El extraño ya no espera a los niños en las calles oscuras
El grooming no es un peligro que ocurra en calles oscuras. Es importante detectar a tiempo este delito digital y acompañar a niños y adolescentes en internet.
Hasta hace unos años creíamos que el extraño solo estaba en las calles oscuras o poco concurridas, que el peligro tenía rostro visible y pasos sospechosos.
Durante años enseñamos a nuestros hijos a no hablar con desconocidos, pero la realidad nos muestra que hoy el desconocido ya no necesita calles oscuras. Tiene WiFi, tiene un avatar amistoso, y particularmente tiene paciencia.
El grooming —ciberacoso sexual contra niñas, niños y adolescentes— es un delito. Consiste en que un adulto se haga pasar por un menor para ganar la confianza de un niño o adolescente con fines sexuales o de acoso.
Pero no comienza con violencia ni con amenazas; comienza con escucha, con un “yo sí te entiendo” que puede parecer alivio en medio de la soledad.
Es un proceso. El agresor entra como “uno más”, conversa durante semanas o meses, detecta inseguridades, celebra logros y se vuelve confidente. Después migra a espacios privados, introduce insinuaciones “en broma” y, cuando la relación está consolidada, presiona, manipula o amenaza.
Los videojuegos en línea y las redes sociales son hoy uno de los principales espacios de socialización juvenil. Plataformas como Roblox, Minecraft y otras similares han reportado decenas de millones de usuarios activos diarios en el mundo. Son plazas públicas digitales donde se conversa, se comparten secretos y se construye identidad. Y ahí, también pueden infiltrarse adultos con perfiles falsos.
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La vulnerabilidad adolescente tiene base científica. El córtex prefrontal (encargado del juicio y el control de impulsos) termina de madurar alrededor de los 25 años. Mientras tanto, el sistema de recompensa es especialmente sensible a la aprobación y a los estímulos variables.
En entornos diseñados con recompensas impredecibles, rachas y reconocimiento constante, la conexión emocional puede pesar más que la evaluación del riesgo. Si además hay privación de sueño por uso nocturno de pantallas, disminuye todavía más la capacidad crítica.
Esta semana, la revista impresa Desde la fe, de la Arquidiócesis Primada de México, dedica su tema principal al grooming. No lo hacemos con la finalidad de satanizar los videojuegos o la tecnología. Queremos hacer una invitación a los padres de familia para sensibilizarse en torno a esta problemática y reconocer que el riesgo es real y transversal.
El grooming no distingue tipo de familia ni nivel socioeconómico. Ocurre donde hay un dispositivo sin acompañamiento y un menor que busca pertenencia; en familias donde no hay comunicación, donde las víctimas no se perciben como tales al inicio, y donde la vergüenza y el miedo al castigo pueden prolongar el silencio.
La respuesta a esta problemática exige un acompañamiento permanente de los adultos y padres de familia con los niños y adolescentes. Límites claros de tiempo, evitar el juego nocturno, usar los dispositivos en espacios comunes, conocimiento real de las plataformas que usan los hijos, conversación directa sobre identidades falsas y prohibición absoluta de encuentros con desconocidos.
Decir “está en casa, está seguro” ya no basta. El extraño ya no espera en las calles oscuras, y la diferencia entre una anécdota y una tragedia puede depender de algo tan prioritario como lo es acompañar y escuchar a nuestros pequeños.



