27 de enero: la Iglesia celebra a santa Angela de Merici
Santa Angela de Merici fue una santa italiana del siglo XV, fundadora de las Hermanas Ursulinas y pionera en la educación cristiana de las niñas. Su vida estuvo marcada por la fe, la confianza en la Providencia y el servicio a los más vulnerables.
En un tiempo marcado por profundas desigualdades sociales y escasas oportunidades para las mujeres, Santa Ángela de Merici supo escuchar la voz de Dios y responder con valentía, inteligencia y ternura. Su vida es testimonio de una confianza radical en la Providencia, de un amor concreto por la educación y de una entrega especial a las niñas más vulnerables. Su legado sigue iluminando a la Iglesia y recuerda que la santidad también se construye en lo cotidiano, allí donde el amor se vuelve servicio.
Te recomendamos: 21 de enero: la Iglesia católica celebra a Santa Inés, que inspiró “la bendición de los corderos”
¿Quién fue Santa Ángela de Merici?
Santa Ángela de Merici nació en Italia en 1474, en el seno de una familia campesina profundamente creyente. Desde su infancia creció en un ambiente de fe viva: cada noche, su familia se reunía para leer la vida de algún santo, una práctica que despertó en Ángela el deseo de seguir a Dios con todo el corazón.
A temprana edad quedó huérfana de padre y madre, una experiencia que marcó profundamente su vida. No solo enfrentó el dolor de la pérdida, sino que tuvo que trabajar desde muy joven para salir adelante. Con el paso de los años, ella misma reconocería que en su juventud le costó confiar plenamente en la Divina Providencia, esa presencia fiel que nunca abandona.
Lejos de endurecer su corazón, el sufrimiento la volvió más sensible al dolor ajeno. De ahí nació su especial compasión por las niñas que vivían en pobreza, abandono o sin acceso a una formación digna.
Una mujer de fe y sabiduría
En la adultez, Ángela ingresó a la Orden Terciaria Franciscana. Aunque contaba únicamente con estudios básicos, su profunda vida espiritual, su claridad interior y su capacidad de discernimiento la convirtieron en consejera de gobernadores, obispos, sacerdotes y doctores.
En ella se reconoce de manera especial el don del Consejo, otorgado por el Espíritu Santo, que le permitía orientar a otros con prudencia, verdad y sentido evangélico, siempre buscando el mayor bien.
Vocación por la educación de las niñas
Al constatar que muchas niñas carecían de educación y vivían en condiciones de extrema vulnerabilidad, Santa Ángela de Merici comprendió con claridad su misión: formarlas integralmente, en la fe y en el conocimiento.
Así fundó la Comunidad de Hermanas Ursulinas, en honor a Santa Úrsula, mártir del siglo IV y símbolo de valentía, fe y virtud. Para llevar adelante esta obra, organizó a un grupo de mujeres laicas dedicadas a enseñar catecismo y valores cristianos en los barrios cercanos.
Gracias a su liderazgo y visión profética, la obra de las Ursulinas se extendió rápidamente por diversas regiones de Italia, convirtiéndose en una de las primeras iniciativas formales de educación cristiana para niñas dentro de la Iglesia.
TE RECOMENDAMOS:
16 de enero: la Iglesia celebra a San Marcelo, Papa y mártir
Una visión que confirmó su misión
En una ocasión, Santa Ángela tuvo una visión en la que contempló a un grupo de jóvenes vestidas de blanco que ascendían al cielo. Entonces escuchó una voz que le dijo: “Estas son tus religiosas educadoras”.
Esta experiencia fortaleció su certeza de que la obra que había iniciado no era solo un proyecto humano, sino una misión nacida del corazón de Dios.
Muerte y legado espiritual
Después de años de servicio, educación y testimonio de fe, Santa Ángela de Merici murió el 27 de enero de 1535. Su legado permanece vivo en la espiritualidad ursulina y en la misión educativa de la Iglesia en todo el mundo.
De ella se conserva una enseñanza que resume su sabiduría evangélica. Cuando un hombre le preguntó qué consejo le daría para comportarse correctamente, respondió: “Compórtese cada día como desearía haberse comportado cuando le llegue la hora de morir y de dar cuentas a Dios.”
Santa Ángela de Merici nos recuerda que una fe vivida con coherencia puede transformar realidades, sanar heridas y abrir caminos de esperanza. Su vida sigue invitándonos a confiar en Dios, educar con amor y servir con humildad, especialmente a quienes más lo necesitan.



