Sinodalidad: ocho pasos para vivir el “caminar juntos” en tu parroquia
Conoce cómo aplicar la sinodalidad en tu comunidad parroquial con pasos claros de escucha, discernimiento y acción pastoral, para fortalecer la comunión, misión y participación.
La sinodalidad —que del griego syn-odos significa “caminar juntos”— es hoy una llamada urgente de la Iglesia católica a vivir la comunión, la participación y la misión como estilo cotidiano de toda comunidad eclesial, y que debe tener como base el trabajo conjunto desde la parroquia.
Así, la sinodalidad ya no se trata de un método ocasional o de un proceso aislado, sino de una forma de ser Iglesia que implica a todos los fieles bautizados en un camino conjunto guiado por el Espíritu Santo, con escucha, diálogo y discernimiento comunitario.
Tras la realización de las dos sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en 2023 y 2024, y la publicación de los documentos que orientan la fase de implementación, las Iglesias locales están llamadas a traducir estas perspectivas sinodales en prácticas concretas que transformen la vida parroquial desde adentro hacia afuera.
Por lo anterior, a continuación presentamos una guía práctica con pasos y procesos formativos claros para que cada parroquia pueda comenzar o profundizar su camino sinodal.
La sinodalidad en la Iglesia particular
Según se establece en el documento “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia”, elaborado por la Comisión Teológica Internacional, el primer nivel de ejercicio de la sinodalidad tiene lugar en la Iglesia particular, ya que en ella “se produce la participación plena y activa de todo el Pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la misma eucaristía, en una misma oración, junto al mismo altar donde preside el Obispo rodeado de su presbiterio y ministros”.
Añade que los vínculos de historia, lenguaje y cultura, que en ella plasman las comunicaciones interpersonales y sus expresiones simbólicas, trazan el rostro peculiar, favorecen en su vida concreta el ejercicio de un estilo sinodal y constituyen la base para una eficaz conversión misionera.
“En la Iglesia particular el testimonio cristiano se encarna en específicas situaciones humanas y sociales, permitiendo una incisiva activación de las estructuras sinodales al servicio de la misión”, pues como subrayó el Papa Francisco, “sólo en la medida en que estos organismos permanezcan conectados con lo ‘bajo’ y partan desde la gente, de los problemas cotidianos, puede comenzar a tomar forma una Iglesia sinodal”.
“El ejercicio de la sinodalidad en este nivel”, establece, “promueve el camino común de las Iglesias particulares, refuerza los vínculos espirituales e institucionales, favorece el intercambio de dones y sintoniza las opciones pastorales. En particular, el discernimiento sinodal puede inspirar y alentar opciones comunes para «procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura»”.
La sinodalidad en la vida parroquial
De la misma manera, la Comisión Teológica Internacional, sostiene que la parroquia es la comunidad de fieles que realiza en forma visible, inmediata y cotidiana el misterio de la Iglesia, ya que en ella “se aprende a vivir como discípulos del Señor en el interior de una red de relaciones fraternas”.
En dicha red, explica, “se experimenta la comunión en la diversidad de las vocaciones y de las generaciones, de los carismas, de los ministerios y de las competencias, formando una comunidad concreta que vive en sólido su misión y su servicio, en la armonía de la contribución específica de cada uno”.
Asimismo, sostiene que en ella se prevén dos estructuras de perfil sinodal: el Consejo Pastoral Parroquial y el Consejo para los Asuntos Económicos, con la participación laical en la consulta y en la planificación pastoral.
La sinodalidad en la comunidad parroquial: el caso de la Arquidiócesis de México
La Arquidiócesis Primada de México implementó desde 2018 en su territorio arquidiocesano un proceso de actualización y renovación pastoral a fin de fortalecer la fidelidad a la misión encomendada por Cristo para difundir su palabra y sus enseñanzas, fundado en los principios de la sinodalidad planteada por el Papa Francisco.
Para cumplir con este proceso, el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, propuso seguir tres orientaciones pastorales fundamentales y dispuso una nueva estructura de acompañamiento que permita expresar mejor la comunión “que estamos llamados a vivir”.
“Estas orientaciones pastorales quieren disponer al Pueblo de Dios que peregrina en nuestra querida Arquidiócesis a responder a las exigencias que el cambio de época nos está presentando”, establece el documento “Organización Pastoral de la Arquidiócesis de México”.
Características de la nueva evangelización de la Arquidiócesis de México
De acuerdo a lo que se señala en texto, la nueva evangelización que impulsa la Arquidiócesis Primada de México está inspirada en tres características “que nos han de conducir hacia la conversión pastoral y misionera” a la que exhortó el Papa Francisco: nueva en su ardor, en su método y en sus expresiones.
Primer Orientación: Nuevo ardor
La primera orientación establecida por el Cardenal Aguiar Retes describe “el nuevo ardor” con el que se debe impulsar la evangelización, el cual brota de la fidelidad a la espiritualidad de comunión, que se debe convertir en principio educativo para hacer de la Iglesia casa y escuela de la comunión para la humanidad.
“Tal como Jesús vivió su fidelidad al estar en comunión con la voluntad del Padre y con las necesidades de quienes lo rodeaban, de la misma manera, si queremos ser fieles a la misión, hemos de renovar nuestra comunión con Dios y con el prójimo, amándonos como Dios nos ha amado”, señala Organización Pastoral de la Arquidiócesis de México.
Segunda Orientación: Método Pastoral Sinodal
En su segunda orientación, el Arzobispo Primado de México convoca a vivir un “método pastoral sinodal” fundado en el hecho de que la Iglesia, al ser una comunidad ungida, sigue los pasos de Cristo para peregrinar hacia la Patria Celestial, guiada por el Espíritu Santo, por lo cual está llamada a escuchar, discernir y actuar siguiendo los pasos de su Maestro y las inspiraciones del Espíritu.
Escuchar a todos: Para asegurar un diagnóstico de la realidad integral hacia afuera y hacia dentro de la Iglesia, ya que solo cuando se logre contemplar la realidad con “atención amante” y se escuchen unos a otros, laicos y pastores, comenzará un verdadero proceso de conversión pastoral que ayudará a ver “con los ojos de Dios Padre” e interpretar la realidad, discerniendo lo que el Señor quiere y lo que no quiere de su Iglesia.
Discernir: Nos invita a juzgar con los criterios del Hijo para proponer los posibles caminos pastorales que nos permitan seguir a Cristo como camino, verdad y vida.
Actuar: Finalmente, el método nos pide hacer vida, juntos como Iglesia, sobre aquello en lo que se ha discernido y decidido para impulsar el método pastoral sinodal.
“La sinodalidad a la que nos invita el Papa Francisco enriquece el método ver, juzgar y actuar, con la convicción de que es el mismo Espíritu de Dios, quien unge a laicos y pastores para caminar juntos en el cumplimiento de nuestra misión”, afirma el documento.
Tercera Orientación: Conversión Personal
La tercera orientación indicada por el Arzobispo Aguiar Retes propone a los fieles iniciar una “conversión personal y pastoral” que les permita vivir nuevas expresiones que impulsen una Iglesia en salida en misión permanente.
Lo anterior debido a que los cambios de la realidad actual exigen renovar la convicción de que todo cristiano es un sacramento del amor de Dios, un amor que siempre está saliendo a encontrarse con la humanidad, en especial en donde más se necesita de su consuelo y misericordia.
“Por lo tanto, todo miembro del Pueblo de Dios está llamado a evangelizar los ambientes en donde desarrolle su vida, para ello ha de acompañarlo la Iglesia con todas sus estructura pastorales”, destaca.
“Para cumplir nuestra misión como Iglesia”, puntualiza el documento, “necesitamos actualizar y renovar nuestras estructuras parroquiales, decanales y arquidiocesanas para que sean auténticas promotoras de esta evangelización en salida”.
Guía para desarrollar la sinodalidad en tu comunidad parroquial
Una vez que hemos comprendido lo que significa la sinodalidad y su importancia para la Iglesia católica, además de conocer el proyecto impulsado por el Cardenal Carlos Aguiar Retes en la Arquidiócesis Primada de México, te presentamos una guía práctica de ocho pasos para desarrollar la sinodalidad en la comunidad parroquial.
1. Entender qué significa sinodalidad en contexto parroquial
Antes de emprender acciones, toda comunidad debe comprender qué implica la sinodalidad:
- Una conversión espiritual y comunitaria que va más allá de reuniones; es una actitud abierta al Espíritu, una forma de vivir la fe en comunión y misión.
- Caminar juntos con todos los miembros del Pueblo de Dios, no solo con líderes o grupos activos.
- Discernir en comunidad, escuchando las voces diversas con respeto y apertura, según la metodología de la conversación en el Espíritu.
2. Constituir un equipo parroquial de sinodalidad
Es importante que se constituya un equipo parroquial de sinodalidad, esto es, un grupo plural integrado por laicos, religiosos y, cuando sea posible, jóvenes, representantes de movimientos y ministerios, llamado a coordinar las acciones sinodales en la parroquia.
Las funciones principales de este equipo son:
- Animar y organizar los espacios de escucha comunitaria.
- Integrar las propuestas del sínodo universal y local al contexto parroquial.
- Acompañar los procesos de discernimiento y seguimiento.
- Registrar y sistematizar aportes para compartirlos con la diócesis o vicaria correspondiente.
3. Iniciar con la escucha comunitaria
La sinodalidad comienza con la escucha, por un lado, de Dios en la Palabra y, por el otro, de los hermanos de nuestra parroquia en sus experiencias y esperanzas. Para lograrlo, estos son algunos pasos concretos:
- Momento de oración inicial, invocando al Espíritu Santo.
- Preguntas abiertas que permitan que todos expresen:
¿Cómo escuchamos a Dios en nuestra comunidad?
¿Qué nos ayuda o nos dificulta caminar juntos?
¿De qué manera podemos respondernos en misión? - Uso de la metodología de la “conversación en el Espíritu”, que combina oración, silencio, diálogo y síntesis compartida.
4. Facilitar espacios estructurados de diálogo
Organizar encuentros periódicos de diálogo con objetivos claros:
- Grupos pequeños de escucha para que más fieles puedan compartir sus vivencias.
- Encuentros temáticos que aborden aspectos esenciales como misión, inclusión, participación y vida comunitaria.
- Foros abiertos donde todos puedan aportar propuestas concretas de acción pastoral.
Es fundamental que quede claro que en estos espacios se debe privilegiar la escucha activa y respetuosa, evitando debates competitivos y promoviendo la apertura al Espíritu.
5. Discernimiento comunitario y síntesis de aportes
Una vez realizada la escucha, es esencial discernir juntos:
- Releer los aportes recibidos a la luz del Evangelio.
- Identificar elementos comunes que el Espíritu ha suscitado.
- Priorizar iniciativas que respondan a las necesidades pastorales locales.
- Elaborar una síntesis parroquial que pueda enriquecer el discernimiento diocesano.
Este proceso no es un simple reporte, sino una verdadera conversación espiritual que busca orientar el caminar conjunto a fin de fortalecer la labor evangelizadora desde la parroquia.
6. Promover la corresponsabilidad misionera
La sinodalidad no termina en la reflexión, sino que se expresa en la acción pastoral concreta que se realizará en desde la parroquia:
- Acompaña a los grupos parroquiales para que integren prácticas sinodales en su vida ordinaria.
- Fomenta la participación activa de la juventud, las mujeres, las familias y los más vulnerables.
- Establecer compromisos comunitarios claros y sustentables: acciones solidarias, renovaciones litúrgicas, proyectos de evangelización, etc.
Este enfoque pastoral debe ir más allá de la parroquia, es decir, que tenemos que ser una Iglesia en salida, lo que implica tener una apertura misionera hacia la comunidad circundante e ir hacia ella para llevar la Palabra de Jesús.
7. Formación permanente como base de sinodalidad
La formación es un pilar que sostiene la sinodalidad en la Iglesia universal y, por lo tanto en la parroquia, por tanto es importante tener una preparación constante. Así, algunas propuestas que se pueden aplicar en tu comunidad parroquial son:
- Talleres sobre escucha, diálogo y conversación en el Espíritu.
- Lecturas y reflexiones sobre el Documento Final del Sínodo y sus aplicaciones locales.
- Sesiones formativas sobre participación laical y corresponsabilidad.
- Momentos de oración comunitaria centrados en la sinodalidad.
Es fundamental tomar en cuenta que la formación ayuda a que los fieles no sólo comprendan la sinodalidad, sino que la vivan como un estilo de vida eclesial.
8. Evaluación y seguimiento continuo
Finalmente, es necesario evaluar periódicamente cómo se vive la sinodalidad en la parroquia y una propuesta para ello se propone la aplicación, entre otras más, las siguientes preguntas:
- ¿Se han expresado diversas voces?
- ¿Han surgido cambios en la forma de tomar decisiones?
- ¿La comunidad se siente más unida y misionera?
La sinodalidad, una nueva forma de ser Iglesia
Es importante recordar que la sinodalidad no es un programa temporal ni un conjunto de reuniones dirigidas desde arriba; es una forma de ser Iglesia que demanda apertura, escucha profunda, discernimiento y corresponsabilidad en cada parroquia, desde el sacerdote hasta todos los miembros de la comunidad, pasando por aquellos que de diferentes maneras prestan sus servicios en el templo.
De este modo, al adoptar e implementar los ocho pasos prácticos arriba presentados, fundados en documentos oficiales de la Santa Sede y en las orientaciones para la fase de implementación del Sínodo, las comunidades pueden comenzar a vivir de manera auténtica ese caminar juntos que la Iglesia hoy propone para responder a los desafíos del mundo con comunión, participación y misión.



