Peregrinación de la Orden de Malta a Lourdes
En medio del ruido digital y la fragmentación social, la peregrinación invita a reencontrarse con lo esencial, el contacto físico, la mano extendida tratando de ayudar al enfermo y la oración compartida por la salud de todos.
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Del 1 al 5 de mayo de 2026, la ciudad de Lourdes se convirtió una vez más en el epicentro de una de las manifestaciones más profundas de la caridad cristiana y es que la 68ª Peregrinación Internacional de la Orden de Malta reunió a miles de peregrinos en su santuario, renovando una tradición que nació en 1958.
Bajo la guía del Gran Maestre Frey John T. Dunlap, el evento contó con la presencia destacada del Gran Comendador Frey Emmanuel Rousseau, el Gran Canciller Riccardo Paternò di Montecupo, el Gran Hospitalario Josef D. Blotz y el Recibidor del Común Tesoro Frey Francis Vassallo, por México el grupo fue encabezado por su Presidente Don Hans Christiaan van Luit Mc Laughlin; juntos, encarnaron el espíritu vivo de una orden que combina la defensa de la fe con el auxilio a los más vulnerables.
El programa estuvo cargado de simbolismo. La misa internacional, celebrada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, reunió a fieles de todos los continentes en una celebración eucarística que subrayó la universalidad de la Iglesia. La procesión de antorchas ofreció uno de los momentos más conmovedores ya que miles de velas iluminaron la noche mientras se entonaban himnos. Pero el corazón de la peregrinación como siempre es la visita a la Gruta de las Apariciones, en Massabielle. Allí, enfermos y sanos nos detuvimos en silencio ante la fuente milagrosa, buscando no solo curación física, sino sobre todo consuelo espiritual y renovación interior.
Unas 7,500 personas participamos en esta edición, de las cuales alrededor de 1,300 éramos enfermos; la dimensión global fue evidente y es que nos reunimos delegaciones de 44 países; en un mundo que a menudo reduce el voluntariado a una actividad opcional o publicitaria, la peregrinación de la Orden de Malta recuerda su verdadera importancia, y así miles de hombres y mujeres dejamos nuestras rutinas para acompañar a los enfermos, preparar comidas y participar en los oficios.
El voluntariado es uno de los pilares de la solidaridad humana y en una época marcada por la crisis de atención y el agotamiento social, estos actos desinteresados reconstruyen el tejido social; demuestran que el servicio no agota, sino que multiplica la dignidad tanto de quien lo recibe como de quien lo ofrece.
En medio del ruido digital y la fragmentación social, la peregrinación invita a reencontrarse con lo esencial, el contacto físico, la mano extendida tratando de ayudar al enfermo y la oración compartida por la salud de todos.
Al concluir la peregrinación, el Gran Maestre Frey John T. Dunlap resumió con profundidad el sentido de esta experiencia: «Venir a Lourdes no resuelve los problemas del mundo. Hace algo más profundo. Nos recuerda quiénes deberíamos ser. En un mundo cada vez más frío, estamos llamados a ser más acogedores. En un mundo que aísla, estamos llamados a estar al lado de los demás. En un mundo que olvida a los más débiles, estamos llamados a volver a ponerlos en el centro. No es una cuestión opcional. Es nuestra vocación: Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum». Esta peregrinación quizá no cambia el mundo, pero transforma a quienes la realizamos


