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COLUMNA

La voz del Obispo

Los jóvenes buscan signos de esperanza

Acompañar a los jóvenes para que escuchen la voz del Buen Pastor y descubran su misión en este mundo, exige de todos los agentes de pastoral un testimonio de coherencia.

31 julio, 2026
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En días pasados me tocó la oportunidad de participar en el XV Congreso nacional juvenil misionero que se llevó a cabo en San Luis Potosí. Al encuentro asistieron cerca de 7 mil jóvenes de todo el país; eran jóvenes que compartían una misma experiencia: Cristo movía sus corazones. Todos eran miembros de grupos juveniles, muchos están viviendo experiencias misioneras; y juntos cantaban y alababan a Dios con un gozo profundo en su corazón.

Presenciar este escenario renovó mi corazón; los jóvenes buscan signos de esperanza y estos signos los están encontrando en Jesús y su Iglesia. En estas semanas se han realizado 4 encuentros nacionales de jóvenes de distintos movimientos y en todos se ha percibido una asistencia muy nutrida; el pasado enero asistieron más de 60 mil jóvenes a la marcha juvenil al Cubilete. Esta presencia nos interpela y nos exige estar preparados para acompañar a todos estos jóvenes que Cristo está acercando a su Iglesia.

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El primer paso de una conversión es la ESCUCHA, es así como uno descubre su VOCACIÓN. El camino del cristiano es siempre una respuesta a un llamado; es Dios quien sale a buscarnos, quien habla a nuestro corazón, quien nos seduce para que nos acerquemos a Él y encontremos el Agua Viva que nuestro corazón anhela. Por ello, la Iglesia tiene que ofrecerle a los jóvenes los espacios, los tiempos, la ambientación y la manera de escuchar a Dios.

Sin embargo, Jesús no nos llama solo para estar con Él y tranquilizar nuestra conciencia. Jesús nos busca para compartirnos su MISIÓN: “Cómo el Padre me envió, ahora los envío yo”. Jesús nos muestra que la verdadera felicidad, la plenitud a la que aspira nuestro corazón es cuando hacemos de la misión del Padre, nuestra misión. Así es, la misión del cristiano no es él mismo, sino la misión del Padre: que todos experimenten su verdad, su amor y deseen hacer su voluntad.

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La misión de Jesús no era Él mismo, era el Reino de su Padre, un reinado de justicia, amor, misericordia, fraternidad y paz. ¿Quién se atreverá a dejar el arado atrás, tomar su cruz y seguir a Jesús? Esta invitación la debe de hacer la Iglesia a los jóvenes constantemente y por todos los medios posibles. Invitarles a descubrir que su seguimiento de Cristo implica el compromiso con su prójimo. La fe no acalla su conciencia, al revés, la inquieta y le ofrece un camino seguro, seguir los pasos de Jesús.

Acompañar a los jóvenes para que ESCUCHEN la voz del Buen Pastor y descubran su MISION en este mundo, exige de todos los agentes de pastoral un testimonio de COHERENCIA Y CERCANÍA. No estamos enseñando una metodología, estamos testificando, con nuestras vidas lo que Cristo ha hecho en nosotros. TESTIGOS fieles, coherentes, enamorados de Cristo, que impregnen con su experiencia de fe a otros jóvenes, es lo que la pastoral juvenil necesita para ser ese signo de esperanza que los jóvenes buscan hoy.

Sin duda, los jóvenes están sedientos de esperanza, ¿habrá quién se comprometa a guiarlos hacia Cristo? Pues es Él, y solo Él, quien podrá satisfacer plenamente sus anhelos de plenitud.8

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