¿Qué implica una atención médica centrada en la persona y no solo en la enfermedad?
Especialistas reflexionan sobre cómo humanizar la salud, reconocer la dignidad del paciente y promover una atención médica centrada en la persona.
En un contexto sanitario cada vez más presionado por la tecnología, la sobrecarga laboral y la fragmentación de los servicios médicos, volver al fundamento humano de la medicina se ha convertido en una urgencia ética.
Durante el webinar “Humanizar la salud hoy: dignidad, ética y acompañamiento”, organizado por la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis Primada de México, la doctora Bibiana Patricia Ruiz Sánchez y el doctor Jorge Luis de León Rendón reflexionaron sobre la necesidad de recuperar una atención verdaderamente centrada en la persona.
Ambos especialistas coincidieron en que no se trata de añadir algo nuevo a la medicina, sino de redescubrir su sentido original: no combatir “una enfermedad”, sino de cuidar al paciente desde cada una de las diferentes dimensiones.
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¿Cómo podemos pasar entonces de ver pacientes a reconocer verdaderamente personas?
El doctor Jorge Luis de León advirtió que la medicina contemporánea ha sufrido un proceso de despersonalización. Los avances tecnológicos y la presión asistencial han llevado, en muchos casos, a reducir al enfermo a un número de cama o a un diagnóstico.
“No es añadirle algo extra a la medicina, es recuperar su sentido original”, explicó. Recordó que la medicina nació para cuidar personas, no solo para tratar enfermedades.
Desde su perspectiva, el problema radica en una visión fragmentada del ser humano, donde se privilegia la dimensión biológica y se descuidan otras esferas fundamentales.
Por su parte, la doctora Bibiana Ruiz enfatizó que reconocer a la persona implica entender que “somos más que un cuerpo”. La dignidad, subrayó, no depende del estado de salud ni de la productividad, sino de la condición misma de ser humano.
“Una persona es sujeto de derecho”, afirmó. Desde la visión cristiana, añadió, esa dignidad encuentra su raíz en la imagen y semejanza de Dios, cuya misión fundamental es el amor.
Vivimos en una sociedad que cosifica a las personas. ¿Qué riesgos existen cuando reducimos al ser humano únicamente a su dimensión biológica?
Reducir al paciente a su dimensión corpórea implica perder el sentido profundo de su existencia, advirtió el doctor Jorge. Entre las dimensiones olvidadas, destacó la espiritual.
“La espiritualidad rige el sentido de la vida, nuestras acciones y valores. No se trata necesariamente de religión, sino de la capacidad humana de buscar significado, reconciliación, esperanza y trascendencia. Si el profesional sanitario ignora esa dimensión, el paciente corre el riesgo de no ser reconocido plenamente: como alguien capaz de amar, perdonar, elaborar pérdidas o expresar angustias”.
Desde una visión cristiana, añadió, esta dimensión permite descubrir en quien sufre el rostro de Cristo y otorgar sentido al dolor.
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¿Qué significa una atención centrada en la persona y no solamente en la enfermedad?
Para la doctora Bibiana Ruiz, la atención centrada en la persona implica superar la tentación de reducir al enfermo a un estudio de laboratorio o a un expediente clínico.
“El objetivo no es ganarle a la muerte, es acompañar al que sufre”, afirmó.
La especialista subrayó la importancia de respetar la racionalidad y la voluntad del paciente. Informar adecuadamente, permitir que comprenda su padecimiento y acompañarlo en la toma libre y responsable de decisiones forma parte esencial del cuidado integral.
Reconocer su autonomía, añadió, es reconocer también su dignidad.
¿Cómo pueden los profesionales sanitarios convertirse en custodios de la dignidad humana, incluso en contextos de presión y sobrecarga laboral?
El doctor Jorge reconoció que no es una tarea sencilla. Sin embargo, insistió en que la ciencia no está reñida con la humanidad.
“La medicina moderna avanza, pero eso no significa que debamos perder el sentido humano”, explicó.
Integrar las dimensiones espiritual, emocional, social e intelectual en la atención médica forma parte de la responsabilidad profesional. No basta el éxito técnico; también cuenta la calidad del encuentro humano.
Además, subrayó que humanizar la salud implica cuidar a quienes cuidan. La fatiga moral, el individualismo y la presión institucional pueden erosionar la vocación de servicio si no existen entornos laborales solidarios.
¿Qué desafíos éticos surgen cuando el sufrimiento se prolonga en el tiempo?
La doctora Bibiana destacó que el sufrimiento, aunque doloroso, puede convertirse en espacio de aprendizaje y transformación.
“En la vulnerabilidad hay mucho que descubrir”, señaló.
Acompañar el dolor no solo beneficia al paciente, sino también al profesional sanitario, quien puede confrontarse con sus propios valores y fragilidades. No obstante, reconoció que muchas veces la sociedad evita el sufrimiento, lo estigmatiza o impide que se exprese abiertamente.
Desde la fe cristiana, recordó que el acompañamiento adquiere una dimensión trascendente: “En el camino hay un Jesús que nos dice: ‘Yo estoy ahí’”.
¿Qué actitudes deberían caracterizar a un sistema de salud verdaderamente humano?
Para el doctor Jorge, los contextos de fragilidad —enfermedad crónica, terminalidad, sufrimiento emocional— hacen visible la necesidad de una atención más cercana.
El paciente suele experimentar pérdida de control, incertidumbre y soledad. Por ello, el acompañamiento y la empatía se vuelven esenciales.
Humanizar la salud, insistió, es una responsabilidad comunitaria: involucra instituciones, equipos médicos, familias y sociedad. No puede recaer en una sola persona.
¿Cómo fortalecer la identidad del profesional sanitario católico sin excluir a quienes no comparten la fe?
La doctora Bibiana propuso tender puentes desde la bioética.
Explicó que, además del enfoque principialista (autonomía, justicia, beneficencia y no maleficencia), existe una corriente personalista que pone en el centro la dignidad humana como fundamento antropológico.
“No es que una corriente excluya a la otra; se complementan”, aclaró.
El respeto por la vida, dijo, no depende de la adhesión religiosa, sino del reconocimiento de una dignidad inalienable. “Ningún ser humano puede afirmar que su vida vale más que la de otro”.
¿Qué formación necesitan hoy los agentes sanitarios para transformar la cultura institucional?
Finalmente, el doctor Jorge sostuvo que la transformación comienza por el ejemplo.
Humanizar la salud no se reduce a discursos, sino a prácticas concretas que involucren a todo el equipo hospitalario: desde el personal de limpieza hasta el médico especialista.
“La calidad en salud no puede medirse solo con indicadores clínicos, sino también por la experiencia humana que brindamos”, afirmó.
En esa línea, los profesionales de la salud están llamados a ser custodios de la dignidad humana, entendiendo que su misión va más allá del éxito técnico y se juega también en la forma de comunicar, decidir y relacionarse.





