Sacó a su novio del infierno de la pornografía; hoy viven un amor puro

Todos le decían a Virginia que no se casara con él, pero la fuerza del amor y la misericordia de Dios lograron lo que parecía imposible.
El amor de Virginia y la misericordia de Dios lograron sacarlo del infierno de la pornografía
El amor de Virginia y la misericordia de Dios lograron sacarlo del infierno de la pornografía

La conversión de quien fuera su novio es un milagro, y todo lo que después vivieron Virginia y él fue un proceso de purificación que ella asumió con valor. El amor por quien hoy su esposo, la llevó a verlo con misericordia y ternura, más que con rechazo. Su premio es haber vencido el infierno de la pornografía y tener hoy una familia donde reina el amor puro, casto y divino.

Virginia Arana de Melgarejo tiene 37 años. Nació el 1 de enero de 1985 en Querétaro, México, y actualmente vive en su ciudad natal con su familia. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Familia con Maestría en Ciencias de la Familia y especialidad en Pareja.

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¿Qué sentiste al saber que tu novio tenía una adicción?

Antes de que fuera mi novio, lo sospechaba. Mi sentir desde entonces fue el mismo que cuando lo confirmé: un dolor punzante, profundo y agudo en mi corazón por las consecuencias que dicho comportamiento acarreaba en su vida, en su relación con Dios, en su relación con las mujeres, en su relación con la sexualidad.

Por supuesto, sentí miedo a lo que esas consecuencias acarrearían en mí y en nuestra relación (si la amistad trascendía a un noviazgo).

¿Qué hiciste?

Continuar con nuestra relación de amistad, mantener la relación a un nivel de amistad por algunos años, y luego, decirle “sí” a ser su novia.

¿Por qué? 

Porque, a pesar de que una de las razones de mi sospecha era que miraba a las mujeres de manera fragmentada, sucia, parcial e incompleta, su manera de observarme era diferente. Me veía completa, con una ternura, detenimiento y contemplación tal, que me colmaba de seguridad y confianza.

A través de sus ojos percibía atracción y miedo. Esa atracción, en palabras de él, era “un embelesamiento” que lo llenaba de confusión y le hacía sentir perturbado, porque en mi presencia experimentaba una batalla entre su anhelo y su herida. Su corazón me quería, pero sus vicios se resistían.

La razón más importante es que anhelaba tener un encuentro real con Jesucristo, y lo respetaba en la Sagrada Eucaristía. Se hincaba en Su Presencia cuando me acompañaba a la iglesia, y no se paraba a comulgar porque en su conciencia sabía que su manera de vida lo impedía.

Y tampoco se confesaba cuando no tenía un propósito de enmienda. Es decir, me dejaba claro que, aunque conmigo pudiera intentar justificar su forma de vida, delante de Jesús no la consideraba justa ni moralmente aceptable, y eso me inspiraba ternura y me llenaba de esperanza.

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El matrimonio hoy tiene dos hermosos hijos.

Rechazarlo por consumir pornografía o aceptarlo con virtudes, pecados y adicciones

¿Cuál fue tu primera impresión o reacción?

Él me pidió que fuera su novia y accedí, porque para entonces ya había comprendido que mi sospecha de su adicción a la pornografía y promiscuidad, y las emociones que suscitaban en mí, eran un regalo de Dios. Así que, aunque la envoltura del regalo me provocaba duda y resistencia, tomé el riesgo de desenvolverlo a través de la oración, y encontré varias respuestas en el amor.

Primera respuesta: mi dolor era una participación diminuta de lo que Dios sufría por ese comportamiento de su amadísimo hijo. Yo debía acoger ese dolor, devolverlo a Dios a través de una oración para que se convirtiera en una ofrenda con la cual pudiera consolarle y arrancar gracias para su hijo amado (mi amigo, luego novio).

Segunda respuesta: el dolor que el pecado provocaba en el Sagrado Corazón también lo provocaba yo con todas mis decisiones y comportamientos contrarios al amor. Por lo que, con la gracia de la humildad, debía reconocer mi fragilidad, ofrecerla a Dios y, luego, luchar con más fuerza para evitar pecar. Me invitaba a mirar la viga en mi ojo, para entonces poder sacar la paja del ojo de mi novio.

Tercera respuesta: la proporción de mi esfuerzo en mis luchas personales podía ofrecerlo para arrancar gracias en mi novio y fortalecerlo en sus batallas.

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Amar el pecador y no el pecado

¿Qué significó que tu novio no fuera casto y que hubiera tenido relaciones con otras mujeres?

Una posibilidad de constatar que alguien que ha decidido vivir la sexualidad de forma desordenada, cuando ordena su sexualidad al amor no vuelve atrás, lo agradece todos los días, es como aquel que encuentra el tesoro y va y vende lo que tiene para quedarse con ese tesoro, y además lo agradece y disfruta todos los días. De alguna forma ya me había acostumbrado a vivir con ese tesoro, así que su descubrimiento, su euforia, su alegría y gratitud también renovaron mi gratitud.

¿Tu profesión te ayudó para amar una estrategia?

Efectivamente, gracias a Dios, por mis estudios y profesión, contaba con algunas herramientas que me fueron de utilidad para armar estrategias.

¿Cómo armaste la estrategia?

Por lo que ya he mencionado antes, intuía que él sabía que la pornografía era perjudicial. Así que no quise hablarle directamente del tema o enfrentarlo, porque no quería despertar en él una sensación de vergüenza e inferioridad que lo pusieran en una actitud defensiva. Preferí valerme de los recursos que tenía: su enamoramiento, su habilidad para hablar en público y su pasión por servir y enseñar.

Y decidí invitarlo a un apostolado que consistía en dar talleres de castidad a un grupo de jóvenes. Y puesto que dar un taller implica familiarizarte con el tema, hacerlo tuyo y transmitirlo, tenía la certeza de que ésa era la oportunidad de la que Dios se valdría para contagiarlo y enamorarlo del porqué sí a “la castidad”, conocer la belleza, la verdad y la bondad que el eros persigue.

Otra estrategia, la más importante, consistió en fortalecernos espiritualmente a través de los Sacramentos y la oración (especialmente el Rosario, la Confesión y la Sagrada Eucaristía).  Estos compromisos de vida espiritual los íbamos incorporando en nuestra vida poco a poco, al ritmo de él, conforme su espíritu se iba robusteciendo, su corazón expandiendo, y él lo iba solicitando.

También establecimos acuerdos o medios humanos que nos permitieran cuidar la pureza en la relación (horarios de visita, manera de besarnos, cuidar las caricias, etc.)

Virginia le apostó al amor en contra de todo pronóstico.

Virginia le apostó al amor en contra de todo pronóstico.

El verdadero amor todo lo puede y todo lo vence

¿Influyó que estaba enamorado de ti?

Sí, creo que Dios se valió del enamoramiento para emprender la batalla con mucha pasión, fuerza y determinación.

¿Cómo es hacer un proyecto de vida con alguien con esta problemática?

Procurar la vida de gracia, vida de sacramentos, penitencias y ayunos en lo individual y como relación.
Cuidar lo que vemos, escuchamos, leemos, platicamos, etc. Cuidar los ambientes que frecuentamos.  Diálogo afectivo, íntimo, intentado escudriñar en el corazón del otro, intentando hacerlo sentir escuchado, importante, elegido, admirado. Preocuparnos y ocuparnos de que el otro no solamente se sepa amado, sino que lo perciba y lo sienta como lo necesita.

Siendo novios, encauzar el eros al conocimiento del otro, a la desnudez del corazón, que requiere de toda esa energía sexual para correr riesgos y vencer miedos.

Siendo esposos, preparar los encuentros íntimos, darles la sacralidad que merecen para poder vivirlos en totalidad y en fidelidad. Incluso seguirlos viviendo en castidad para que el deseo del uno por el otro se nutra, reavive nuestra pasión, la creatividad y la posibilidad de entrega. Desnudarnos por completo en alma y cuerpo para lograr saborear el cielo y permanecer enamorados hasta el siguiente encuentro.

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La vida sacramental para salvarlo de la pornografía

¿Te ayudó conocer sus debilidades? ¿Cómo influyó la vida espiritual?

Por supuesto que el proyecto de vida también dependerá de las debilidades o gatillos de los que se vale el enemigo para hacernos caer (las tentaciones, la concupiscencia, las heridas emocionales), así que hay que establecer los medios más humanos y concretos en la batalla contra la adicción.

¿Si tu novio estaba acostumbrado a otro tipo de noviazgo, cómo le hiciste para tener una nueva relación? ¿Cómo pudieron mantenerse castos?

Conociendo sobre castidad, para que no solamente nos mantuviéramos en abstinencia. Encauzar al amor nuestros besos y caricias. Evitábamos quedarnos a dormir juntos (incluso si salíamos de viaje pedíamos camas o cuarto separados). Evitar que las madrugadas nos encontraran solos. Cuidar nuestros ambientes y consumo de alcohol. Compromisos de vida espiritual (oración, rezo del Rosario, Confesión, Eucaristía).

El dolor de saber que su novio había cometido un aborto

¿Qué sentiste en tu corazón cuando supiste que tu novio había sido partícipe de un aborto?

Por su estilo de vida, intuía que podría haber participado en algunos abortos de forma inconsciente por medio de píldoras del día siguiente, anticonceptivos, etc. Pero, cuando me confesó que había participado de manera consciente y consentida en un aborto, me quedé perpleja porque teníamos un apostolado pro-vida, y compartíamos los mismos argumentos y claridad de conciencia respecto al tema.

Pero justo por esa razón también experimenté una profunda compasión por él, porque sentía una profunda decepción de sí mismo por no haber sido capaz de defender a su bebé. Sentí un poco de su dolor, su impotencia, su vergüenza.

Y también un poco del dolor de la mamá de su bebé, y, por supuesto, el de su bebé. Así que, como ya había sido perdonado por Dios a través de una Confesión, le sugerí que, para intentar reparar o enmendar el daño, bautizáramos (espiritualmente) juntos al bebé, y me continuara apoyando en mi apostolado pro-vida.

¿Crecía tu paciencia y amor hacia él? ¿Cómo lo afrontaste? ¿Lloraste? ¿Pensaste en no casarte con él?

Sí crecía mi amor y paciencia, y sobre todo crecía su amor hacia mí, porque Dios quiso valerse de mí para que él pudiera constatar su divina Misericordia. Me confesó de su aborto recién casados, pero incluso si me lo hubiera compartido previo a casarnos, no habría dudado de mi postura en casarme con él, porque mi decisión no dependía de sus éxitos, aciertos o errores del pasado, sino que estaba bien cimentada en los actos de amor que lo definían en el presente, y en la convicción y determinación con la que procuraba que esos actos se afianzaran a los planes de Dios.

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Una vida de amor y castidad contra el infierno de la pornografía

¿Cómo consideras que fue tu noviazgo, cómo lo resumirías, cómo esperabas pasar a tu vida matrimonial? ¿Cómo lo describirías?

Diría que nos ha llovido fuerte, pero las tormentas han sido a plena luz solar y en todo momento el arcoíris del amor ha salido a nuestro encuentro. El enamoramiento de ambos, sin duda alguna, fue el estímulo para emprender la desafiante disciplina del amor.

Una vez iniciado el proceso amoroso y viviéndolo conforme al plan divino, respetando las etapas del proceso, nos pudimos percatar de que toda esa energía sexual que pudo estar desviada era un regalo que, bien encauzado, nos conducía al conocimiento del otro, a prestar atención a la singularidad e individualidad de ese otro.

El conocimiento, como bien dicen, es poder. Y nos dio el poder del “querer”, querer elegirnos a diario, querer elegir el amor, aunque eso implique renunciar al orgullo, al egoísmo y la comodidad que nos restan libertad para amar más y mejor.

Así que el matrimonio con mi esposo ha significado el espacio en el que el Amor de Dios se manifiesta en la oportunidad de encontrarme en la mirada de mi esposo, y en que mi esposo se encuentre en la mía.  Y que en esas miradas encontremos a Dios mirándonos con una aprobación, una ternura, una exclusividad, una aceptación y un amor tan desconocido para nosotros. El espacio en donde se acuña y brota la Misericordia, en mí para él, en él para mí. Es la ocasión perfecta para que el Amor de Dios se manifieste.

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