Solo para católicos exigentes
conocer a Dios en serio nos hará dóciles a su acción salvadora, recibir su Espíritu nos renovará desde lo profundo del corazón
HOY ME PONDRÉ MUY EXIGENTE contigo –amable lector- y si no estás dispuesto, ya puedes ocuparte de otra cosa de mayor peso, de mejor valía, de neto provecho, de alta complacencia, de refinado gusto, de ventaja óptima, de entera galanura y hasta de oferta ficticia (¡ups, tan bien que íbamos!)…
QUE NO TE ESPANTE –dicho sea de paso- ninguna exigencia, que si se establecen en orden, siempre serán para beneficio: la dieta que te recetó el médico, el pago puntual de tus deudas, tus horas debidas de sueño, tu lugar de trabajo ordenado y limpio, tu atención y cuidado al conducir bici, moto, auto o avión; ¡vivan las exigencias que nos llevan al orden y la paz!…
A LO QUE HAY QUE TEMER y acaso darle la vuelta, es a las intransigencias: casi siempre son irracionales, meros berrinches superlativos, caprichos nacidos de un poder obtuso, cegueras de la inteligencia y durezas del corazón: ¡mueran las intransigencias y con ellas sepulten a los intransigentes! (viéndolo bien, ¡varias veces me han perdonado la vida!)…
ME PONDRÉ EXIGENTE pidiéndote que leas, estudies, ores, reflexiones y conozcas mejor al Espíritu Santo, sus dones y gracias, su lugar y misión en el misterio trinitario, su obra en la creación, la redención y la santificación del hombre: ¡qué poco conocemos y agradecemos a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad!…
50 DÍAS DESPUÉS de resucitar de entre los muertos, Jesús envió sobre los Apóstoles en torno a María al Espíritu Santo; las formas y los modos –hay que decirlo- se quedan cortos y no acaban de mostrar toda la riqueza y belleza de aquel acontecimiento: que si un fuerte viento, que si lenguas de fuego, que si empezaron a hablar en lenguas: todo nos debe llevar a constatar lo único y especial de aquel momento, que se sigue viviendo a lo largo de los siglos…
EL PAPA Y LOS OBISPOS, lo mismo que catequistas o laicos, o tu tía, mi vecino, nuestros parientes y hasta los que dicen que no creen en Dios, reciben en su forma y modo el fuerte viento que impulsa ante las adversidades, la lengua de fuego que ilumina la inteligencia, el don para hablar un lenguaje de encuentro y paz, de crecimiento y fraternidad que tanta falta nos sigue y seguirá haciendo…
NO DIGO MÁS, que lo ya dicho es suficiente: conocer a Dios en serio nos hará dóciles a su acción salvadora, recibir su Espíritu nos renovará desde lo profundo del corazón; aquel acontecimiento se ha de repetir cuando seamos dóciles a su Amor…
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


