Volteemos a Nicaragua

La imagen del obispo arrodillado, da cuenta del último episodio del hostigamiento del gobierno sandinista contra la Iglesia nicaragüense.
La imagen de Mons. Álvarez arrodillado, da cuenta de la represión del gobierno sandinista contra la Iglesia. Foto: Especial.
La imagen de Mons. Álvarez arrodillado, da cuenta de la represión del gobierno sandinista contra la Iglesia. Foto: Especial.

La imagen del obispo de Matagalpa, Nicaragua, de rodillas en medio de elementos de la policía del presidente Daniel Ortega ha dado la vuelta al mundo.

En la fotografía, que refleja la represión del régimen sandinista hacia la Iglesia Católica en ese país, monseñor Rolando Álvarez se encuentra arrodillado en espera de que sus colaboradores le entreguen una custodia con el Santísimo Sacramento, que posteriormente llevó por las calles para bendecir a los fieles.

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Pese a la represión de los policías que intentaron detenerlo en ese momento para evitar que caminara con el Santísimo, monseñor Rolando -uno de los principales críticos del gobierno de Ortega- logró medianamente su objetivo.

Pero la tarde de ese mismo jueves 4 de agosto, un grupo de cinco policías antimotines se apostó en la puerta principal de la curia episcopal para evitar que el obispo se trasladara a la Catedral de San Pedro donde habría de celebrar la Hora Santa y una Misa para pedir por el cese de la represión gubernamental contra la Iglesia.

Este fue el último episodio del hostigamiento del gobierno sandinista hacia nuestra hermana Iglesia nicaragüense, una persecución histórica que nos recuerda los años ochenta del siglo pasado cuando la dictadura llegó al grado de desnudar y exponer públicamente a un sacerdote, profanar templos y expulsar del país a varios presbíteros por denunciar la injusticia social en ese país.

Por desgracia, desde 2018 cuando la Iglesia respaldó las protestas sociales que exigían la dimisión de Ortega, quien se encuentra en el poder desde 2007, la persecución se ha agravado: confiscación de inmuebles cedidos a la Iglesia, el cierre de varios medios de comunicación católicos (uno de ellos el propio canal de televisión de la Conferencia del Episcopado de Nicaragua), el acoso a obispos y sacerdotes críticos de la dictadura, la expulsión del nuncio papal Waldemar Sommertag y de las misioneras de la Caridad de la Madre Teresa y, por supuesto, el acoso público y sin ambages al obispo Rolando Álvarez.

Esto ha llevado a la Iglesia nicaragüense a convocar al ayuno, a la oración constante y a la participación de más fieles en las celebraciones eucarísticas para pedir por el cese de la represión contra los ministros de culto y por la paz en el país. Sin embargo, ello ha incrementado la ira del presidente Ortega, quien esta semana ha llegado al extremo de impedir que el obispo Álvarez acudiera a su catedral para celebrar la Santa Misa y la Hora Santa.

Como Arquidiócesis Primada de México, nos sumamos al CELAM y a otros organismos internacionales para expresar nuestra solidaridad y cercanía con la Iglesia de Nicaragua, pues nos duele profundamente lo que están viviendo nuestros hermanos nicaragüenses: obispos, sacerdotes, religiosas, religiosas, laicos y laicas, sin que haya hasta el momento visos de un diálogo fructífero que traiga la paz y el cese del hostigamiento.

Rogamos a Santa María de Guadalupe para que el clima de represión que se vive en nuestro hermano país centroamericano no se convierta en una normalidad que se impone con las armas, como dijo en su momento el obispo auxiliar exiliado Silvio Báez, sino que interceda por ellos para que la esperanza en un país libre y justo siga sosteniendo a los obispos y sacerdotes en su lucha por una mejor Nicaragua, y puedan encontrar pronto una solución pacífica. ¡Oramos por ustedes!, pues retomando el título del reciente posicionamiento del Celam, “cuando un miembro sufre, todos los miembros sufren con él” (1Cor 12,26).

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