Arquidiócesis

Reflexiones pastorales surgidas de la visita a las 8 Vicarías Episcopales de la Arquidiócesis Primada de México

Ciudad de México, a 1 de junio de 2018

Me llena de esperanza advertir el gran potencial y los retos que tenemos en la Arquidiócesis de México, tras haber visitado las 8 Vicarías Episcopales, haber dialogado con cientos de personas, y haberme adentrado en la realidad socio-eclesial, en el conocimiento de los procesos pastorales y de las estructuras de servicio, y especialmente de haberme acercado a un gran número de los agentes de pastoral.

Ahora les comparto algunas primeras reflexiones, fruto de dichas visitas.

La Arquidiócesis Primada coincide territorialmente con la Ciudad de México, y está rodeada de una gigantesca población que interacciona con la Ciudad, formando en el Valle de México una de las zonas de concentración urbana más grandes del mundo. Existe una enorme riqueza pluricultural, donde se descubre la presencia de lo urbano con lo rural y sus franjas intermedias, en una interesante y desfiante convivencia social.

Ejemplos de esta realidad sociocultural son las colonias que se extienden sobre barrancas y colinas, los llamados pueblos mágicos que poseen una rica historia, las zonas de fábricas, bodegas y grandes mercados, las colonias donde abundan los multifamiliares y edificios, las áreas cercanas a prestigiadas Universidades, las viviendas y colonias marginadas, y otras zonas residenciales de medio y alto nivel económico, tanto de connacionales como provenientes de otros países.

En todos estos casos hay elementos comunes y aspectos muy particulares como las islas culturales existentes de comunidades indígenas Mazahuas y Triquis que habitan en el mismo Centro Histórico de la Ciudad.

El constante crecimiento demográfico y la intensa movilidad humana al interno de la Ciudad, como hacia el interior del País, y hacia otros Países del Mundo le han dado a la Ciudad un ambiente polifacético y multicultural muy propio de las Grandes Metrópolis de nuestro tiempo. Este contexto presenta a la feligresía tradicional católica una gran desafío en su manera de realizar la misión y en su proceso evangelizador.

Mientras se ha vivido en un preponderante ambiente católico, ha sido suficiente que cada uno cumpliera su concreta labor con ardor, pasión y responsabilidad; y con ello se garantizara, en buena medida, la transmisión de la fe. Sin embargo, este nuevo contexto que va creciendo especialmente con fuerte influencia en la nuevas generaciones y en los círculos académicos, profesionales y culturales, plantea la necesidad de revisar nuestro actuar, nuestras estructuras y estrategias, y nuestra mentalidad, para buscar una capacidad real de propiciar se mantengan los valores del Reino de Dios en los nuevos contextos socio-culturales.

Especialmente neurálgico es lograr la comunión operativa que fortalezca nuestras distintas acciones mediante un Plan Diocesano de Pastoral y una coordinación de nivel diocesano, que articule los programas de las distintas Vicarías Episcopales, Instituciones educativas católicas, carismas y obras de la Instituciones de Vida Consagrada, y de los Movimientos Apostólicos.

Las Unidades Pastorales son una propuesta canónica eficaz para renovar la vida y la misión de las Parroquias Urbanas. Propician la ayuda recíproca entre los Presbíteros y con los agentes de Pastoral, ya que facilita el acompañamiento sacerdotal en los procesos pastorales, evitando la duplicidad de esfuerzos y aligerando las cargas de los sacerdotes, al compartir de manera parcial o total los recursos estructurales, humanos y económicos, al tiempo que se fomenta una experiencia de Iglesia de comunión, entre los fieles de las distintas parroquias.

Estoy convencido de las Palabras de San Juan Pablo II, que de manera profética afirmó en el No. 43 de la Carta Apostólica NOVO MILLENNIO INEUNTE: Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo.

Y más adelante advirtió: Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma al hombre y al cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades.

Estoy convencido, que si movidos por la espiritualidad de la comunión, ponemos en común las potencialidades y fortalezas que tiene la Arquidiócesis de México, podremos influir eficazmente en el ser de la sociedad, para que sean los valores del Evangelio su sustento y su experiencia de vida. Así nuestra Ciudad será el espacio fraterno y solidario que anhelamos.

Confío en la ayuda de nuestra Madre, María de Guadalupe, y con la generosa participación de los que formamos esta Iglesia Particular, lograremos hacer presente el Reino de Dios entre nosotros.

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México