San Antonio María Claret fue un hombre incansable en su amor por Dios y su deseo de evangelizar. Su vida estuvo marcada por la predicación, la imprenta y las misiones populares, que lo llevaron a recorrer pueblos, imprimir folletos y encender la fe de miles. Su ejemplo sigue inspirando a quienes buscan servir con humildad, trabajo y profunda confianza en la Virgen María.
¿Quién es San Antonio María Claret?
Este santo nació en Barcelona, España el 23 de diciembre de 1807; llegó a ser confesor y consejero de la reina Isabel II de España (1830-1904); no obstante, fue hijo de un sencillo hilandero, por lo que desde tierna edad aprendió este oficio al que le siguió su interés por la tipografía para imprimir buenos libros y folletos, lo que le sería muy útil años después.
Después de estudiar latinidad con vistas a ingresar al seminario de Vich, decidió ser sacerdote.
Fue consagrado el 13 de junio de 1835 en Solsona por el obispo Juan José de Tejeda y Sáenz, y lo destinaron a su parroquia natal donde permaneció durante dos años.
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Durante este tiempo descubrió que su verdadera vocación eran las misiones.
Con ese anhelo viajó a Roma, adonde llegó el 6 de octubre de 1839; sin embargo, no logró ser aceptado como misionero.
De regreso en Barcelona, en 1840, lo destinaron a una pequeña parroquia rural, donde continuó su labor pastoral con humildad y entrega.
A partir de 1844 comenzó a misionar y participó en más de 80 misiones populares, predicando en las plazas y calles, pero recibió ataques constantes de los liberales y anticlericales.
Con sus conocimientos de imprenta, comenzó a imprimir volantes, folletos y libros, y en los pueblos a donde llegaba, organizaba ejercicios espirituales y creaba agrupaciones apostólicas.
En la segunda guerra Carlista se consideró a Claret como un peligro por lo que le prohibieron que predicara. Regresó a Cataluña el 16 de julio de 1849, y al lado de cinco sacerdotes, fundó los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, a quienes también se les conoce como Padres Claretianos que tienen amplia presencia en el mundo.
Etapa como Arzobispo
El 6 de agosto de 1849 lo nombraron Arzobispo de Santiago de Cuba, y fue consagrado el 6 de octubre de 1850.
Llegó a su sede el 16 de febrero de 1851, y allí permaneció hasta marzo de 1857; luego fue a Madrid. En estos seis años que estuvo en Cuba recorrió tres veces su diócesis, donde confirmó a 300 mil personas, regularizó 30 mil matrimonios, pronunció 11 mil sermones y distribuyó un millón de folletos y 60 mil rosarios.
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Al llegar a España, el 26 de mayo de 1857, la Reina lo eligió como su confesor en sustitución del Arzobispo de Toledo, el Cardenal Bonel y Orbe quien había fallecido. Claret iba a palacio una vez por semana, y a partir de 1858 realizó viajes a distintas regiones de España acompañando a la Monarca, y estos viajes los aprovechaba para predicar a los pueblos por donde pasaban.
El 5 de agosto de 1859 lo nombraron presidente del Real Monasterio de El Escorial, donde logró darle un nuevo esplendor al monasterio.
Convocado para el Concilio Vaticano I, Claret llegó enfermo a Roma el 2 de abril de 1869, y poco después falleció el 24 de octubre de 1870.
Fue beatificado por el Papa Pío XI el 25 de octubre de 1870 y canonizado el 7 de mayo de 1950, por Pío XII.




