Unidad frente a la crisis

Las polarizaciones no ayudan a resolver los auténticos problemas de los ciudadanos.
Zócalo de la Ciudad de México.
Zócalo de la Ciudad de México.

Faltan pocos días para que los alcaldes de la Ciudad de México electos en los comicios del pasado 6 de junio tomen posesión de sus cargos. Desde aquella elección hasta la fecha, la situación política en la capital del país ha vivido momentos de grave polarización.

La brecha y la división llegó a uno de sus puntos más álgidos el pasado 30 de agosto, cuando una alcaldesa electa resultó lesionada durante una trifulca con policías cuando intentaba, junto a otros compañeros, ingresar al Congreso local.

Entonces parecía que las diferencias entre los distintos grupos políticos eran insalvables, pero finalmente prevaleció la razón y, al menos de momento, el conflicto se desahogó por la vía del diálogo y el respeto.


En enero de 2020, en un discurso ante los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa Francisco alertó de los peligros de la polarización.

“Las polarizaciones, cada vez más fuertes –dijo entonces el Santo Padre-, no ayudan a resolver los auténticos y urgentes problemas de los ciudadanos, sobre todo de los más pobres y vulnerables, y mucho menos lo logra la violencia, que por ningún motivo puede ser adoptada como instrumento para afrontar las cuestiones políticas y sociales”.

Los comicios electorales de 2021 se han convertido en el punto de partida rumbo a la gran elección de 2024, en la que se renovará la presidencia de la República y buena parte de las gubernaturas, incluida la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

No obstante, el partido en el poder y las fuerzas políticas de oposición deben comprender que la crisis sanitaria por el Covid-19, la inseguridad y la violencia, constituyen emergencias mayúsculas que sólo pueden ser enfrentadas en unidad, con generosidad y altura de miras, dejando de lado intereses partidistas y electorales.

La división y el encono no pueden ser la hoja de ruta para superar las crisis. El camino es -y será siempre- el diálogo, poniendo por delante el bien común para encontrar soluciones a los graves problemas que enfrentamos como sociedad.

Por ello, hacemos nuestras las palabras dichas por el Santo Padre a la televisión italiana a principios de este año: “En este momento, toda la clase política no tiene derecho a decir ‘yo’. Debemos decir ‘nosotros’ y buscar la unidad frente a la crisis”.

 

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