Pentecostés, un llamado a la evangelización

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Pentecostés, un llamado a la evangelización

Uno de los frutos más evidentes de la acción del Espíritu es el amor al prójimo. No se trata de un sentimiento abstracto, sino de un amor concreto, sacrificial y universal.

25 mayo, 2026
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Cada año, cincuenta días después de la Resurrección de Cristo, la Iglesia celebra el Domingo de Pentecostés, esta fiesta es un acontecimiento que marca el nacimiento de la Iglesia y la irrupción definitiva del Espíritu Santo en la historia humana. En el relato de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2), vemos a un grupo de discípulos asustados, encerrados en el Cenáculo, transformados repentinamente en testigos valientes. El viento y las lenguas de fuego representaron el poder de Dios que desciende para romper barreras, sanar divisiones y enviar a su pueblo a proclamar la Buena Nueva.

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En medio de la incertidumbre global que enfrentamos, crisis económicas, inseguridad, narcoterrorismo, migraciones masivas, polarización social, cambios climáticos, guerras que no cesan y una profunda crisis de sentido en las nuevas generaciones, el Espíritu nos recuerda que no estamos solos ni desamparados.

Uno de los frutos más evidentes de la acción del Espíritu es el amor al prójimo. No se trata de un sentimiento abstracto, sino de un amor concreto, sacrificial y universal. En un tiempo donde el individualismo parece triunfar y las redes sociales amplifican el odio y la desconfianza, redescubrir el amor al prójimo se vuelve revolucionario.

Por otro lado, no podemos pasar por alto la importancia de la evangelización que implica compartir la esperanza que nos sostiene. En momentos de crisis, las personas no buscan discursos complicados, sino testimonios creíbles de que es posible vivir en paz y con armonía.

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En el contexto actual, donde muchas instituciones (incluidas algunas religiosas) han perdido credibilidad, la evangelización más eficaz es la del encuentro y el servicio y es que especialmente los jóvenes están hartos de hipocresía, quieren ver cristianos que vivan coherentemente su fe, que cuiden la creación, que promuevan la justicia social, que construyan puentes en lugar de muros, que sepan dialogar sin renunciar a sus convicciones y que promuevan la paz y la justicia social.

Pentecostés nos desafía a superar el miedo; hoy tememos al futuro, a perder comodidades, al “otro” que parece amenaza, es por eso que el Espíritu nos libera de esos miedos y nos da dones como la sabiduría para discernir, fortaleza para perseverar, piedad para compadecernos, temor de Dios que nos mantiene humildes.

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Una evangelización auténtica en crisis no promete soluciones mágicas a los problemas temporales, pero ofrece algo más profundo, sentido, comunidad y esperanza trascendente. Ofrece la certeza de que la historia no termina en la cruz del Viernes Santo ni en las tumbas de nuestros errores y fracasos, sino en la Resurrección y en el fuego del Espíritu.

Que el mismo Espíritu que descendió hace dos mil años descienda hoy sobre cada uno de nosotros, renueve nuestra Iglesia y nos impulse a construir un mundo más humano, más justo y más fraterno. Porque solo el amor que viene de Dios puede vencer el odio, y solo la Buena Nueva puede dar esperanza duradera en medio de la crisis.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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