23 de enero: la Iglesia recuerda a san Ildefonso, doctor e impulsor del dogma mariano
San Ildefonso no dudó en dedicar su inteligencia, oración y vida entera a defender la dignidad de la Madre de Dios, y ella lo premió imponiéndole la casulla que hasta el día de hoy usan los sacerdotes.
Hablar de san Ildefonso es hablar de un amor profundo y valiente por la Virgen María. En tiempos de confusión doctrinal y debates intensos sobre la fe, este santo obispo de Toledo no dudó en dedicar su inteligencia, su oración y su vida entera a defender la dignidad de la Madre de Dios. Su historia nos recuerda que la verdadera devoción mariana no nace del sentimentalismo, sino de la fidelidad, el estudio y la entrega confiada a Cristo a través de María.
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¿Quién fue san Ildefonso?
San Ildefonso nació en Toledo en el año 607. En el año 630 fue ordenado diácono y, siendo aún monje, fundó un convento de religiosas en los alrededores de la ciudad.
Como abad, participó en el VII y VIII Concilios de Toledo, celebrados en los años 653 y 655, respectivamente. Más tarde fue nombrado obispo de Toledo, ciudad que en ese tiempo era la capital del reino visigodo.
Uno de los rasgos más importantes de su legado fue el fervor con el que defendió y promovió la devoción a la Virgen María. En su época, la doctrina mariana no estaba definida como la conocemos hoy; existían diversas corrientes cristianas que discutían el nacimiento de Cristo y la relación entre su naturaleza divina y humana.
San Ildefonso, profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, se dedicó a estudiar y reflexionar sobre estos textos con el fin de esclarecer dichas controversias. Fruto de este trabajo fue una sólida Summa Teológica en la que defendió que la concepción de Jesucristo se había realizado en santidad y pureza en el seno de la Virgen María.
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El milagro de la casulla
Gracias a su incansable labor teológica y pastoral, san Ildefonso contribuyó decisivamente al fortalecimiento del culto a la Virgen María. La tradición relata que, como recompensa a su fidelidad, la Virgen se le apareció en la Catedral de Toledo el 18 de diciembre del año 665 para agradecerle su defensa. No es casualidad que el nombre Ildefonso signifique “el que defiende”.
Según los testimonios, la capilla se llenó de una luz deslumbrante que atemorizó a quienes la presenciaron, salvo al santo y a dos de sus diáconos. Al acercarse al altar, vieron a la Virgen María sentada en la cátedra episcopal, rodeada de ángeles y vírgenes que entonaban cantos celestiales.
La Reina del Cielo lo llamó y le dijo:
“Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla que mi Hijo te envía de su tesorería.”
Dicho esto, la Virgen misma lo revistió y le indicó que debía usarla en las fiestas dedicadas en su honor.
La casulla, vestidura litúrgica que hasta hoy forma parte del ajuar del clero secular, quedó desde entonces asociada a san Ildefonso y es un elemento distintivo con el que suele representársele en el arte cristiano.
¿Dónde se encuentra san Ildefonso?
San Ildefonso murió en el año 667. Fue sepultado inicialmente en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo y, posteriormente, sus restos fueron trasladados a Zamora. Su fiesta se celebra el 23 de enero. Es patrono de la ciudad de Zamora, donde reposan sus restos en la iglesia arciprestal de San Pedro y San Ildefonso.
La vida de san Ildefonso nos enseña que amar a la Virgen María es defender la verdad del Evangelio con humildad y valentía. Su relación con la Madre de Dios no fue solo intelectual, sino profundamente filial: María confió en él porque él confió plenamente en ella. Hoy, su testimonio nos invita a volver la mirada a la Virgen, a dejarnos cubrir por su protección y a recordar que quien defiende a María, nunca camina solo.




