México no quiere la violencia

Estamos viviendo un proceso electoral considerado como el segundo más violento de la historia, por debajo únicamente del proceso vivido en el 2018.
México actualmente vive un proceso electoral atravesado por la violencia. Foto: Especial.
México actualmente vive un proceso electoral atravesado por la violencia. Foto: Especial.

A menos de un mes de celebrarse las elecciones más grandes en la historia de México, crece el número de ataques relacionados con el proceso electoral, muchos de ellos perpetrados por el crimen organizado o por los propios contendientes.

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De acuerdo con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, del 4 de marzo al 30 de abril se habían reportado 234 casos de amenazas o agresiones a candidatos, 12 de los cuales fueron asesinados. Por su parte, según el Cuarto Informe de Violencia Política en México 2021, de la consultora Etellekt, de septiembre de 2020 a mayo de 2021, suman 79 políticos asesinados, 33 de los cuales fueron en el periodo de campañas.


Estas cifras ubican al actual proceso electoral como el segundo más violento de la historia, por debajo únicamente de la elección del 2018, en la que perdieron la vida 152 políticos, 48 de ellos aspirantes y candidatos.

Si bien este tipo de situaciones extremas están muy focalizadas, sí constituyen señales de alarma –como ha dicho el cardenal Carlos Aguiar Retes–, por lo que es urgente trabajar unidos, todos los actores sociales, en la reconstrucción del tejido social.

En el primero de los tres foros de la serie “Elecciones bajo la mirada de la fe”, que se llevó a cabo el pasado 6 de mayo, los participantes: obispos, sacerdotes y laicos especialistas, exhibieron una realidad ineludible que debe ser aceptada por todos, si de verdad se busca reconstruir el tejido social y cambiar la violencia imperante en el país: en México se vive una grave crisis social.

El padre Mario Ángel Flores, rector de la Universidad Pontificia de México, en particular, expuso tres principios básicos en los que se debe trabajar para alcanzar dicha reconstrucción: familia, educación e instituciones.

En efecto, de la armonía o fractura de las familias depende la formación de personalidades sólidas, estructuradas, o bien, de personalidades frágiles y desorientadas, y por lo tanto el futuro de la sociedad mexicana.

También es necesaria una educación integral y de calidad que dará, más allá de la familia, la posibilidad de fortalecer los valores éticos: el respeto, la convivencia, la responsabilidad y la honestidad. Y finalmente, no se puede entender una sociedad desarrollada sin instituciones que otorguen garantías básicas como seguridad, empleo, desarrollo, justicia, libertad y democracia.

El Episcopado Mexicano también ha llamado a la comunidad católica a analizar las opciones políticas y a emitir un voto informado y responsable el próximo 6 de junio. Elegir aquellas opciones que favorezcan la reconstrucción del tejido social nos permitirá dar un paso adelante para encontrar la paz que tanto necesita nuestro querido México, que se niega a aceptar la violencia como estilo de vida.

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