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COLUMNA

Cielo y tierra

¿Por qué celebrar al albañil el día de la Santa Cruz?

En México, durante la época de la Colonia, comenzó una bella tradición: ese día las parroquias eran visitadas por albañiles que con gran amor y devoción llevaban a bendecir una cruz que habían decorado con flores y listones

1 mayo, 2026
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Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años. 

El 3 de mayo la Iglesia conmemora el día en que en el año 326 la emperatriz Helena de Constantinopla descubrió dónde estaba enterrada la cruz donde Cristo fue crucificado.

En México, durante la época de la Colonia, comenzó una bella tradición: ese día las parroquias eran visitadas por albañiles que con gran amor y devoción llevaban a bendecir una cruz que habían decorado con flores y listones, y que luego pondrían en lo alto de la construcción que estaban edificando, como signo de su fe en Jesús y para pedirle Su protección. Ellos mismos recibían también la bendición, y luego sus patrones les convidaban a una comida. Así, con el con el paso del tiempo se consideró esta fecha como el ‘día del albañil’.

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Lamentablemente se ha perdido esta tradición, y en muchas construcciones el 3 de mayo son pocos los albañiles que llevan a bendecir su cruz.

Ojalá resurja esta hermosa devoción, porque contemplar las cruces en lo alto de las construcciones, nos invita a hacer dos cosas muy importantes:

La primera, recordar que las pusieron allí albañiles a quienes les debemos gratitud y reconocimiento porque construyeron todos, absolutamente todos los lugares que habitamos y visitamos: casas, edificios, comercios, iglesias, etc. Elevemos una oración por ellos, que dejan su esfuerzo, su cansancio, realizando un trabajo agotador que no suele ser reconocido ni bien remunerado. Pidamos que el Señor los sostenga y bendiga y los ayude a llevar su cruz de cada día.

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La segunda, y la principal: recordar que es Dios quien preside todo lo que hacemos y edificamos. Como dice el salmista: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 127,1), así que hemos de encomendarnos siempre a Él, para que Su cruz, desde la que dio Su vida para liberarnos del pecado y de la muerte presida no sólo los techos y las azoteas, sino nuestra vida.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


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Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años.