Temor de Dios: miedo de ofender su amor

Tener temor de Dios no significa creer que Dios es un juez implacable que tiene en las manos nuestro último destino.
El Espíritu Santo derrama sus dones sobre nosotros.
El Espíritu Santo derrama sus dones sobre nosotros.

El padre Eduardo López, formador del Seminario Conciliar de México, explica así este don: “Tener Temor de Dios, en cuanto a don del Espíritu Santo, no significa, como comúnmente se piensa, tenerle miedo a Dios bajo la idea de que es un juez implacable que tiene en las manos nuestro último destino; sino que es un regalo de Dios que nos abre a la certeza de que tanto nos ama, que sentimos miedo de defraudar u ofender su amor”.

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En este sentido, señala que el amor de Dios nos queda de manifiesto desde el momento en que hemos sido creados por Él, y nos dota de todo lo necesario para vivir, de manera que, este don del Espíritu Santo, lo que hace es inflamar nuestro corazón para querer ser testigos de Él ante el mundo.


“Ahora, ¿qué podemos hacer para no ofender a Dios en su amor? Pues tratar de responder con amor al hermano mediante acciones concretas, como estar al pendiente de los necesitados, practicar las obras de misericordia, o imitar a Cristo en el servicio y en la donación de nuestras capacidades, entre otras actitudes de consideración y respeto a nuestro prójimo”.

Un regalo de Dios

Para desarrollar este don –explica el padre Eduardo López– es necesario pedirle constantemente al Espíritu Santo que nos permita experimentarlo, porque no es un don que uno conquiste, sino que nos es dado como regalo, a fin de que crezca en nosotros el deseo de compartir con los demás lo que nos ha sido dado.

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“El Espíritu Santo –refiere– puede actuar en cada ser humano, más allá de la capacidad personal de realizar buenas acciones, para no correr el riesgo de que éstas se realicen por meras conveniencias. También exige la disposición y el esfuerzo humano para tratar de mantener una rectitud de conciencia”.

Finalmente, el padre Eduardo López invita a entender el amor de Dios desde la perspectiva cristiana: “Un amor que no es un sentimiento, porque el sentimiento es pasajero; un amor que se refiere más bien a la donación y a la entrega total, al hecho de que Dios me ha dado todo, y por lo cual, yo quiero estar en la misma disposición de entregarle todo a Él”.

 

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