El artesano ciego de Oaxaca: “Con mi discapacidad me he ganado a Dios”

Con el apoyo de su esposa, don José García Antonio se ha convertido en uno de los artesanos más talentosos de Oaxaca.
Don José García Antonio. Foto: Soy Nativo.
Don José García Antonio. Foto: Soy Nativo.

Exactamente un mes después de que le diagnosticaron un glaucoma muy avanzado, hace más de 20 años, don José García Antonio dijo a su mujer: “ahora sí ya no veo nada”. 

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Santa Reyna Teresita cayó en depresión.  Con sus hijos aún pequeños, no se resignaba a aceptar que hasta ahí había llegado el oficio de su marido, un talentoso artesano indígena de 55 años, originario del pueblo de San Antonio Castillo, Oaxaca, que llevaba toda la vida trabajando el barro.


Esta historia fue narrada por don José y su esposa en una extensa entrevista para Soy Nativo.

‘No llores, princesa’

Ante esta difícil situación, para sacar adelante a la familia, Santa Reyna comenzó a salir de casa cinco días a la semana, para vender yuca en la capital y otros pueblos cercanos.

“Cuando llegaba de vender, mi esposo estaba descansando, sentadito; yo, que estaba acostumbrada a verlo siempre aplanando el barro, me sentía muy triste y lo único que hacía era llorar”. 

“Él me decía ‘no llores, princesa, porque yo soy el hombre. Yo soy la cabeza del hogar, y tengo que trabajar para que coman tú y mis hijos”. 

Don José en su taller. Foto: Facebook José García Antonio.

Don José en su taller. Foto: Facebook José García Antonio.

Poco a poco, las pocas piezas que don José había dejado terminadas comenzaron a escasear. Un día, una joven pareja de Japón tocó a la puerta del taller y quiso comprar -al precio que fuera- las últimas figuras de mujer moldeadas por él. 

Pese a que aquel dinero caería muy bien a la familia, Santa Reyna se negaba a vender -eran las últimas piezas de su esposo-, pero aquellos turistas insistieron, subieron la oferta, y finalmente aceptó.

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“Cuando las acabé de empacar no aguanté y derramé lágrimas. La pareja, muy jovencita, me abrazaron y me dijeron ‘ya no te pongas triste’, a lo mejor tu esposo ya no va a ver, pero va a seguir trabajando el arte’. 

No fue sólo un buen deseo, aquellos japoneses aseguraron que orarían a Dios para que, pese a su nueva discapacidad, don José volviera a trabajar. 

Aún escéptica, Santa Reyna pidió a sus hijos que le ayudaran a remojar y preparar barro y sentó a don José frente a su mesa. El hombre tomó un poco de la mezcla, hizo una sencilla figurilla de un burro y le pidió a ella que hiciera los acabados. 

Poco a poco, surgió la magia: las figuras comenzaron a ser cada vez más complejas y  bellas, y la perfecta mancuerna que ya formaban como marido y mujer, se trasladó al taller: él moldeaba y ella se encargaba de las partes más delicadas, los ojos, la boca, la nariz… 

“Ese ser supremo, al que llamamos Dios, me dio un galardón, un regalo, una mujer hermosa (…) hay una gran fuerza entre nosotros, que es el amor”, contaba José emocionado en otra entrevista. 

“Mi esposa son mis ojos, mi esposa es el tercer brazo, porque yo hago esculturas del tamaño de una persona y hasta más grandes; ella les da el acabado, ella compone bien el rostro, principalmente a las esculturas de mujer (…) ella da muy buen terminado, se ha ganado también la admiración y el afecto de muchas personas”.

Don José y su esposa Santa Reyna. Foto: Facebook José García Antonio.

Don José y su esposa Santa Reyna. Foto: Facebook José García Antonio.

‘Me he ganado la buena opinión de Dios’ 

Cada palabra de Don José, es una lección de vida. Con voz fuerte y segura, explica que nunca perdió la fe y la confianza de que, pese a su discapacidad, podría seguir trabajando y manteniendo a su familia. 

“Se me opacó la vista, se me opacaron las ventanas del alma, pero lo grandioso es que no se me apagó la vida”, asegura don José, a conocido también como ‘El señor de las sirenas”, pues muchas de sus figuras están inspiradas en estas criaturas mitológicas.

 “Yo me siento responsable de un hogar, de una familia. Ya mis hijos crecieron, ya comen solos, pero hoy trabajo con mi esposa para el bien de nosotros, para que en mi mesa no falte el pan de cada día”.

Pero, ¿Cómo logró salir adelante después de quedar ciego? 

“No me dejé caer en depresión, porque la depresión trae tristeza, amargura, desesperación y nos mete en un callejón sin salida, yo no me dejé vencer por eso”, aseguró.

“Así, discapacitado como soy, pero se me desarrolló el tacto, el sentido, el oído, y esto es hermoso porque, con esta discapacidad y trabajando, me he ganado yo creo que la buena opinión ante los ojos de Dios todopoderoso, y la mirada de muchos ciudadanos y ciudadanas”.

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