Historias de Fe

El padre Rogel, el último gigante del Seminario

Toda su vida ministerial la dedicó a la institución cuya biblioteca ahora lleva su nombre.
Último gigante del Seminario
Gran figura en el Seminario.

Al padre Héctor Rogel el llamado de Dios le llegó de la forma más inaudita. Un día, su padre los llamó a él y a sus hermanos y les anunció el oficio que desempeñarían durante toda su vida. A uno le tocó ser maestro albañil, otro más, carpintero; “a mí me tocó ser sacerdote”.

“Yo no lo elegí, pero he sido muy feliz”, recordaba hace algunos años en entrevista con Desde la fe.

Leer: El sacerdote más longevo de la Arquidiócesis de México

El sacerdote tiene ya 92 años; poco a poco, su salud física y sus condiciones de movilidad han mermado, y aunque ya no puede caminar solo por los pasillos del Seminario, mantiene su andar erguido y -a su paso- recoge las miradas de todos los que se cruzan con él. El padre Rogel es una leyenda, el último de los grandes profesores del Seminario Conciliar, donde prestó servicio toda su vida sacerdotal.

En la segunda mitad del siglo XVII fue fundado el Seminario por el Obispo Francisco de Aguiar y Seijas, quien ordenó la construcción de una biblioteca que con los años fue creciendo a partir de la compra de libros y de los acervos que los sacerdotes dejaban al morir. Siglos más tarde, en 1928 –recordaba el padre en aquella entrevista–, tuvo lugar la persecución religiosa por parte del Gobierno y, con ello, el cierre del Seminario, que entonces estaba en la calle de Regina.

La biblioteca fue confiscada hasta que en 1940 fue devuelta a la Iglesia por órdenes del entonces director de Bibliotecas de México, Agustín Yáñez.

“Todos los libros llegaron al actual edificio del Seminario Mayor –en Tlalpan– y fueron depositados en una bodega; años después serían colocados donde están ahora, pero sin ningún orden, bajo la consigna de que todo aquel que tuviera manos ayudara a escoger y a trasladar libros”.

“A mi regreso de Roma, en 1959, me nombraron director del recinto, cuando el rector del Seminario era el padre Guillermo Schulemburg, y encontré un revoltijo monumental; diez años me llevó clasificar y depurar las obras, quedándome con unas 30 mil; vendí las repetidas a un sacerdote en 100 mil pesos, unos dos millones de ahora, y con ese dinero compré nuevos títulos”, contó entonces el también Canónigo Honorario de la Catedral.

La biblioteca tiene cerca de 200 mil obras, divididas en: Fondo Antiguo, siglos XV al XIX, Acervo General y Hemeroteca. En reconocimiento a su titánica labor, desde hace ya algunos años, la Biblioteca del Seminario Conciliar de México lleva por nombre ‘Héctor Rogel’.

En una reciente entrevista hecha por la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis de México, el padre, con la sabiduría que da la experiencia, regaló a los seminaristas un consejo que vale oro: “pórtense bien y encomiéndense a Dios y a la Virgen de Guadalupe”.

Puedes leer: Literatura católica, una riqueza capaz de cambiar vidas

Comentarios