Editorial
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Honremos la muerte de quienes han perecido por COVID-19

Las primeras Eucaristías que se celebren en el proceso de reapertura de la Arquidiócesis de México serán ofrecidas para los fallecidos por COVID-19.
Nuestra esperanza está puesta en la resurrección. Foto: Cathopic.
Foto: Cathopic.

Se ha iniciado el proceso de reapertura de los templos y también se han retomado las celebraciones litúrgicas de modo presencial, siguiendo las indicaciones de la autoridad respecto a las medidas de prevención. Por supuesto, se continuarán transmitiendo celebraciones eucarísticas para quienes deseen continuar participando de esta manera.

Éste ha sido para nosotros un tiempo sin igual. Ha sido difícil mantenernos aislados e interrumpir nuestras actividades cotidianas. Un flagelo muy duro es la penuria económica que han padecido muchas familias. En diversas calles se han visto personas, como, por ejemplo, los feriantes, pidiendo ayuda por haber perdido su fuente de trabajo. Pero el dolor más agudo ha sido el perder a seres queridos. Hasta ahora, más de 40,000 personas han fallecido (casi la mitad de los espectadores que caben en el Estadio Azteca). Cada una de estas muertes es una pérdida inconmensurable. Algunas familias han quedado devastadas ante la partida de más de un familiar.

Las primeras Eucaristías que se celebren en este proceso de reapertura serán ofrecidas por los difuntos que fallecieron por el COVID-19.  Todos los que han perdido a un ser querido durante esta terrible pandemia tienen la oportunidad de encontrar una motivación para seguir adelante y ser mejores. La fe nos permite superar el sinsentido y la desesperación, no sólo porque nos anima la esperanza en la resurrección, sino también porque la partida de alguien es un evento que puede impulsar a quienes permanecen en este mundo a valorar con más intensidad el don de la vida.


Esto puede manifestarse en la búsqueda por crecer en armonía en la propia familia y, de modo especial, en el esfuerzo por contribuir al desarrollo de nuestro país, para que menos personas mueran por falta de un sistema de salud robusto o por no haber medicinas para todos; para que menos personas mueran debido a la pobreza y a la criminalidad; para que todos tengan una educación de calidad.

Honremos la muerte de los que han perecido por el COVID-19 cuidándonos todos. Aún es necesario mantener las medidas preventivas de confinamiento y la sana distancia. ¡No debemos permitir que repunten los contagios! Las precauciones que tengamos pueden salvar las vidas de las personas que amamos y de nuestros prójimos.

 

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