forma para poder responder a esta realidad.

¿Cuáles son las tres principales prioridades pastorales para este 2019?

Hay varios aspectos que me preocupan. Algunos de ellos los iniciamos en 2018, como la reforma en la formación sacerdotal, donde hemos establecido criterios para favorecer una formación humana, espiritual y pastoral más adecuada a la realidad que vive la Ciudad de México.

También hemos iniciado un proceso importante de levantamiento de información en las 20 instancias diocesanas que relativamente tenían una autonomía. Esto nos ha permitido aplicar una centralidad en los servicios para llevar un mayor orden y claridad, y responder de esta manera a las exigencias jurídicas, fiscales o legales. Estos aspectos seguirán caminando, pero hay que acompañarlos.

En 2019 una de las principales prioridades es la comunión operativa. Como he señalado en otras ocasiones, la Ciudad de México tiene muchas potencialidades, hay mucho trabajo, pero nos falta esta comunión operativa; es decir, no solamente tener buenas experiencias a lo largo del territorio arquidiocesano en cuanto a pastorales, atención a grupos vulnerables, trabajo en hospitales o en cárceles, sino también conocer lo que hacen unos y otros; alcanzar una comunión que nos ayude a tener mayor relevancia en la vida social de la ciudad. Desde luego que esto no se logra en un año, pero sí hay que incentivarlo con toda conciencia, y seguirlo acompañando.

Otro aspecto fundamental es encausar y responder a la exigencia del Papa Francisco, quien nos ha pedido a los obispos que hagamos de nuestras Iglesias particulares Iglesias sinodales, donde las decisiones partan siempre de la escucha recíproca, del discernimiento en conjunto, y que la presentación de propuestas a llevar a cabo en materia de pastoral, lleguen a la autoridad -al obispo en última instancia- habiendo sido trabajadas antes por las comunidades eclesiales.

Este camino sinodal, en el que la Arquidiócesis tiene ya una gran experiencia desde el II Sínodo Arquidiocesano, hay que retomarlo, intensificarlo y actualizarlo con las propuestas que ha hecho el Papa. Estos son aspectos que estamos iniciando desde este mes de enero. Las he presentado al Consejo Episcopal, al Colegio de Decanos y al Consejo Presbiteral.

¿Cuál es su mayor anhelo para esta Arquidiócesis?

Es importante decirlo. Mi mayor anhelo es lograr que el sustrato de catolicidad y de los valores propios del Evangelio, emerjan en esta ciudad como estilo de vida, como expresión cultural, todo fundamentados en el reconocimiento de la dignidad humana. Este es mi gran sueño. Que nos respetemos y nos ayudemos. Hay muchas expresiones que nos hablan de la existencia de este sustrato de catolicidad. Por ejemplo, cuando han ocurrido terremotos, en esta ciudad se manifiesta de manera muy clara la solidaridad. Pero tenemos que pasar de esto –que por supuesto es muy bueno- a ser una sociedad en la que esos valores aparezcan no sólo en las emergencias, sino en la vida cotidiana, para ser una sociedad fraterna.

¿Cómo lograr que los católicos capitalinos tengan un mayor compromiso con la Iglesia, y que eso redunde en un beneficio para la sociedad en general?

Una de las cosas que nos ha pedido el Santo Padre es ser una Iglesia en salida, auténticamente misionera; es decir, que salgamos a los ambientes donde se encuentran las personas más vulnerables o con necesidades más evidentes. Este es un proyecto que vamos a iniciar en la próxima Cuaresma; iremos identificando esos ambientes en los que debiéramos estar, pero no estamos presentes. Esta labor será determinante para llegar a aquellos que están necesitados de nosotros.

Creo que esta sensibilidad, y el actuar en favor de ellos, nos permitirá dar un testimonio convincente, no solamente por la bondad de las enseñanzas de Cristo en lo que respecta a lo doctrinal, sino en la expresión de nuestra conducta social. Aquí está todo el arte y la clave de lo que tenemos que hacer.

¿Es difícil para el Arzobispo atender las diferentes realidades que se viven en Ciudad de México?

Debo confesarlo, me ayuda mucho el hecho de llegar aquí con casi 22 años de experiencia episcopal. Aunque en menor tamaño, eso siempre pasa en todas las diócesis. El obispo tiene que atender a todos los sectores: empresarial, obrero, jóvenes, adultos mayores, niños, y tiene uno que estar atento a escucharlos y favorecer su desarrollo y crecimiento, de manera que hoy el reto más bien es el tamaño, no tanto la diversidad de sectores. Para ello debo tener una estrategia: mayor participación de los colaboradores para poder atenderlos a todos, aunque no sea personalmente en un primer o segundo momento, sino con un acompañamiento estratégico, y finalmente, sí tener encuentros o reuniones con ellos.

Una de las acciones más llamativas ha sido solicitar al Papa la creación de tres nuevas diócesis desmembradas de la Arquidiócesis de México, ¿A qué responde?

En primer lugar, a la grave carga que tiene hoy el Arzobispo de México. En una arquidiócesis tres veces más grande que la de Tlalnepantla –que por cierto está considerada dentro de las seis más grandes del país- es imposible ser pastor cercano, conocido, y valorar el trabajo que realizan los sacerdotes y las comunidades. Con la creación de nuevas diócesis, ciertos ámbitos homogéneos, como son Xochimilco, Iztapalapa y Azcapotzalco, tendrán un obispo propio, cercano, y los fieles podrán sentir a su pastor.

En segundo lugar, el proyecto contempla generar una nueva provincia eclesiástica en la Ciudad de México; es decir, la Arquidiócesis de México y sus tres sufragáneas: Diócesis de Azcapotzalco, Diócesis de Iztapalapa y Diócesis de Xochimilco, serían una sola provincia, con mayor coordinación y comunión. Por ejemplo, vamos a buscar trabajar en la homologación de los procesos pastorales, ayudarnos solidariamente en la atención y formación de los sacerdotes, en la resolución de casos de nulidad matrimonial y otros asuntos con un solo tribunal eclesiástico. En fin, son seis o siete coordenadas que nos permitirán mantener unidad en la futura Provincia Eclesiástica de México. Pero esto tardará; si llega pronto, sería en los últimos tres meses del año.

¿Cómo será la relación con el Gobierno de la CDMX, con un nuevo partido en el poder y una nueva administración?

Con el Gobierno de la Ciudad de México estamos tejiendo una relación cordial, de interés mutuo, y hay reciprocidad. Creo que son muchos los temas en los que podemos colaborar, y al gobierno le facilita el hecho de que haya un mejor tejido social, una mejor reciprocidad por parte de la feligresía católica, que finalmente son los mismos ciudadanos; yo tengo confianza y esperanza en que tendremos muchos ámbitos de colaboración para bien de la sociedad.

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En la Ciudad hay temas que han confrontado a la Iglesia con las autoridades, por ejemplo, la familia y la vida. ¿Qué pasará al respecto?

Aquí hay que favorecer la visión sobre lo que implica la familia y el respeto a la vida. Debemos trabajar para lograr una sociedad en la que se tenga conciencia de que la vida humana es una prioridad, y que para generar esa conciencia y ese respeto a la dignidad humana, la familia constituye uno de los factores o instancias de base.

La familia favorece el respeto a la vida, pues una buena educación básica, genera ciudadanos positivos. Entonces, la valoración de estos elementos implica que a futuro tendremos una mejor sociedad, más aún si esto lo complementamos con el hecho de que la sociedad de este siglo tiene una gran conciencia de la importancia de los derechos humanos.

Pero nos hace falta subordinación de esos derechos. Desde 1948 se establecieron 18 derechos humanos universales, en los que está el derecho a la vida, a la educación, a la salud, etcétera. Se llaman derechos universales porque afectan a todo ser humano y tienen, por tanto, prioridad dentro de los derechos. Y luego viene un segundo nivel que son los derechos sectoriales, como los derechos de los adultos mayores, de los que tienen alguna discapacidad, de los niños, de las mujeres. Pero esos nunca tienen que ir en contra de los 18 derechos que afectan a todos porque, como bien señaló el Papa en su encíclica Evangelii Gaudium, el todo es mayor que la parte.

Ahí es donde tenemos que favorecer el diálogo, no simplemente manifestarnos a favor o en contra de algo, sino ir al fondo de las cuestiones. Lo que nos afecta a todos, tiene que servir de criterio, de prioridad, sobre lo que afecta a una parte. De esta forma, a través del diálogo, podemos entendernos mejor y ayudar a solucionar los problemas que se derivan de la falta de respeto a estos derechos humanos.