Qué es lo que hace especial esta Semana Santa

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Qué es lo que hace especial esta Semana Santa

No es una Semana Santa más. Es un llamado a mirar el corazón humano —capaz de amar y rechazar— y a dejar que Cristo transforme nuestra vida desde la cruz hasta la Resurrección.

28 marzo, 2026
Qué es lo que hace especial esta Semana Santa
Una Semana Santa que confronta: del “Hosanna” al “Crucifícalo”.

Esta no será una Semana Santa más. Aunque el calendario marca su llegada como cada año, su contenido y su influencia no se repite. Esta semana nos coloca frente a un espejo incómodo en el que contemplamos la historia de Cristo, pero también la nuestra en el momento que vivimos.

Este Domingo de Ramos abre con un contraste narrado en dos pasajes del Evangelio de San Mateo. En el primero, Jesús entra en Jerusalén y es aclamado: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” (Mt 21,9). En el segundo, ocurrido pocos días después, esa misma multitud —o al menos la misma lógica humana— grita: “¡Crucifícalo!” (Mt 27, 22-23).

Los pasajes nos revelan el corazón inestable del ser humano, capaz de entusiasmarse con Dios mientras no incomode, y de rechazarlo cuando su presencia exige conversión.

Ese tránsito del aplauso al rechazo no es ajeno a nuestra vida. También nosotros podemos vivir una fe de momentos: celebramos cuando todo va bien, cuando Dios coincide con nuestras expectativas, cuando no cuestiona nuestras decisiones; pero cuando el Evangelio nos confronta, cuando nos llama a perdonar, a renunciar, a amar hasta el extremo, entonces aparece la tentación de tomar distancia.

Así pues, esta Semana Santa se trata de reconocer que el misterio de la Pasión también pasa por nuestras propias incoherencias. Cada vez que elegimos el egoísmo sobre el amor, repetimos “crucifícalo”, aunque sea con otras palabras.

Este tiempo no es una tradición cultural para observar desde fuera, sino para entrar con todo nuestro corazón en él. Revisar cómo se encuentra nuestra espiritualidad, nuestra relación con Dios, y preguntarnos si nuestra fe resiste cuando deja de ser cómoda para nuestras acciones.

Sin embargo, aunque es una semana que nos exige cuestionarnos al extremo, es un camino que no desemboca en la oscuridad. La última palabra es de vida y esperanza. “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24,5-6).

La Resurrección no es solo la confirmación de quién es Cristo; revela quién podemos llegar a ser. Nos recuerda que ninguna caída tiene la última palabra, que ninguna herida es definitiva, que Dios puede rehacer incluso lo que parecía perdido.

Por eso no se trata de una Semana Santa más. Es la oportunidad de dejar atrás una espiritualidad cómoda y de aplausos, y abrazar una fe que permanece, incluso en la cruz. Es el momento de permitir que Cristo no solo pase por nuestra vida, sino que la transforme.

Y entonces sí, al final del camino, no seremos los mismos, porque quien ha atravesado la cruz con Cristo, también puede renacer con Él.



Autor

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