Editorial
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¡Ten esperanza!

Saldremos adelante en esta barca, que es la Iglesia. Saldremos juntos.
Foto: María Langarica
Foto: María Langarica

Vivimos tiempos difíciles y tempestuosos. La pandemia del Covid-19 ha trastocado severamente nuestras vidas. Ha sido impactante ver cómo ha afectado al mundo entero. Algunas escenas son perturbadoras: cientos de muertos al día en algunos países, féretros en las calles, soledad y vacío abrumadores, familias agobiadas por el confinamiento.

Los líderes de las naciones han actuado de diverso modo. Algunos de ellos han sido rápidos para responder a esta crisis, mientras que otros se han mostrado escépticos y lentos, sin idea de qué hacer y cómo actuar. Esto último genera mucha preocupación entre los habitantes de esos lugares, porque después de la tormenta de la pandemia se avizora el huracán de la devastación económica.

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Muchos microempresarios y otros empresarios se sienten desolados y abandonados, compartiendo la angustia con sus trabajadores al ya no tener dinero para pagar salarios. A la par de los fallecimientos y los miles de contagios se construyen otras tantas historias de tristeza de quienes se enfrentan a un panorama económico muy oscuro.

En el pasado Editorial hemos propuesto algunas ideas que animen en esta situación: “¡quédate en casa!”, “¡organízate!”. Ahora queremos decir: ¡ten esperanza! El Papa Francisco dio un mensaje profundo y maravilloso, en ocasión de la impartición de la bendición Urbi et Orbi, el pasado 27 de marzo.

Dijo el Papa: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades”. En medio de la tormenta, tenemos miedo de hundirnos, de no poder salir adelante, de ver a otros fracasar. Y añade, citando al Evangelio: “«¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos”.

Nuestra esperanza va de la mano de nuestra fe. Sabemos que Jesús nos acompaña en la vida. Él es el salvador del mundo. En el Domingo de Ramos celebramos su entrada triunfal a Jerusalén y recordamos que entregó su vida por nosotros. La próxima semana celebraremos el Triduo pascual, es decir, el misterio de su muerte y su Resurrección. Jesús resucitó de entre los muertos.

Saldremos adelante en esta barca, que es la Iglesia. Saldremos juntos, porque Jesús va con nosotros, porque nos acompañan también personas buenas. Este es tiempo para hacer a un lado las diferencias, unirnos y aprovechar esta oportunidad para crecer en la fe, como seres humanos, como familia y sociedad.

Es tiempo de pensar en el otro, de pensar en conjunto y no individualmente. Nuestro futuro no puede estar dictado por las voces del egoísmo o de proyectos individualistas.

Lo que viene debemos construirlo unidos, y no hay duda, Jesús nos ayuda, porque él tiene el poder de acallar el mar y el viento enfurecidos, y hoy nos pide caminar juntos. Él es el fundamento y la garantía de nuestra esperanza, de que llegaremos a buen puerto y la tormenta cesará.

 

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