Editorial

Es momento de cumplir

La Iglesia apela a la buena voluntad de los políticos, independientemente de su identidad religiosa.
El tema de la Jornada Mundial de la Paz es “La buena política al servicio de la paz”.
El tema de la Jornada Mundial de la Paz es “La buena política al servicio de la paz”. _

Este 1 de enero, la Iglesia católica celebra su 52ª Jornada Mundial de la Paz bajo el título: “La buena política está al servicio de la paz”. Como es tradición, el Papa Francisco adelantó su mensaje para esta ocasión, a fin de que éste se convierta en objeto de reflexión.

Leer: Mensaje completo del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz

Cuando el 1 de enero de 1968, Su Santidad Pablo VI dirigió al mundo su mensaje con motivo del primer “Día de la paz”, hizo votos porque esta celebración se repitiese cada año como un presagio y una promesa de que sea la paz –con su justo y benéfico equilibrio– la que domine el desarrollo de la historia de la humanidad.

Ahora, al inicio de 2019, el Papa Francisco –haciendo eco por sexta ocasión en su pontificado del profundo deseo de Pablo VI de defender la paz frente a los peligros que la amenazan–, se dirige especialmente a la clase política, cuya función y responsabilidad constituyen un desafío permanente en tres sentidos: servir a su país, proteger a cuantos viven en él y trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo.

A ellos, con las suaves palabras del poeta Charles Péguy, Francisco les hace ver una realidad estremecedora: la paz es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Y es que –dice el Santo Padre– la búsqueda de poder a cualquier precio lleva inevitablemente al abuso y a la injusticia, y convierte a la política en un instrumento de opresión, marginación, e incluso, de destrucción.

Frente al cambio de época y de gobierno que estamos viviendo, la Iglesia católica, a través del sucesor de Pedro, apela a la buena voluntad de los políticos, independientemente de su identidad cultural o religiosa, a cumplir sus promesas y permitir la construcción de un trabajo conjunto por el bien de la familia humana, practicando la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad y la fidelidad.

Estas virtudes humanas, que son la base de una buena acción política, en nuestro país deben verse reflejadas en el respeto, por parte de la clase política, a la vida humana, a la libertad de culto y a la dignidad de las personas. Sólo así, podremos decir que la política en México está cumpliendo un servicio en pro de la paz.