Ante la Virgen de Guadalupe dirán "sí": conoce a los futuros diáconos Iñaki Aramburu y Héctor Martínez

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Ante la Virgen de Guadalupe dirán “sí”: conoce a los futuros diáconos Iñaki Aramburu y Héctor Martínez

El próximo 12 de junio, Iñaki Aramburu Barrios y Héctor Hugo Martínez Martínez, MSVD, recibirán la ordenación diaconal transitoria. Sus historias muestran cómo Dios llama en distintas etapas de la vida y cómo una respuesta generosa puede transformar el camino de una persona.

4 junio, 2026
Ante la Virgen de Guadalupe dirán “sí”: conoce a los futuros diáconos Iñaki Aramburu y Héctor Martínez
Con historias vocacionales distintas, Iñaki Aramburu y Héctor Hugo Martínez se preparan para recibir el diaconado transitorio y continuar su camino hacia el sacerdocio. Foto: Luis Aldana/DLF-APM
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En pocos días Iñaki Aramburu Barrios y Héctor Hugo Martínez Martínez, MSVD, se preparan para dar un paso decisivo en su camino vocacional. El próximo 12 de junio, a las 12:00 horas, serán ordenados diáconos transitorios frente a la Virgen de Guadalupe, en una celebración presidida por el cardenal Carlos Aguiar Retes, acercándose así a la meta que un día comenzó con una sencilla llamada de Dios.

Detrás de esta próxima ordenación hay dos trayectorias distintas que confluyen en una misma vocación. Mientras Iñaki dejó sus estudios universitarios para seguir el llamado al seminario, Héctor Hugo encontró en su experiencia artística y religiosa el camino que hoy lo conduce a consagrar su vida al servicio de la Iglesia.

A pocos días de recibir el diaconado, Iñaki Aramburu agradece el camino vocacional que comenzó entre misiones, retiros juveniles y una pregunta que cambió su vida. Foto: Luis Aldana/DLF-APM

De la Ingeniería química al seminario: la historia de Iñaki Aramburu

A sus 30 años, Iñaki Aramburu Barrios está a punto recibir la ordenación diaconal transitoria, una etapa previa al sacerdocio y uno de los momentos más importantes de su vida. Sin embargo, su historia vocacional no comenzó en el seminario, sino entre retiros juveniles, misiones y una pregunta que cambiaría para siempre el rumbo de su vida.

Originario de la Ciudad de México, Iñaki ingresó al Seminario Conciliar de México en 2018, cuando tenía 22 años. Antes de responder al llamado de Dios estudiaba Ingeniería Química y cursaba el quinto semestre de la carrera. Aunque participaba activamente en actividades pastorales, durante mucho tiempo no identificó que la inquietud que crecía en su corazón tenía un nombre: vocación sacerdotal.

La claridad llegó de manera inesperada. Durante una conversación con una amiga, ella le preguntó: ¿Qué te gustaría hacer si no existiera el dinero? La respuesta de Iñaki surgió de inmediato “estar de misiones todo el tiempo”. Entonces su amiga le respondió “¡Ah!, como un sacerdote”.

“Aquellas palabras me hicieron detenerme y por primera vez comprendí que la inquietud que había crecido silenciosamente podía ser una vocación sacerdotal”, recordó Iñaki, quien a partir de ese momento comenzó un discernimiento más profundo.

Dejar todo por Él

La decisión no estuvo exenta de incertidumbre, de hecho reconoce que al inicio pensó que quizá aquella inquietud desaparecería con el tiempo. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. “Acabando el primer año me enamoré enteramente del seminario”, afirma.

En ese proceso, su familia desempeñó un papel decisivo, pues sus padres, quienes siempre fueron muy comprometidos con la fe y el servicio, se convirtieron en un apoyo constante durante el discernimiento.

“Cuando les comuniqué que quería entrar al seminario, la respuesta de su padre lo sorprendió, porque me dijo ‘yo ya sabía’, me sorprendió lo mucho que me conocía mi padre”.

Aunque no ninguno de los dos conocía los detalles de la decisión, intuía que su hijo estaba atravesando un momento importante. Más aún, tanto él como su esposa le dieron la libertad de seguir buscando la voluntad de Dios sin sentirse obligado a permanecer en el seminario si descubría que ese no era su camino.

“De los momentos más difíciles de mi camino vocacional fue la pandemia, en parte por el aislamiento y por otro la imposibilidad de convivir con las comunidades parroquiales porque apenas comenzaba a descubrir la dimensión pastoral de mi vocación”.

También experimentó el dolor de ver partir a compañeros que, después de un tiempo de discernimiento, decidieron seguir otros caminos. Sin embargo, cada prueba fortaleció la certeza que hoy lleva en el corazón.

“Ahí es donde me doy cuenta de que esto es lo mío. El corazón se ensancha nada más de pensarlo”, comparte. Ahora, mientras se prepara para recibir la ordenación diaconal transitoria, vive con especial emoción el portar el alzacuello clerical, pues no se trata únicamente de una vestimenta, para él representa un signo visible de una entrega que ha madurado con el tiempo y que lo impulsa a convertirse en padre espiritual de muchas personas.

Con la ordenación cada vez más cerca, Iñaki mira hacia atrás y reconoce que el camino ha estado marcado por desafíos, pero también por una profunda alegría. Por eso, cuando piensa en los jóvenes que sienten una inquietud vocacional y tienen miedo de responder, no duda en decir “desde que le dije sí al Señor, no me arrepiento ni un segundo de esa decisión”.

A sus 41 años, Héctor Hugo Martínez está convencido de que nunca es tarde para responder al llamado de Dios. Foto: Luis Aldana/DLF-APM

“Nunca es tarde para responder al Señor”: Héctor Hugo Martínez

Cuando Héctor Hugo Martínez Martínez reciba la ordenación diaconal transitoria, llevará consigo una historia distinta a la de muchos de sus compañeros. Originario de Irapuato, Guanajuato, y con 41 años de edad, está convencido de que Dios llama a cada persona en el momento oportuno.

“Jesús pasa por la mañana, a mediodía y en la tarde”, suele decir, y aunque bromea con que en su caso el llamado llegó “un poquito después de la tarde”, asegura que la recompensa es responder con generosidad al amor de Dios.

Su vocación comenzó a gestarse desde la infancia, pues creció en un ambiente de fe marcado por la devoción mariana, el rezo del Rosario y las expresiones de religiosidad popular que sus padres le transmitieron. Más adelante, como monaguillo, descubrió una cercanía especial con la celebración de la Eucaristía y nació en él el deseo de colaborar más activamente en la vida de la Iglesia.

Antes de ingresar al Seminario Conciliar de México en 2018, Hugo formó parte de los Misioneros de la Santísima Virgen de los Dolores, comunidad a la que se incorporó en 2016. Aquella experiencia fortaleció su vida espiritual y le permitió profundizar en el discernimiento de la vocación que había percibido desde años atrás.

Sin embargo, el camino hacia el sacerdocio no fue inmediato, porque durante varios años desarrolló el arte, otra de sus grandes pasiones. Estudió teatro y danza, disciplinas que marcaron profundamente su manera de comprender la vida y expresar lo que llevaba en el corazón.

“Siempre he dicho que el teatro es un encuentro con uno mismo, pues el arte es un espacio de búsqueda personal y también espiritual, una forma de acercarse a Dios a través de los talentos recibidos”, explica.

Antes de entrar al seminario ingresó a la comunidad religiosa de los Misioneros de la Santísima Virgen de los Dolores, una experiencia que reavivó con fuerza la inquietud vocacional, fue entonces cuando comenzó a discernir seriamente la posibilidad de consagrar su vida al Señor y en ese proceso encontró el acompañamiento de personas que resultaron fundamentales para su camino.

De manera especial recuerda a una amiga a quien considera una hermana, así como a varios sacerdotes que fortalecieron su discernimiento y lo ayudaron a reconocer la voz de Dios. Aunque reconoce que las dudas y las crisis pueden aparecer en cualquier vocación, asegura que siempre tuvo una convicción profunda de entrega.

“Siempre he estado seguro de querer abrazar en mi corazón la vida consagrada y ahora el ministerio sacerdotal”, afirma. Entre las figuras que más han inspirado su camino destaca san Juan Pablo II. La vida del pontífice polaco, también vinculada al mundo del teatro antes de ingresar al seminario, le mostró que el arte y la fe pueden encontrarse y enriquecerse mutuamente.

A pocos días de recibir el diaconado, y ser el primer diácono transitorio y próximamente el primer sacerdote de la comunidad de los Misioneros de la Santísima Virgen de los Dolores, Hugo contempla con gratitud todo lo vivido durante los años de formación. Reconoce que el tiempo pasó mucho más rápido de lo que imaginaba y que hoy puede ver cómo las promesas de Dios se han ido cumpliendo paso a paso.

Para él, la ordenación representa una gracia inmensa, pero también una responsabilidad profunda de acompañar a las personas con humildad y poner su vida al servicio de la Iglesia.

“El usar por primera vez el alzacuello representa manifestar desde mi corazón y mi vida la entrega total a Cristo”, señala.

Por otro lado, su espiritualidad está profundamente marcada por la Virgen María, pues tras la muerte de sus padres encontró en ella consuelo, fortaleza y compañía en medio del dolor. Esa experiencia también despertó en él una sensibilidad especial hacia quienes sufren, viven un duelo o atraviesan momentos difíciles.

Por ello, espera que su futuro ministerio esté caracterizado por la cercanía, la sencillez y la capacidad de acompañar a quienes más necesitan experimentar la misericordia de Dios. Cuando piensa en quienes sienten una inquietud vocacional, pero creen que ya es demasiado tarde para responder, su mensaje él asegura que “nunca es tarde para responder al Señor”.

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Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.