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Cultura Bíblica

¿Por qué Dios permite el mal? La respuesta de la parábola de la cizaña

Dios siempre respetará la libertad de quien se convierta de sus malas acciones.

17 julio, 2026
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Fue ordenado sacerdote en la Basílica de Guadalupe el año 2022. Actualmente colabora en la Pastoral Juvenil Vocacional de la Arquidiócesis Primada de México y acompaña a los jóvenes que quieren ser sacerdotes. Asimismo, da formación a laicos comprometidos en el Instituto de Formación Espíritu y Palabra. 

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La primera de las parábolas del día de hoy plantea una incógnita: ¿por qué Dios, si sabe que algo puede salir mal, no lo previene acabando con los malvados? ¿Por qué evita que los ángeles corten de inmediato las plantas nocivas y deja que crezcan a la par de las buenas?

Este domingo continuamos con el discurso del Reino de los cielos (Mt 13, 1-52). En esta ocasión leemos la segunda parábola, que también se desarrolla en un ambiente agrario; además, se presentan la tercera, la parábola de la semilla de mostaza, y la cuarta, la de la levadura en la masa. Ambas ponen el acento en la desproporción entre lo pequeño y lo grande, dándonos a entender que el Reino de los cielos comienza de manera insignificante y puede llegar a ser algo muy grande y significativo, capaz de transformar toda la realidad.

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Por lo que respecta a la segunda parábola, vale la pena mirarla de cerca, ya que plantea cuestionamientos serios. Podemos mencionar, al menos, dos: ¿por qué Dios permite que el maligno siembre el mal en el mundo? Y ¿por qué Dios permite que los malvados sigan vivos, en lugar de retirarlos de inmediato cuando hacen algo malo?

Estos dos temas están presentes en la parábola. El dueño de la finca no se dio cuenta de cuándo su enemigo sembró la cizaña y, cuando los labradores le proponen arrancar de inmediato la mala hierba, el dueño decide posponer esa acción hasta el día de la cosecha, que hace referencia al fin del mundo.

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Para dar una correcta interpretación a estos cuestionamientos, es necesario comprender que obrar el mal es una opción posible dentro del ejercicio del libre albedrío del ser humano; no es algo impuesto ni necesario. Por lo tanto, el mal entra en el mundo a través de las decisiones equivocadas de los seres humanos.

Por otra parte, todos los seres humanos conservamos la capacidad de obrar el bien o el mal hasta el final de nuestra existencia. Siempre es posible que una persona que ha decidido erróneamente hacer el mal se arrepienta y decida obrar el bien. Dios siempre respetará la libertad de quien se convierta de sus malas acciones.

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Fue ordenado sacerdote en la Basílica de Guadalupe el año 2022. Actualmente colabora en la Pastoral Juvenil Vocacional de la Arquidiócesis Primada de México y acompaña a los jóvenes que quieren ser sacerdotes. Asimismo, da formación a laicos comprometidos en el Instituto de Formación Espíritu y Palabra.