Editorial

“Escuchar”, la palabra clave

DLF Redacción

Hoy por hoy, para los distintos niveles de gobierno en México, unas de las mayores prioridades –si no es que las principales–, son la pacificación y el desarrollo social, para lo cual parece totalmente necesaria la instalación de diálogos nacionales que abonen a la tranquilidad y al bien común. No obstante, esto hace imprescindible la discusión de temas que actualmente mantienen dividida a la sociedad, como es el aborto, la figura de “voluntad anticipada”, la legalización de las drogas o la hasta ahora virtual iniciativa de ley de amnistía que tanta polémica ha venido generando. Huelga decir que en otros temas existe un consenso social, como es el caso de las desapariciones forzadas, el tráfico de migrantes, la trata de personas, los delitos sexuales, y un largo etcétera.

Para un esfuerzo nacional de esta naturaleza, es necesario participar activamente a través de los canales institucionales que se decidan abrir, así como prestar atención a la diversidad de voces que puedan aportar a la solución de los problemas, sobre todo en los temas en que la sociedad está dividida con efervescencia. De nada nos serviría verter nuestros pareceres sobre una cuestión particular, si al mismo no abrimos bien los oídos a opiniones alternas. Un verdadero diálogo implica una escucha humilde y respetuosa, así que hoy más que nunca se hace necesario “derribar muros de incomunicación y tender puentes de comprensión”, como ha dicho el Papa Francisco, especialmente entre sectores que puedan estar enfrentados por enconos añejos.

La Iglesia que peregrina en la Ciudad de México manifiesta una vez más su convicción en el sentido de que a través del diálogo es posible destrabar puntos de vista en apariencia irreconciliables, así como su total disposición para colaborar en los procesos de pacificación y desarrollo social, mediante la escucha, la aportación de ideas y la acción social en favor de quienes lo necesitan.