El reto de ser madre en el México actual
Según el INEGI, 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años en México son madres, pero las condiciones en que ejercen esa maternidad son profundamente desiguales.
“Mujer, ahí está tu hijo” (Jn 19, 26). Con estas palabras, Jesús le confió a su Madre la humanidad entera. En ese gesto último elevó la maternidad a su más alta dignidad: la de custodiar la vida y la esperanza. Cada 10 de mayo México celebra a sus madres con flores y mariachis, y con razón. Sin embargo, detrás de esa fiesta existe una realidad que pocas veces miramos de frente: ser madre en el México de hoy es, con frecuencia, uno de los retos más exigentes que una mujer puede enfrentar.
Los datos hablan solos. Según el INEGI, 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años en México son madres, pero las condiciones en que ejercen esa maternidad son profundamente desiguales. México tiene la tasa de embarazo adolescente más alta de la OCDE: en 2023, más de 101,000 niñas y adolescentes de entre 10 y 17 años registraron un nacimiento. Detrás de cada uno de esos números hay una historia de vulnerabilidad, frecuentemente de violencia, que trunca el futuro de nuestras jóvenes.Al mismo tiempo, uno de cada tres hogares mexicanos está encabezado por una mujer —más de 11.5 millones de madres jefas de familia—, cifra que ha crecido un 67% en trece años. Millones de ellas cargan solas con la crianza y el sostenimiento económico del hogar, sin red de apoyo, con salarios menores que los hombres y sin guarderías accesibles.
Puedes leer: Arzobispo Aguiar: Las madres, las primeras evangelizadoras de la niñez
Nuestra sociedad le exige a la madre que sea perfecta: que trabaje y que esté siempre en casa; que sea fuerte pero que exprese ternura; que lo dé todo sin tener necesidades propias. Esta imagen de la madre abnegada e infalible muchas veces es parte de la carga inconsciente que llevan las madres. No podemos celebrar a las madres y mirar para otro lado ante estos retos que viven diariamente.
Frente a todo esto, la fe también tiene una palabra: María, nuestra Madre, fue en muchos sentidos una madre en condiciones vulnerables: embarazada en circunstancias que podían marginarla, dando a Luz lejos de casa, huyendo como refugiada, quedando viuda y finalmente sufriendo al pie de la cruz de su Hijo. Si alguien conoce el peso de una maternidad difícil, es la Madre de Dios.
Sin embargo, de sus labios brotó el “hágase en mí según tu Palabra” que cambió la historia. No se trata de minusvalorar el sufrimiento y los retos que vivió, más bien es ella nos enseña que la maternidad, vivida desde la fe, lleva inscrita en sí misma la lógica de la cruz y de la resurrección. Las madres que dan la vida, que luchan contra la injusticia para que sus hijos vivan mejor, están haciendo algo profundamente evangélico.
Lee: ¿Por qué Dios escucha la oración de una madre?
El Papa Francisco lo dice con claridad en Amoris Laetitia: “la madre que ampara al niño con su ternura le ayuda a despertar la confianza, para experimentar que el mundo es un lugar bueno”. Cuando las condiciones sociales impiden a una madre amar con tranquilidad: porque tiene miedo, porque trabaja en exceso, porque está sola; no solo se daña a una familia: se daña la transmisión de la fe, de la pertenencia, de la esperanza y la caridad.
¿Qué debemos hacer? Al Estado le corresponde políticas públicas justas: leyes que asuman la perspectiva de la maternidad, guarderías accesibles, prevención real del embarazo adolescente y una respuesta expedita a la violencia contra las mujeres.
A todas las madres les recordamos que el amor que le dan a sus hijos, aún en condiciones difíciles, aún cuando están cansadas y sin que nadie las vea, está construyendo algo que ningún indicador puede medir: personas de fe y esperanza, ciudadanos de bien.
Te puede interesar: El gran valor de las mamás en la sociedad
Por eso, para un verdadero homenaje a las madres no bastan las flores o la música: hace falta la justicia, la cercanía permanente, la solidaridad y una cultura que redescubra la maternidad como lo que es: una de las formas más altas de participar en la obra creadora de Dios.
“Una sociedad sin madres sería una sociedad deshumana, porque las madres siempre saben testimoniar, incluso en los peores momentos, la ternura, la dedicación, la fortaleza moral.” Papa Francisco
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

